Entrevista SPORT
Entrevista | Fernando Aramburu Escritor
Fernando Aramburu: "La Real Sociedad es una pequeña felicidad que llevo conmigo, por más que viva muy lejos"
El escritor donostiarra, que acaba de publicar una nueva entrega de sus 'gentes vascas' (titulada 'Maite), vivirá la final de la Copa del Rey con especial pasión: es aficionado a la Real desde niño, cuando frecuentaba el estadio de Atocha

Aramburu, durante la entrevista con SPORT / Iván Giménez
Fernando Aramburu conversa con SPORT con la misma serenidad y precisión con la que construye sus novelas. Habla de 'Maite' (Tusquets), de las sensibilidades femeninas que atraviesan el libro, del peso de la intimidad en la ficción, de la memoria del terrorismo y del paso del tiempo. También de su vínculo con San Sebastián y con la Real Sociedad, que este sábado tiene la oportunidad de ganar un nuevo título, la Copa del Rey, en la final de Sevilla ante el Atlético de Madrid.
'Maite' es una novela muy femenina. Está protagonizada por mujeres unidas por una sensibilidad muy determinada.
A mí me gusta decir algunas sensibilidades femeninas, porque hay de todo en la viña del señor. Pero sí, para mí ha sido muy productivo mostrar cómo en la realidad colectiva se reflejan determinadas sensibilidades femeninas. Aparte está todo el componente íntimo, que con frecuencia en algunas mujeres suele ser muy rico.
Siempre se ha dicho que en el País Vasco existe una especie de matriarcado, una manera de vivir en la que las mujeres mandan mucho de puertas adentro. ¿Sigue siendo así?
No sé si habría que llamarlo matriarcado, pero yo lo he vivido dentro de mi casa. Claro que entonces no éramos conscientes de estar representando ninguna tradición ni ningún rito etnográfico. Simplemente mi madre gobernaba la familia y lo hacía muy bien. Ahora bien, al mismo tiempo le caía todo el trabajo encima. O sea, que tampoco era exactamente un privilegio decidir sobre muchas cuestiones que nos afectaban a todos.
Maite, de hecho, sostiene buena parte del entramado de la novela. Los 'castillos' y las autoentrevistas suponen una forma de conocerla mejor...
Efectivamente. Para eso está la ficción, para meternos en la intimidad de nuestros congéneres y mostrarlos en su pequeña o gran verdad personal. Maite tiene una serie de ritos, todos solitarios, que si viviéramos con ella seguramente no conoceríamos. Pero para eso está el novelista: para poner en las páginas mucha verdad personal.
Elene, en cambio, va apareciendo poco a poco.
Entra como personaje secundario. Es un personaje visto desde fuera y del que no se sabe bien todo, aunque la protagonista empieza a tener sospechas pronto. Y el lector también. Poco a poco se va revelando y va adquiriendo cada vez más importancia, hasta tener una participación decisiva en el tramo final de la novela.
También la define a través de detalles, de hábitos, de frases sueltas.
Son la manera en que yo suelo caracterizar a los personajes. Prefiero eso a definirlos directamente, a psicoanalizarlos o a colgarles una lista de adjetivos. Prefiero ponerlos a actuar de tal manera que después los lectores saquen sus propias consecuencias.
La novela se sitúa en un momento muy concreto, en los días del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. ¿Por qué quiso volver a ese momento?
En principio porque esta novela se inserta dentro de una serie, 'Gentes vascas', que como su título indica pone en primer plano vivencias de ciudadanos normales y corrientes. Maite es un título más dentro de esa serie. Y habría sido muy raro que un hecho tan relevante como el de Miguel Ángel Blanco, que además adquirió muy pronto una significación simbólica, no apareciera tarde o temprano en alguno de mis libros. Pero primero acudí a la historia de los personajes y después decidí colocarlos en mi ciudad natal y en una época muy determinada que coincide con esos días.
¿Le preocupa que esa memoria se vaya diluyendo entre los más jóvenes?
Esa memoria se diluirá porque es ley de vida. El tiempo no se detiene y el olvido acaba ganando. Lo que a mí me parecería preocupante, e incluso triste, es que si un joven de ahora o del futuro quisiera informarse, no tuviera dónde hacerlo. Que no hubiera testimonios, que los contemporáneos no nos hubiéramos tomado la molestia de contar lo que pasó, de hacer películas, de escribir tratados históricos, de redactar reportajes. Si no existiera ese material de la memoria, eso sí que me daría mucha pena. En cambio, tengo cierta comprensión hacia el hecho de que los jóvenes estén ocupados en lo suyo, en su presente, en sus problemas. Como nos sucedió a todos.
Esa memoria [de los años del terrorismo] se diluirá porque es ley de vida. El tiempo no se detiene y el olvido acaba ganando
Durante mucho tiempo tuvimos la sensación de que el terrorismo era un problema enquistado, irresoluble.
