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El drama de las mujeres de los futbolistas con los fichajes: "Acabé siendo adicto a las pastillas para dormir tras los entrenos"

Ser la esposa o novia de un futbolista puede asociarse a grandes patrimonios, estatus y oportunidades, pero también, en ocasiones, a la soledad o a la incompatibilidad laboral

Jordan Henderson, junto a su hija y su mujer Rebecca Burnett; Riyad Mahrez, junto a Taylor Ward

Jordan Henderson, junto a su hija y su mujer Rebecca Burnett; Riyad Mahrez, junto a Taylor Ward / SPORT.es

Xavi Espinosa

Xavi Espinosa

El fútbol es un deporte apasionante, pero también conlleva grandes sacrificios. Los futbolistas pasan muchas horas lejos de casa, separados de sus seres queridos y fuera de su zona de confort. Un esfuerzo que forma parte de la profesión y que, aunque resulta exigente a nivel personal, suele verse compensado en el plano económico.

En la vida de las parejas de los futbolistas, la realidad dista mucho de ser tan perfecta como aparenta desde fuera. Algunas parejas tienen su propio oficio, y las decisiones, tomadas en cuestión de minutos, pueden alterar por completo la estabilidad personal y familiar de quienes acompañan a los jugadores. Hay infinidad de casos, como el de Taylor Ward, esposa de Riyad Mahrez, ejemplifica cómo una carrera deportiva puede imponer cambios radicales sin margen de negociación emocional, según cuenta el Daily Mail.

El precio oculto del éxito

La mujer de Mahrez se enfrentó a una decisión difícil: mudarse a Arabia Saudí y dejar atrás Inglaterra. Esto consistía en trasladarse a un país con fuertes limitaciones sociales para las mujeres. La modelo británica rompió a llorar cuando Mahrez le comunicó que dejaba el Manchester City para fichar por Al-Ahli. Según cuenta el medio inglés, la explicación fue tan simple como dura: "Es parte del juego, ¿no?". Más allá del contrato millonario, la decisión supuso abandonar su entorno, su independencia y una vida plenamente asentada en Inglaterra.

Riyad Mahrez, junto a su mujer

Riyad Mahrez, junto a su mujer / SPORT.es

Ser pareja de un futbolista promete lujo, estatus y oportunidades, pero también obliga a convivir con la incertidumbre permanente. En este contexto, la fortaleza emocional se vuelve tan necesaria como la estabilidad económica. Es el caso de Jordan Henderson, el jugador del Liverpool. El inglés ganaba 350.000€ por semana en Arabia Saudita, pero él y su mujer Rebecca tuvieron que vivirm separados, cada uno al otro lado de la frontera, en Bahréin, para que las cosas funcionaran.

Las mujeres de los futbolistas y sus vidas solitarias

Las mujeres de los futbolistas y sus vidas solitarias / SPORT.es

Amor a distancia y sacrificios personales

La cantante Leigh-Anne Pinnock, casada con el futbolista Andre Gray, ex del Burnley y futbolista del Fatih Karagümrük turco, representa otro de los grandes desafíos: la distancia prolongada. En apenas cuatro años, Gray ha jugado en Grecia, Arabia Saudí, Inglaterra y Turquía, mientras ella ha permanecido en el Reino Unido centrada en su carrera musical.

En el mejor de los casos, solo consiguen verse unas pocas veces al mes, incluso teniendo hijas en común. Pinnock explicó en el pódcast de Paloma Faith: "Pasé por un momento extraño con mi marido, hubo falta de honestidad, pérdida de confianza y ese tipo de traición".

Ese episodio marcó profundamente la relación. Gray reconoció haber sido "egoísta" y decidió acudir a terapia para intentar cambiar, un esfuerzo que Pinnock consideró suficiente para seguir adelante. En este tipo de relaciones, el perdón no suele ser una cuestión romántica, sino una decisión consciente para sostener una familia sometida a una presión constante.

Incluso cuando no hay conflictos públicos, la convivencia resulta complicada. Perrie Edwards admitió en 2024 que nunca ha llegado a vivir con su pareja, Alex Oxlade-Chamberlain, pese a llevar ocho años juntos y tener un hijo. Cuando el futbolista se trasladó a Turquía para jugar en el Besiktas, ella se quedó en el Reino Unido criando a su hijo y desarrollando su carrera. "No voy a mentir, es duro", reconoció, explicando que la distancia y la falta de tiempo libre hacen casi imposible una vida familiar convencional.

Cuando la soledad pasa factura

Los casos más extremos revelan el impacto psicológico de esta vida errante. El exjugador del Liverpool Jonjo Shelvey relató cómo su etapa en Turquía, lejos de su mujer y de sus hijos, afectó gravemente a su salud mental. "Me fui a Turquía durante 18 meses y viví solo; fue lo más duro que he hecho en mi vida", confesó, describiendo una rutina marcada por el aislamiento.

Shelvey, exjugador del Liverpool, junto a su família

Shelvey, exjugador del Liverpool, junto a su família / Sport.es | Daily Mail

Shelvey explicó: "Acabé siendo adicto a las pastillas para dormir porque volvía a casa tras entrenar y no sabía cómo pasar el tiempo". La soledad, la falta de vínculos sociales y la distancia con su familia terminaron deteriorando su relación con sus hijos. "Sinceramente, destruyó mi relación con mis hijos. Nunca estaba presente", reconoció, dejando claro que las consecuencias de estas decisiones profesionales pueden ser profundas y duraderas.

Lejos del glamour y de los contratos millonarios, estas historias muestran una realidad silenciosa del fútbol profesional. Detrás de cada fichaje hay parejas que renuncian a su estabilidad, madres que crían solas y familias que viven separadas durante años, pagando un precio emocional que rara vez aparece reflejado en los titulares.