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El milagro de Míchel con 'Lemaradona'

Thomas Lemar fue determinante ante el Real Madrid con un golazo que significó el definitivo 1-1 en el Santiago Bernabéu. Otra muestra más de que la mejor versión del francés está más cerca que nunca

Real Madrid - Girona FC I El gol de Thomas Lemar / LaLiga

Àlex Calaff

Àlex Calaff

Han leído bien: 'Lemaradona'. Así bautizó el Girona a Thomas Lemar tras su golazo en el Santiago Bernabéu, que sirvió para sumar un punto de oro en LaLiga y para hundir un poco más al Real Madrid de Álvaro Arbeloa, que prácticamente ya ha dicho adiós a la competición doméstica tras la goleada del Barça ante el Espanyol (4-1) en el Camp Nou.

El francés firmó el 1-1 pocos minutos después del gol inicial de Federico Valverde, con una jugada individual para enmarcar. Un zurdazo desde la frontal del área que Andriy Lunin no pudo ni rozar, pese a que se lanzó con todo y que la parsimonia primero de Brahim Díaz y después de Eduardo Camavinga lo permitieron. Curioso, especialmente por parte del francés, que le dejara tanto tiempo a su compatriota para pensar en esa zona.

Tres goles y dos asistencias

Sea como fuere, Lemar ya suma tres goles y dos asistencias en una temporada en la que pocos esperaban algo de él. Seguramente, los primeros en estar sorprendidos deben ser los atléticos. Porque, más allá de las cifras, Míchel Sánchez ha resucitado su fútbol, y eso es un favorazo para los colchoneros.

Camavinga no tapó a Lemar, que empató el partido para el Girona

Camavinga no tapó a Lemar, que empató el partido para el Girona / EFE

A día de hoy, con 30 años, Lemar vuelve a disfrutar del fútbol de verdad y, por su sonrisa, parece que ya ni se acuerda de las lesiones. A este nivel, no es solo uno de los hombres con más clase del Girona; también lo sería en el Metropolitano, por lo que habrá que ver qué pasa con él el próximo curso.

La confianza por las nubes

De momento, las siglas 'TL11' enamoran a Montilivi, y a Míchel, amante reconocido de los futbolistas con talento puro. Lemar lo tiene. Y ahora, se lo cree de verdad. Lo demuestra con sus conducciones, con intención real de hacer daño al rival; con sus pases, verticales y que buscan progresar; con su uno contra uno, de nuevo eléctrico y atrevido; y con su golpeo, como el que significió el empate del Girona en Madrid.

A Lemar ya no le quema el balón, no le pesan las piernas ni los problemas físicos le frenan. El campeón del mundo en 2018 vuelve a brillar en los escenarios exigentes. Y, para los que pensaban que su partidazo contra el Barça fue casualidad, corroboró su estado de forma en el Santiago Bernabéu. Una bendición, la de recuperar su mejor versión, que sería difícil de explicar sin la mano de Míchel.

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