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Míchel y el Girona, un dolor de cabeza para los 'grandes'

El conjunto gironí ya no sorprende por ganar a los grandes, sino que empieza a normalizar el hecho de competir contra ellos de igual a igual

Míchel, en titulares: "El Madrid es capaz de remontar al Bayern"

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Marc Gázquez

Marc Gázquez

El empate en el Santiago Bernabéu dejó una sensación muy agradable en el entorno del Girona. La imagen es la de un equipo que ya no se conforma con competir sino que se ha acostumbrado a hacerlo de tú a tú en los escenarios más exigentes de LaLiga. El empate a uno ante el Real Madrid no solo suma un punto de enorme valor clasificatorio sino que refuerza una dinámica que se ha consolidado especialmente en esta segunda vuelta. La de un Girona capaz de mirar a los grandes sin complejos y salir vivo e incluso reforzado de los duelos.

En el Bernabéu, el conjunto de Míchel volvió a exhibir personalidad. El Real Madrid llevó la iniciativa durante largos tramos del encuentro y consiguió adelantarse en el marcador, pero el Girona no se desordenó ni perdió el plan de partido. Con paciencia, orden y convicción, fue encontrando sus momentos hasta lograr el empate mediante Lemar, un gol que volvió a poner de manifiesto su capacidad para resistir la presión de los grandes escenarios y competir hasta el final sin renunciar a su identidad.

Ese punto en Madrid no es un episodio aislado, sino la continuidad de una segunda vuelta en la que el Girona está firmando actuaciones de mucho peso ante los equipos llamados a dominar el campeonato. Ha sido capaz de imponerse al Villarreal en un partido de máxima exigencia, de superar al FC Barcelona en una de las victorias más sonadas de la temporada y de mantener un nivel competitivo altísimo también en sus duelos ante el Real Madrid, tanto en el Bernabéu como también en el encuentro disputado en Montilivi.

Más allá de los resultados concretos, lo que llama la atención es la regularidad con la que el Girona ha elevado su nivel en este tipo de partidos. Ya no se trata de golpes puntuales o de noches inspiradas, sino de una tendencia sostenida. El equipo de Míchel compite mejor, entiende mejor los contextos de partido y se muestra mucho más maduro cuando el rival exige precisión, resistencia y personalidad.

Camavinga no tapó a Lemar, que empató el partido para el Girona

Camavinga no tapó a Lemar, que empató el partido para el Girona / EFE

El crecimiento es especialmente visible en la forma de afrontar los momentos difíciles. Donde antes podía aparecer el vértigo, ahora aparece la pausa. Donde antes había un equipo más dependiente del intercambio de golpes, hoy se aprecia un bloque más sólido, capaz de sufrir sin descomponerse y de esperar su oportunidad sin perder el orden.

Por eso, el empate del Bernabéu encaja perfectamente en la fotografía de esta segunda vuelta del Girona. Un equipo que ya no sorprende por ganar a los grandes, sino que empieza a normalizar el hecho de competir contra ellos de igual a igual. Y en una Liga donde los gigantes rara vez perdonan, ese paso adelante tiene un valor que va mucho más allá de un simple punto.

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