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Entrevista SPORT | Raúl Ruiz Ex jugador y periodista

"Michael Robinson tuvo más fe en mí que yo mismo"

El ex jugador de Logroñés, Melilla, Benidorm, Girona, Lugo y Numancia, ahora periodista de Movistar+, rescata sus memorias futbolísticas en 'Las temporadas de mi vida': un homenaje al fútbol modesto y de otra época

Raúl Ruiz, con su libro, 'Las temporadas de mi vida'

Raúl Ruiz, con su libro, 'Las temporadas de mi vida'

Javier Giraldo

Javier Giraldo

Mejor o peor, el fútbol de los años 80 y 90 era muy distinto al actual: para algunos, los seguidores del lema ‘odio eterno al fútbol moderno’, era sin duda un espectáculo más cercano, más local, más terrenal.

Con sus propios héroes, algunos anónimos, como el caso de Raúl Ruiz, el futbolista que pasó por casi todas las categorías del fútbol español y que se hizo popular cuando se enfrentó con el Numancia al Barça en la Copa del Rey: lo que empezó como un experimento, cuando se dedicó a grabar con una videocámara imágenes para Canal+, acabó convertido en su profesión diaria.

Cuando Michael Robinson vio que Raúl Ruiz tenía tanto desparpajo con la cámara como con el balón, no lo duró. “Tenemos que fichar a este tío para la tele”, dijo. Raúl Ruiz ha recopilado sus mejores anécdotas como futbolista en un libro, ‘Las temporadas de mi vida’ (Aguilar), que es un viaje al fútbol modesto de los ochenta y los noventa. Una delicia. Para más adelante quedará el libro sobre sus vivencias como periodista.

Y fue el propio Michael Robinson quien te animó en su momento a escribir un libro con tus recuerdos futbolísticos.

Michael siempre me decía, ‘¡escribe un libro!’ Yo le contaba anécdotas de cuando jugaba y él me decía, ‘esto no sabía ni que existía, ¿por qué no escribes un libro?’. Luego me llamaron de la editorial y pensé que sería para escribir sobre mi trabajo en la tele, no de mi etapa como futbolista. ‘Queremos que nos cuentes tu vida deportiva’, me dijeron. La idea es hablar sobre cómo ha cambiado el fútbol, sobre todo a base de historias y anécdotas, cosas que te hayan pasado, que hayas vivido, desde los cambios de cromos cuando era un crío al año que jugué en Primera, o cuando estuvimos sin cobrar y no podíamos ni pagar el alquiler.

Viviste situaciones surrealistas: en Palencia, los inspectores llegaron con maletines, dispuestos a embargar hasta los focos del estadio.

Muchas cosas que desde fuera, normalmente no se ven. Lo mejor del fútbol sin duda es ser futbolista, a pesar de todo. He vivido de todo en el periodismo, y he disfrutado, pero nada se compara a ser jugador de fútbol. Y quería transmitir eso, que si lees el libro, te diviertas como yo me divertí jugando al fútbol. 

Raúl Ruiz, durante la presentación de su libro en Madrid

Raúl Ruiz, durante la presentación de su libro en Madrid / -

Todo arranca en un barrio humilde de Logroño.

Pasábamos casi todo el día en la calle, con gente mayor que yo. Lo cuento en el libro: uno de nuestros profesores, en este caso de teatro, era Celso Bugallo. Le gustaba el fútbol, jugaba en el equipo del barrio y le dio por montar un grupo de teatro. Luego, años después, ya a una cierta edad, se hizo popular como actor. 

Sí, curiosa coincidencia.

 Creo que ahora vive en Pontevedra, no tiene ni televisión. La última vez que lo vi me lo crucé en un aeropuerto. 

¿Aprendiste mucho de él?

A veces hago la broma: desde entonces, soy un poco comediante. Me sirvió para sobrevivir en ese otro fútbol que no tiene nada que ver con el de elite. Yo no tenía ni representante. En aquella época no había medios ni seguimiento. Te veían cuatro, como mucho un resumen en ‘Estudio Estadio’. No había ni sueldo mínimo. En una de esas temporadas, un periódico hizo un reportaje con el jugador de Primera que más cobraba y el que menos; éramos Schuster y yo... imagínate.

