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El 'escarabajo' ecuatoriano

El ecuatoriano nació y creció en una aldea andina, a escasos kilómetros de Colombia

Carapaz admitió que todavía no se ve como para aspirar al Tour y confía en disputar La Vuelta a España

Carapaz sostiene el trofeo Senza Fine al ganador del Giro 2019
Carapaz sostiene el trofeo Senza Fine al ganador del Giro 2019 | EFE

A Movistar se le presenta un lío, y de los gordos. Bendito problema. Richard Carapaz (El Carmelo, 1993) ha derribado la puerta con contundencia y se postula como presente y futuro jefe de filas de la escuadra navarra. La primavera de este ‘escarabajo’ criado en la región interandina ecuatoriana de Carchi, a escasos kilómetros de la frontera con Colombia, está siendo para enmarcar.

Jonathan Moreno

En La Vuelta Asturias dinamitó la etapa reina camino de Cangas del Narcea de la mano de Mikel Landa, lo que le valió para llevarse la competición. Fue el banco de pruebas perfecto para el Giro. El zuiano y el ecuatoriano forjaron un entendimiento que no se vino abajo ni tan siquiera en la ascensión al Lago Serrù, esa exhibición que permitió al alavés reconciliarse consigo mismo. Landa sabía que Carapaz tenía mejores piernas. Lo había comprobado en el Principado. Y acabó sometiéndose a la ley no escrita del ciclismo donde el gregario puede convertirse en jefe, y viceversa. 

Nuevos retos 

La de Carapaz es la historia del deportista hecho a sí mismo. Esos relatos épicos que tanto nos gusta explicar a los periodistas cuando se alcanza el éxito. El ecuatoriano creció a 3.000 metros de altura, en el seno de una familia humilde, cuyo único sustento provenía de cuidar el ganado. Unos orígenes que ensalzan aún más la gesta conseguida el domingo pasado en el Arena de Verona.  

Apodado ‘La Locomotora’ por su facilidad para ganar carreras cuando todavía era un ‘guagua’ (niño) en su tierra, Carapaz creció deportivamente en Colombia hasta dar el salto al Viejo Continente de la mano del Lizarte. Por usar un término futbolístico, el filial del Movistar. Eusebio Unzue pronto le dio la alternativa y el ciclista no ha dejado de agradecer esa confianza depositada en sus piernas. Un trofeo ‘Senza Fine’ lucirá pronto en el pequeño museo que su padre y su hermana tienen en su honor en la aldea de Plata Alta. Ahora el ecuatoriano sueña con La Vuelta a España.

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