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David Villa abre su álbum más íntimo: "El talento solo no sirve de nada"

El exdelantero repasa cómo la dureza de Tuilla, el sacrificio de su padre y una infancia marcada por la superación forjaron al máximo goleador de la selección española

David Villa habla de su infancia

David Villa habla de su infancia / Archivo

Mariona Carol

Mariona Carol

David Villa (44 años) nunca ha ocultado que su historia empieza muy lejos de los focos. En Tuilla, un pequeño pueblo minero de Asturias, la vida se medía en turnos, carbón y riesgo.

Su padre, como tantos otros, bajaba cada noche hasta 800 metros bajo tierra para asegurar el sustento familiar. "Mi padre tenía que arriesgar su vida para dar de comer a su familia", recordaba el exdelantero en un relato publicado en 'The Players Tribune'.

Ese peligro se hizo real cuando un incendio sacudió la mina. Villa aún revive el miedo de aquella madrugada: la incertidumbre, los rumores, el alivio al saber que su padre había logrado escapar… y el dolor por quienes no lo consiguieron. Un episodio que, según él, marcó para siempre su forma de entender la vida y el esfuerzo.

El nacimiento de un sueño: fútbol en cada rincón

La relación de Villa con el balón empezó incluso antes de nacer. Su padre, al saber que esperaba un niño, exclamó: "¡Va a ser mi pequeño futbolista!". Y así fue.

En Tuilla, donde no abundaban las instalaciones deportivas, cualquier espacio servía como campo de juego: calles, plazas, parkings, terrenos irregulares… incluso el salón de casa, donde fabricaba pelotas con papel y cinta adhesiva.

El fútbol era refugio, juego y ambición. "En cualquier momento, en cualquier sitio… fútbol, fútbol, fútbol", recordaba.

La lesión que pudo cambiarlo todo

A los cuatro años, un accidente estuvo a punto de truncar su futuro: fractura de fémur, riesgo de quedar con una pierna más corta y un pronóstico nada alentador para quien soñaba con ser futbolista.

Su padre, una vez más, fue decisivo. Buscó tratamientos, soluciones y especialistas hasta dar con una terapia que obligaba al pequeño Villa a mantener las piernas en suspensión durante largos periodos. Duro, incómodo, pero efectivo.

Cuando pudo volver a jugar, su padre diseñó un método casero para fortalecer su pierna izquierda: "Me apoyaba en la pared y él me tiraba la pelota al pie izquierdo." Ese ejercicio repetido hasta la extenuación acabaría convirtiéndose en una de sus señas de identidad: la capacidad de chutar con ambas piernas.

Más allá de lo físico, Villa insiste en que la mayor herencia de su padre fue mental: "El talento solo no sirve de nada. Tienes que mejorar cada día."

Del barro al profesionalismo: el salto que cambió su vida

El Sporting de Gijón fue su puerta de entrada al fútbol profesional. Allí tomó una decisión que marcaría su destino: dejar los estudios para apostar por el fútbol. "Mamá, me voy a dar dos o tres años para ganarme la vida con esto", le dijo.

La apuesta salió bien. En seis meses firmó su primer contrato profesional. Después llegaron Zaragoza, Valencia, Barcelona, Atlético de Madrid… y, sobre todo, la selección española.

Su primera convocatoria fue un sueño cumplido: "¿Villa con España? ¡Venga ya! Esto era una fantasía de infancia", confesaba. Aquel niño de Tuilla acabaría siendo pieza clave del Mundial de 2010 y máximo goleador histórico de la Roja.

Una historia que trasciende el fútbol

A pesar de los títulos, los goles y el reconocimiento mundial, Villa nunca ha olvidado sus raíces. Su relato es, ante todo, un homenaje a su padre y al sacrificio de toda una generación de mineros.

"Diría que él es más responsable de mi éxito que yo mismo", afirma. Y cierra su historia con una frase que resume una vida entera: "Un sabio me lo enseñó. Gracias, papá."

Una lección que va más allá del deporte: trabajo, constancia y superación incluso en las condiciones más difíciles.