Historia SPORT
FÚTBOL
Huelgas de hambre, embargos y la mili: "Era otro fútbol"
Raúl Ruiz, exfutbolista del Logroñés, Melilla, Benidorm, Girona, Lugo, Numancia, y actualmente comentarista deportivo, relata en su libro 'Las temporadas de mi vida' cómo era el fútbol modesto durante su época y cómo ha evolucionado hasta la actualidad

Raúl Ruiz, exfutbolista y actual comentarista deportivo / RAÚL RUIZ BENITO
"Odio eterno al fútbol moderno", "el fútbol ya no es lo que era", son algunas de las afirmaciones que se pueden oír hoy en día en una tertulia entre amigos o en un estadio de fútbol. El deporte rey, como sucede en otros como el baloncesto o el tenis, se ha modernizado y han cambiado las reglas del juego. ¿Eso es una gran noticia? Raúl Ruiz, exfutbolista y comentarista deportivo, en su libro "Las temporadas de mi vida", narra a la perfección (y con sentido del humor) cómo era ese fútbol, sobre todo en categorías más modestas, sirviendo, de esta manera, como perfecta radiografía para poner en perspectiva cuánto ha evolucionado el fútbol. En una charla con SPORT, nos cuenta algunas anécdotas para entender la realidad que se vivía hace años.
“No te veía ni Perry Mason”
Lejos de la tecnología y la modernidad en la que vive el fútbol actual, ya sea en categorías inferiores o en clubes más importantes de España, los mercados de fichajes funcionaban de una manera muy distinta. Abrirse camino en el fútbol antes de la irrupción del vídeo y del scouting masivo era una lotería: “Era otro fútbol, en esos tiempos no te veía ni Perry Mason”. En esa época, cada jugador sabía que realizar un único buen partido podía cambiarle la carrera, ya que cada duelo era un examen imprescindible para darse a conocer. Los entrenadores solo descubrían a los futbolistas al enfrentarse a ellos, sin informes ni recomendaciones externas.
El exjugador relata que él mismo fichó por el Girona gracias a dos grandes actuaciones contra el propio conjunto catalán, cuando en ese momento militaba en el Benidorm: “Los dos partidos contra el Girona me salieron espectacular y marqué gol; eso al entrenador rival se le queda”, explica. También había poca evolución en las categorías inferiores de la selección: "En tiempos pasados era muy difícil que un chaval que no estaba en una cantera pudiese llegar a la sub-15, sub-16 o sub-18, porque los seleccionadores se centraban únicamente en las grandes escuelas como, La Masía, La Fábrica o Lezama". Hoy, en cambio, asegura que el talento puede detectarse “desde cualquier sitio” y de “cualquier categoría”.