Sí, yo nací en el mismo año que ETA y tenía esa sensación: que aquello estaba enquistado, que además el terrorismo generaba más problemas cuanto más se ejercía. Más víctimas, más división social. A veces la historia humana es así. Yo viví muy de cerca la caída del muro de Berlín y del telón de acero, y pensaba que aquello duraría siglos. Y sin embargo, de la noche a la mañana, se vino abajo. Lo de ETA fue distinto, claro, porque pasó por una época de decadencia, de debilidad logística, pero tarde o temprano aquello se terminaría.

Aramburu, en su visita a Barcelona / Iván Giménez
Porque había también una dinámica de relevo constante.
Claro. Cuando un militante ya había sido detenido o tenía una cierta edad, dejaba el puesto a la siguiente generación, que cogía las armas con entusiasmo. Siempre parecía que se imponían los brutos. Pero fue un alivio que todo eso terminara y desde entonces la sociedad vasca, más o menos, ha ido rehaciendo los lazos sociales. Luego están los lazos afectivos, que van por otros canales.
Cuando vuelve a su ciudad, ¿qué se encuentra?
Estuve hace poco y me encontré una ciudad limpia, una ciudad con muchos turistas, una ciudad en la que aquello que se llamaba “el conflicto” ya no está presente en las fachadas. No se ven carteles, ni eslóganes, ni amenazas, ni insultos. Todo eso ha desaparecido. Quizá haya alguna bandera de Palestina, pero en principio las calles han sido devueltas a la paz de los ciudadanos.
Yo nací en el mismo año que ETA y tenía la sensación de que el conflicto estaba enquistado, que además el terrorismo generaba más problemas cuanto más se ejercía: más víctimas, más división social...
Aunque otra cosa sea lo que cada uno lleve por dentro.
Naturalmente. A quien le mataron a un familiar no va a olvidar, ni mucho menos, ni va a encontrar una paz interior o espiritual así como así. Pero ahora uno ve correr a los niños libremente, inocentemente, por calles donde hace unas décadas ocurrían hechos muy lamentables.
¿Habrá más novelas de ese universo vasco?
Sí, espero que sí, a menos que la salud me lo prohíba. Hay más proyectos, lo que pasa es que no voy a publicar una novela al mes. Esto requiere su tiempo. Mi idea con la serie es componer un mosaico, una crónica humana de mi tierra natal en un tiempo que también fue el mío.
Usted vive en Alemania desde hace muchísimos años. ¿El deporte, el fútbol y su vínculo con la Real Sociedad, le permiten seguir conectado sentimentalmente con su tierra?
Yo no soy muy propenso a la nostalgia, pero tampoco soy de hielo. Hay elementos de mi ciudad natal que forman parte de mis afectos y de mis sentimientos, y uno de ellos es la Real, naturalmente. Estoy al corriente de la marcha del equipo, de quién entra, de quién se va, de los resultados. Y bueno, la Real, que empezó un poco mal, finalmente nos está dando algunas alegrías. Eso para mí es una pequeñita felicidad que llevo conmigo por más que viva muy lejos.

Fernando Aramburu / Manu Mitru
De niño fue socio, además.
Fui socio, sí. Mi hermana sigue siéndolo desde hace muchísimos años, es de las veteranas. Mi padre nos hizo socios cuando la Real jugaba en Atocha y ahí iba yo de pequeñito. Solía ponerme detrás del murete de cemento y tengo recuerdos muy vivos de aquella cercanía con los jugadores. He visto allí momentos muy emocionantes. Luego me fui a estudiar fuera y los años gloriosos del equipo me pillaron ya lejos de la ciudad.
Yo no soy muy propenso a la nostalgia, pero tampoco soy de hielo. Hay elementos de mi ciudad natal que forman parte de mis afectos y de mis sentimientos, y uno de ellos es la Real, naturalmente
Aun así los recuerda perfectamente.
Sí. Algunas imágenes se quedan para siempre. Recuerdo la tensión, la radio, el nerviosismo, la gente saliendo a los balcones a gritar de alegría. Son escenas muy vivas. Hay goles y momentos que uno ha visto después muchísimas veces y que casi se sabe de memoria.
¿Tenía ídolos de pequeño?
De pequeño sí. De mayor ya no tengo ídolos. Pero siempre había algún jugador preferido. El primero quizá fue Boronat, también por cercanía personal. Y luego he admirado mucho a los jugadores finos, a los futbolistas con clase. Zamora, López Ufarte, los cabezazos de Satrústegui… Son nombres que forman parte de mis recuerdos más afectivos.
¿Sigue la Real con pasión?
Con pasión, ya no. Pero tengo un ojo puesto continuamente en lo que hace. Conozco incluso al entrenador actual por haberlo visto en la Bundesliga. La Real, además, suele tener buena dirección deportiva. Sabe comprar, vender y competir muy bien. Ese es su truco, porque con la cantera sola no puede resistir: en cuanto saca dos buenos, se los llevan. Lo raro hoy es que ciertos jugadores duren tanto tiempo.