También había que hacer la mili.

Te condicionaba la carrera. Eso sí, intentaban apañarte un poco las circunstancias. ¡A mí me tocó en Melilla! Y jugué en el Melilla, claro. Tengo buenos recuerdos, aunque mis superiores no siempre me daban permiso y a veces las pasaba putas. 

Hubo sitios mejores.

Benidorm, por ejemplo. Cobrábamos a fin de mes y el club se preocupaba por nuestras mujeres, hacían cenas para que ellas pudieran sentirse parte del grupo. Deportivamente también fue bien la cosa, con Quique Hernández como míster. Alguna vez me peleé con él, pero tengo muy buen recuerdo. 

En el fútbol modesto también las cosas han cambiado mucho. 

 Ahora hay un control económico, vigilancia, derecho a la huelga, etc. Yo era amateur compensado: no teníamos ni seguridad social, ni paro ni nada. El ambiente también: antes se justificaba más la violencia. Mi padre, de hecho nunca iba al fútbol porque decía que estaba lleno de energúmenos.

'Las temporadas de mi vida'

'Las temporadas de mi vida' / -

¿Qué entrenador te dejó mejor recuerdo?

Quique Hernández; Lotina, que ya era mi amigo antes de ser mi entrenador. Y tengo una espinita clavada con José Victor, en el Melilla. Tuve una pelotera con él: vio que se me habían subido los humos, me dejaba en el banquillo y un día me obligó a hacer carrera continua. Me cabreé tanto que no dejé de correr, ni siquiera cuando me lo pidió expresamente. Tuvo que bajar el presidente a pararme.

Y tu vida cambia en 1996. Gracias a una videocámara.

Yo jugaba en el Numancia que se enfrentó al Barça. Me dejaron una videocámara, hice lo que pude. Y a Robinson le gustó.

Ruiz, con Schuster

Ruiz, con Schuster / -

Y te fichó.

Me dijo ‘tú ya lo has hecho todo en el puto fútbol’. Yo me veía bien, físicamente estaba bien, con menos pulsaciones que Indurain. Pero Robinson era un tío convincente. También me dijo, ‘tú eres el mejor contador de historias de este país, lo que pasa es todavía no lo sabes’. Tenía más fe en mí que yo mismo.

Y pasas de jugador a periodista, directamente.

Sí, yo había hecho estudios de delineante, pero paso a ser periodista. Al principio tengo que confesar que al resto de redactores no les hizo mucha gracia. Hubo algún palo en las ruedas. Pero Robinson me dio libertad y me dijo ‘no te voy a marcar ninguna pauta’. Yo no sabía ni grabar: lo hacía a contraluz, todo oscuro… tampoco sabía montar videos. Por no saber, no sabía que como periodista podía alquilar un coche para viajar a los sitios. Parecía uno de ‘Callejeros viajeros’….

Pero conocías como nadie el fútbol modesto.

Mi primer trabajo como periodista fue explicar todas las triquiñuelas de un entrenador que había tenido en el Girona, Xavier Agustí, un tramposo entrañable. Tenía en la cabeza miles de trucos, de pequeñas irregularidades, para que su equipo ganase. Fue divertido. Metía la cámara en los vestuarios o microfonaba a los presidentes, recuerdo que lo hice con el del Benidorm en un partido de Copa que jugaron contra el Barça. ¡Núñez lo sabía y tenía una cara de póker que no te puedes ni imaginar!

El libro también es un homenaje a una figura que está siempre muy presente, pero de una manera muy sutil: tu mujer, Maite.

No sé qué hubiera sido de mí sin ella. Cuando me crecía, me ponía los pies en el suelo. Si era al revés, me animaba. Se recorrió media España conmigo, en unas condiciones no siempre fáciles. Es también un homenaje a esas mujeres de futbolistas muy modestos, que los acompañan en muchos casos renunciando a muchas cosas.