FÚTBOL
Ceferin reclama un criterio unificado para el arbitraje: "Las manos nadie las entiende, yo tampoco"
El presidente de la UEFA reflexión sobre los riesgos de la multipropiedad, que puede afectar al propio juego, y considera que hay "egoísmo" cuando se plante una reducción del calendario

El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez y el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, antes del inicio del encuentro correspondiente a la ida de los cuartos de final de la Champions. / Kiko Huesca / EFE

El debate sobre la propiedad, el calendario y el nuevo modelo del fútbol europeo sigue ocupando un lugar principal en la agenda. En ese escenario, Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA, dibujó una hoja de ruta con varias líneas rojas muy claras durante su intervención en The Forum, organizdo por Atlético y Apollo, con un mensaje que sobrevuela todo: el crecimiento del negocio no puede comprometer la credibilidad del juego.
Los riesgos de la multipropiedad
El presidente de la UEFA situó la multipropiedad como uno de los principales desafíos del fútbol actual. La regulación existe —hasta un 30% de participación cruzada—, pero el problema va más allá de los porcentajes. “Si una entidad o una persona tiene dos clubes, es un problema para la integridad de la competición”, explicó. Y fue más allá en su advertencia: “Lo más importante es que la gente crea que los partidos no son un ‘fake’. Si eso pasa, estamos perdidos”.
Lo hizo en auditorio y en un foro por el que pasaron representantes de fondos de inversión y grupos que son dueños de varios equipos, como el City Group. “La clave es que un club pequeño puede ganar a uno grande”, resumió. Pero esa lógica se rompe si ambos comparten propiedad. No habla de manipulación directa, sino de percepción. La base de la pirámide de la UEFA que tanto se enarboló en la lucha contra la Superliga.
El dirigente esloveno enmarca este debate dentro de una transformación más amplia. Para él, el mayor cambio del fútbol moderno no está solo en el dinero, sino en el formato. “El mayor cambio ha sido el nuevo sistema de competiciones, con más ingresos y más espectáculo”, explicó. Una evolución que, a su juicio, ha reforzado el interés competitivo. “Antes del sorteo ya sabías quién iba a clasificarse. Ahora es mucho más difícil”. Como ejemplo, recurrió al caso del PSG, que estuvo al borde de la eliminación la pasada temporda antes de acabar levantando la Champions.
Ese nuevo modelo ha aumentdo los ingresos y ha ampliado el reparto, también hacia clubes que no participan directamente. Pero el crecimiento económico convive con tensiones estructurales cada vez más visibles. En ese equilibrio también entran los propios clubes, cada vez más presentes en la toma de decisiones, sin que ello suponga dejar al margen a las competiciones.
Ceferin reivindicó la relación con figuras como Nasser Al-Khelaifi o Miguel Ángel Gil Marín, con quienes comparte mesa en el ecosistema UEFA. “Somos colegas, vivimos en el mismo entorno. A veces no estamos de acuerdo, pero buscamos lo mejor para el fútbol”, explicó, subrayando también la incorporación del sindicato FIFPro al diálogo institucional.
Otro de los frentes abiertos es el arbitraje, especialmente por las diferencias de criterio entre ligas. Ceferin defendió un modelo claro: protagonismo del árbitro de campo y un VAR que intervenga solo en errores evidentes y de forma rápida. “Las manos nadie las entiende, yo tampoco”, admitió, en una de las frases más sinceras de su intervención. Y dejó una reflexión con ironía sobre las quejas: “Nunca me llama nadie para decir que un penalti a su favor fue un error”.
El calendario aparece como el gran nudo sin resolver. “Es imposible jugar más”, sentenció. Pero al mismo tiempo, los equipos reclaman más partidos para sostener sus estructuras económicas. Las ligas no quieren reducir equipos, las competiciones no desaparecen y las selecciones defienden su espacio. “Todos tienen una visión egoísta”, resumió Ceferin. La solución, si llega, solo puede ser colectiva: “Estoy dispuesto a dar un paso atrás si todos lo están”.
Pero por encima de todo, el mensaje de Čeferin es estructural. El fútbol está en expansión, con más ingresos, más actores y más complejidad que nunca. Y en ese contexto, la propiedad se convierte en un elemento decisivo. No solo por quién controla los clubes, sino por el impacto que ese control puede tener en la competición. La conclusión es que el fútbol europeo acepta el crecimiento, incluso lo necesita, aunque con procesos que no afecten a la integridad del juego.
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