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La deportación de más de 1,5 millones de afganos desde Irán y Pakistán desata una nueva crisis humanitaria

Teherán ha esgrimido motivos de seguridad nacional para acelerar las repatriaciones de migrantes sin papeles afganos, que están siendo detenidos y trasladados forzosamente hasta la frontera

Refugiados afganos, repatriados desde Irán, esperan en el paso fronterizo de Islam Qala, situado en la provincia afgana de Herat.

Refugiados afganos, repatriados desde Irán, esperan en el paso fronterizo de Islam Qala, situado en la provincia afgana de Herat. / Samiullah Popal / EFE

Ricardo Mir de Francia

Ricardo Mir de Francia

Barcelona

Durante las últimas cuatro décadas de conflictos perennes en Afganistán, sus grandes vecinos del oeste y del sur han servido a millones de afganos como refugio temporal o permanente contra la guerra, la pobreza o el autoritarismo de los sucesivos regímenes que han gobernado en Kabul. Mucho más que Europa o Estados Unidos, Irán y Pakistán han sido los principales santuarios para los refugiados y migrantes afganos. Pero sus vidas están siendo ahora desarraigadas a marchas forzadas. Cerca de 1,3 millones de afganos se han visto forzados a abandonar Irán desde principios de año, siguiendo la estela del otro millón que ha tenido que salir de Pakistán desde 2024. La mayoría se ha tenido que marchar con lo puesto. Las fronteras están saturadas y las organizaciones humanitarias no dan abasto. Regresan a un país devastado por la guerra y gobernado por el oscurantismo de los talibanes. El riesgo para muchos, empezando por las mujeres y las niñas, es enorme.

"A mucha gente la ponen en camiones o en autobuses, la dejan en la frontera y les piden que se vayan. Básicamente están siendo deportados", explica a este diario Babar Baloch, portavoz de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados refiriéndose a los afganos repatriados desde Irán. "Los números son enormes, en más de dos décadas de carrera no he visto nada de estas dimensiones. La gente llega exhausta a la frontera y sin nada. Tienen miedo y están hambrientos. Y muchos nacieron en Irán porque sus familias llevaban allí mucho tiempo".

Refugiados afganos, repatriados desde Irán, esperan en el paso fronterizo de Islam Qala, en la provincia afgana de Herat.

Refugiados afganos, repatriados desde Irán, esperan en el paso fronterizo de Islam Qala, en la provincia afgana de Herat. / Samiullah Popal / EFE

Los planes iraníes para repatriar a todos los afganos en situación irregular se anunciaron inicialmente el año pasado, pero todo se ha acelerado en los últimos meses, a medida que el conflicto con Israel se agudizaba. Teherán fijó el 6 de julio como fecha límite para abandonar el país. Desde principios de junio, 680.000 afganos han tenido que marcharse, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). "Hemos sido siempre buenos anfitriones, pero la seguridad nacional es una prioridad y los extranjeros ilegales deben retornar", repitió esta semana la portavoz del régimen iraní, Fatemeh Mohajerani.

A la delicada situación de la economía, ahogada por la inflación, el desempleo y las sanciones internacionales, se ha sumado últimamente la paranoia por el enfrentamiento con Israel, que culminó con la agresión militar israelí –secundada por EEUU-- del mes pasado, que dio pie a 12 días de guerra entre ambos países. Desde entonces, se suceden los arrestos de presuntos colaboracionistas con Israel. Entre los más de 700 que han sido detenidos, hay un puñado de afganos, de acuerdo con 'Iran International', un medio vinculado a la disidencia iraní y editado desde el exilio.

Redadas contra los afganos

Eso ha hecho que se dispare la retórica antiafgana entre algunos sectores del país y ha envalentonado a las autoridades. Organizaciones de derechos humanos denuncian que la policía ha lanzado redadas en centros de trabajo y de acogida. Ha confiscado teléfonos y está deteniendo a muchos en los puestos de control militar que ahora siembran el país. A veces, apenas se les da tiempo para empaquetar sus cosas, según varias fuentes. "Cualquier casa o propiedad que se alquile a los afganos será rescindida y la propiedad quedará cerrada y confiscada", advirtió hace unos días el jefe de la Guardia de Fronteras, Ahmad Ali Goudarzi.

"La mitad de los repatriados fueron forzados a abandonar el país, mientras el resto lo hizo de forma voluntaria, posiblemente debido al miedo a ser detenido o a la inseguridad derivada de las tensiones regionales, como la guerra entre Irán e Israel", asegura Avand Azeez Agha, portavoz de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). La situación en algunos pasos fronterizos es caótica. Solo el 4 de julio salieron de Irán 50.000 afganos. Y las organizaciones humanitarias, sofocadas por el desplome de las donaciones internacionales, están desbordadas. "Nuestra asistencia solo está llegando al 10% de quienes la necesitan, debido a graves carencias de financiación de la OIM y nuestros socios sobre el terreno", añade Agha.

Un país sin capacidad de absorción

También desde Pakistán continúan las repatriaciones de afganos. Unos 300.000 en lo que va de año, lo que está creando un desafío mayúsculo para Afganistán. Por el momento, los talibanes les han dado la bienvenida, según las fuentes consultadas, aunque también coinciden en que el país no está en condiciones de proveer los servicios básicos que necesitan para reintegrarse. "Para la mayoría de afganos, la deportación no es una vuelta a casa, sino a un contexto de crisis, a un país desolado por la guerra y la represión", ha dicho Esfandiar Aban, investigador del Center for Human Rights in Iran, con sede en Nueva York.

"Para las mujeres y niñas es todavía peor. Las están devolviendo al mismo régimen que las ha borrado de la vida pública", añade. Tras su regreso al poder, los talibanes han vuelto a imponer una suerte de apartheid de género. No solo han vetado la educación para las niñas mayores de 12 años. También prohíben a las mujeres aparecer en muchos espacios públicos, mostrar su rostro o ejercer diversas profesiones.  

Los expertos temen que este flujo masivo de afganos deportados contribuya a desestabilizar un poco más el país y reavivar la migración hacia Europa. "No hay duda de que esto tiene el potencial de acelerar la migración de los afganos hacia otros destinos, incluida Europa. Desarraigados de sus países de acogida y sin estabilidad en casa, ¿qué van a hacer si no?", se pregunta Baloch desde ACNUR.

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Vía: El Periódico