De mayor ya no tengo ídolos. Pero siempre había algún jugador preferido. El primero quizá fue Boronat, también por cercanía personal. Y luego he admirado mucho a los jugadores finos, a los futbolistas con clase. Zamora, López Ufarte, los cabezazos de Satrústegui…
¿Verá la final de Copa?
Sí, la veré, aunque si el resultado se pone adverso quizá prefiera dejar de sufrir y enterarme luego por los goles. No puedo viajar, así que la seguiré desde casa. Pero claro que me hace ilusión. Ganarla supondría salvar una temporada que empezó floja.
En Alemania, en cambio, da la sensación de que la liga está demasiado dominada por el Bayern.
La liga alemana es bastante aburrida en ese sentido, porque parece resuelta muy pronto. Lo del año pasado fue casi un milagro y no sentó bien en Múnich. El Bayern se reforzó de una manera brutal. Es un equipo que no tiene piedad y no me extrañaría que llegara muy lejos también en Europa.
¿Y el Hannover, el equipo de su ciudad de adopción?
Hannover es mi equipo allí, porque yo no tengo por qué ser seguidor de uno que siempre gana. Ahora mismo es un equipo para sufrir, pero también eso forma parte de la experiencia del fútbol.
Cambiando de registro, ¿qué recuerdos guarda de su etapa como profesor de español en Alemania?
Muy buenos. Tenía un trabajo muy bonito. Daba clases de lengua y cultura españolas a hijos y nietos de inmigrantes. Eran clases con un sentido sentimental y social muy positivo. Los niños iban a la escuela alemana y luego acudían a estas clases, donde había lengua, canciones, poesía, algo de historia. Había un ingrediente lúdico importante y uno procuraba hacerlas lo más agradables posible.
¿Y por qué lo dejó?
Porque llegó un momento en que esa tarea docente era incompatible con la literaria. A medida que me fui haciendo más conocido, tenía que viajar más, y estar interrumpiendo las clases una y otra vez no me parecía adecuado. Pero guardo muy buen recuerdo de aquella gente, normalmente modesta y trabajadora. Lo hice muy a gusto.
Di clases de lengua y cultura españolas a hijos y nietos de inmigrantes. Eran clases con un sentido sentimental y social muy positivo: era un trabajo muy bonito
También ayudaba que fueran clases voluntarias.
Sí, claro. Eso generaba más disciplina. Si uno realmente no quería ir, no iba. Los que estaban allí tenían algún interés: hablar con los abuelos cuando iban de vacaciones a España, no olvidar el idioma, aprender canciones… Había una motivación real.
Usted ha contado alguna vez que buena parte de su vocación literaria nació leyendo periódicos en casa. Luego fue articulista durante años. ¿Qué futuro le augura a la prensa?
No soy adivino, pero tampoco me imagino a los ciudadanos apartados de la información. De alguna manera, por algún canal, seguirán informándose. Claro que la llegada de internet y de la inteligencia artificial lo está cambiando todo. Pero siempre creo que el ciudadano necesitará saber qué pasa y cómo se organiza su sociedad.
En Alemania, mi equipo es el Hannover, porque yo no tengo por qué ser seguidor de uno que siempre gana
Aunque también somos cada vez más vulnerables al bulo y las 'fake news'.
Muchísimo. En cualquier momento nos cuelan uno. A mí me dieron por muerto. Se difundió la noticia de mi muerte y durante un rato fallecí oficialmente. Me río ahora, pero en su momento impresiona. No todo el mundo tiene la experiencia de asistir en vida a la noticia de su propia muerte. Da un poco de yuyu.
¿Sigue muy pendiente de la actualidad cada día?
Me informo, pero no hago un seguimiento de profesional o de columnista que luego tiene que dar una respuesta. Siento cierta pereza a la hora de enfrentarme a la realidad con opiniones constantes. No necesito opinar de todo ni saberlo todo, pero sí me gusta saber en qué mundo estoy. Y además tengo hijas, tengo una nieta, y quiero saber en qué mundo van a desarrollar sus vidas.
¿Echa de menos escribir una columna semanal?
No, no lo echo de menos. Estuvo bien mientras ejercí el columnismo, pero tengo mi edad, tengo otros proyectos que requieren atención y tiempo, y di ese paso. Quizá algún día, si quiero escribir sobre un tema concreto, podría hacerlo. Pero la obligación semanal ya no me complacía. Iba un poco arrastrado, buscando temas, y yo mismo me daba cuenta de que no aportaba gran cosa.
Es una honestidad poco frecuente.
Bueno, yo necesitaba expresarlo así. Y ahora prefiero dedicarme a escribir con toda la intensidad posible, sin distraerme con otras actividades.
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