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Íñigo, un portero para todo: el futuro del Atlético está en buenas manos

El guardameta rojiblanco fue el gran héroe en Gran Canaria; sus padres desvelaron a SPORT cómo se forja, entre talento, pasión y humildad, un chico que siente los colores

Iñigo, guardameta colchonero, marcó un gol de campo a campo

Iñigo, guardameta colchonero, marcó un gol de campo a campo / LaLiga

Clàudia Espinosa

Clàudia Espinosa

Ser portero es un deporte de riesgo. Exige valentía, coraje, carácter... e Íñigo Asorey García (2013) demostró haber nacido para ello en un XXIX Torneo Internacional LaLiga FC Futures en el que dejó huella. Decisivo, ágil, con unos reflejos felinos y una personalidad que desborda la portería, el guardameta del Atlético de Madridfue una de las grandes historias del torneo. Dentro del campo, protagonista absoluto. Fuera, un chico con los pies en el suelo, una familia volcada y una pasión rojiblanca que se gestó desde la infancia.

En la antesala de la gran final del lunes que se llevó el Atleti con el solitario tanto de Jaime, SPORT habló largo y tendido con sus padres para conocerle un poco mejor. Sus orígenes, su llegada al Atlético, cómo se vive todo esto en casa y alguna que otra anécdota que ayudase a entender por qué Íñigo no pasó desapercibido en Gran Canaria.

"Era del fútbol"

Íñigo fichó por la cantera colchonera con solo seis años. Antes de eso no era de ningún equipo. “Íñigo era del fútbol”, recuerdan en casa. Pero bastó ponerse la camiseta rojiblanca para que se produjera una conexión especial, casi inmediata, con el escudo. Una relación que fue creciendo con el tiempo… y que acabó contagiando a toda la familia. “Nos hicimos del Atleti de inmediato”, confesaron entre risas.

Iñigo, héroe del Atleti bajo palos

Iñigo, héroe del Atleti bajo palos / LaLiga

En Gran Canaria, Íñigo demostró ser un portero ágil, seguro, con reflejos de felino y una planta impropia de su edad. Es puro nervio, intensidad constante, energía que no se apaga nunca. Vive cada acción como si fuera la última. Y el torneo le tenía reservado un lugar en la historia.

Decisivo... y pionero

En los cuartos de final ante la Juventus, Íñigo hizo algo nunca visto en el FC Futures: marcó un gol de campo a campo. El primer guardameta en lograrlo. Un tanto que desató la locura, dentro y fuera del campo. La celebración fue tan desbordada como espontánea. No era para menos.

Pasión atlética

Además, aquel gol tenía un simbolismo especial: era el primero de un chico que empezó siendo jugador, que incluso disputó un torneo actuando como futbolista y que todavía conserva, orgulloso, una foto posando con camiseta de jugador… porque en casa solo tenía de portero.

Si aquello fue histórico, lo de las semifinales rozó lo épico. Ante el Real Madrid, Íñigo volvió a erigirse en héroe parando dos de los tres penaltis de la tanda y clasificando al Atlético para la gran final.

En la grada, su padre sufrió como nunca. Vive los partidos con una pasión extrema, tanto que suele verlos apartado del resto de padres, incluso en un torneo donde se dejó ver una leyenda del fútbol como David Villa, presente en Gran Canaria siguiendo a su hijo Luca. La tanda fue un suplicio. “Lo paso fatal”, admitió. Y no es para menos.

Iturbe, su espejo

Íñigo tiene claro a quién mira. Su ídolo es Alejandro Iturbe, canterano rojiblanco ahora cedido en el Elche. Un detalle que habla por sí solo. Mira hacia casa. Mira al Atlético.

Alejandro Iturbe (portero): Atlético de Madrid (2003)

Alejandro Iturbe (portero): Atlético de Madrid (2003) / Instagram

En el entorno familiar, eso sí, todo se gestiona con calma. Cautela, tranquilidad y pies en el suelo. Partido a partido. “Nunca se sabe qué pasará dentro de unos años”, repiten como mantra. Su madre está especialmente involucrada en su educación. El fútbol no es excusa. De hecho, muchas veces aprovechan los trayectos en coche para repasar el temario o hacer los deberes.

Partido a partido

Además, la familia tiene una hija menor, la risueña Vega, que lucía una bonita camiseta con el escudo del Atlético en lentejuelas, y el equilibrio es fundamental. Hay que repartir tiempos, atenciones y emociones. Por eso todo se vive con normalidad, humildad y mucha organización. Sin presión añadida.

Íñigo fue el jugador más decisivo del torneo. El portero que marcó un gol imposible, paró penaltis decisivos, echó el cerrojo en la final y contagió energía a todo el equipo. Pero, sobre todo, es un niño que ama el fútbol, que se enamoró del Atleti desde pequeño y que, gracias a su familia, crece con la misma naturalidad con la que vuela de palo a palo.

Solo el tiempo dirá. De momento, Íñigo ya ha dejado huella. Y no cualquiera puede decir que lo hizo defendiendo una portería… y escribiendo su nombre en la historia de LaLiga FC Futures.