Raúl Ruiz, durante la presentación de su libro en Madrid / Raúl Ruiz
“No había dinero ni para un menú”
En su obra, Raúl Ruiz recuerda que en el fútbol las dificultades iban mucho más allá de lo que sucedía en el terreno de juego. Con los clubes aún en manos de los socios y no de sociedades anónimas, los impagos formaban parte del día a día. Era muy habitual que los presupuestos no cuadrasen y los impagos aparecieran en cada inicio temporada: “Cuando los cálculos salían mal, dejaban de pagar”.
Uno de los episodios más insólitos lo vivió en Palencia. Aunque deportivamente disfrutó de uno de sus mejores años como futbolista, el club acumulaba meses sin pagar a sus empleados y estaba sometido a continuos embargos. Media plantilla se marchó en diciembre, incapaz de sostener a sus familias. Ruiz recuerda cómo, en pleno entrenamiento, aparecieron empleados judiciales "en traje" para llevarse material del vestuario, situación que obligó a los jugadores a comprar sus propias botas y camisetas para poder competir. "Incluso los focos del estadio fueron desmontados, dejando al equipo sin posibilidad de entrenar de noche". La precariedad también llegaba a los desplazamientos: “Vimos de todo. A veces tocaba viajar y comer un bocadillo porque no había dinero ni para un menú”, señala.
“El que tenía hijos cobraba más”
Actualmente, el aficionado y el periodista está obsesionado en comparar las grandes ligas europeas… Años atrás, sí que no había ningún tipo de discusión. Raúl señala que en Inglaterra, los clubes de categorías inferiores “ya iban un paso por delante”, con estadios de gran nivel y una fuerte masa social. En declaraciones para SPORT, recuerda su visita a Swansea hace años, cuando estaba en tercera división: un estadio moderno que funcionaba como centro social para los aficionados, con restaurantes, celebraciones y espacios de reunión. Obviamente, nada que ver con las circunstancias en las que se encontraban los equipos españoles en las categorías más 'amateurs'.
En lo económico, ya en esa época era muy extraño que en Inglaterra un club dejara de pagar a sus jugadores, algo que sí sucedía con frecuencia en España. “Aquí pasaba porque no había control”, explica. Durante su propia carrera, llegó a participar en huelgas, debido a que los futbolistas no llegaron a tener ni seguridad social. Ruiz subraya que la situación ha mejorado notablemente con los años. Hoy en día existen límites y controles salariales en categorías como Primera y Segunda Federación, que, de esta manera, establecen derechos profesionales. En contraste, recuerda que en tiempos de antaño podían darse enormes desigualdades dentro de un mismo vestuario: “En el Logroñés igual había uno cobrando diez millones de pesetas y otro uno”. Para él, la implantación de un sueldo mínimo y mayor regulación es uno de los avances más claros del 'nuevo fútbol'.

Raúl Ruiz, con su libro, 'Las temporadas de mi vida' / RAÚL RUIZ
El claro ejemplo de esas dramáticas situaciones fue durante su etapa en el Palencia. Uno de los casos más duros fue el de su compañero Agustín Camacho, un jugador con un enorme talento que había debutado en Primera con solo 18 años. Pese a su enorme calidad y ser uno de los jugadores más aclamados de la categoría, llegó a tomar medidas desesperadas ante los impagos: “Hasta se puso en huelga de hambre”, explica Ruiz, que compartió piso con él. La falta de ingresos hacía imposible cumplir con las obligaciones familiares y en el libro rememora cómo, en plena Navidad, la exmujer de Camacho apareció en Palencia con los niños “para comer”, incapaz de sostener la situación. En aquel contexto, el vestuario se autogestionó: el poco dinero que la junta gestora lograba reunir se repartía según las necesidades de cada jugador, no a partes iguales: “El que tenía hijos cobraba más; los solteros ya cobraríamos después”. Esa solidaridad interna, asegura, fue clave para la supervivencia deportiva del equipo. La unión generada por la adversidad se trasladó al terreno de juego: “En el campo lo notas; cuando tienes que dar una carrera por un compañero, la das”, afirma. Gracias a ese compromiso colectivo, el equipo logró salvar la categoría aquel año.
“Hacer campamento y jurar la bandera”
Uno de los momentos más duros de la carrera de un jugador podía ser la mili. En el caso de Raúl, tras debutar con el Logroñés y consolidarse como titular, su proyección se vio obligatoriamente frenada. “Eso fue un palo enorme… se para un año de tu vida”, confiesa. Tuvo oportunidades de fichar por Osasuna o Zaragoza, pero su destino militar le llevó a Melilla, lejos de la península, y no había manera de evitarlo...
Ruiz destaca que esta obligación afectaba también a jugadores de primer nivel: “Imagínate que le tocara a un jugador de primera división la mili… pues sí pasaba. A jugadores de primer nivel les tocaba, y tenían que hacer el campamento y jurar bandera”. Para Ruiz, aquella etapa muestra cómo el fútbol español podía frenar incluso a los talentos más prometedores, obligándolos a interrumpir su desarrollo por compromisos ajenos al deporte.
Pese a todos los trágicos momentos vividos, la lectura “Las temporadas de mi vida”, es una oda al fútbol modesto. Con sus más y sus menos, todas aquellas anécdotas vividas, por muy duras que fueran , han sido las que le han provocado ese amor que tiene por este deporte: "A pesar de todo, lo mejor sin duda es ser futbolista".
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