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Antoine Griezmann, magia y quilates para callar a Riazor

El francés estrelló un balón en el larguero y sentenció el partido con un golazo de falta

Antoine Griezmann gana un duelo con Quagliata en un lance del encuentro.

Antoine Griezmann gana un duelo con Quagliata en un lance del encuentro. / Carlos Pardellas

Sara Gallego

A Coruña

Antoine Griezmann salió relajado a Riazor. Peloteó con la grada en la previa, sin saber —o quizá sí—, que tenía en sus botas la llave de los cuartos de final de la Copa del Rey. El Atlético de Madrid, contenido, se encomendó a su talento para superar al Deportivo, pese a que el equipo de Hidalgo no se arrugó frente a uno de los gigantes del fútbol español. Con personalidad y osadía cuando el partido se lo permitió, supo defenderse y tuvo sus opciones de inquietar a Musso, pero la eliminatoria se desequilibró a base de quilates, los muchos que vale la zurda de un genio como el francés.

Ni el Dépor ni Riazor se dejaron intimidar por la entidad de su rival. La marea blanquiazul, sedienta de grandes noches tras la larga travesía por el desierto de los últimos ocho cursos, hizo del estadio una caldera y apretó hasta terminar con la garganta al rojo vivo. Pero poco de eso importa cuando el equipo contrario está dirigido por un mago imprevisible. Griezmann jugó ataviado con la capa y la chistera. Cómodo, casi a chispazos, no le hizo falta más. En la primera mitad dejó un par de centros que sus compañeros no aprovecharon, pero silenció al estadio al filo del descanso. Recibió un balón en la frontal, armó la pierna sin pensarlo y envió un trallazo al larguero que tambaleó la portería de Germán y los cimientos del feudo coruñés. Fue un preludio de lo que estaba por venir. Y quien avisa no es traidor.

A los 60 minutos, Noubi cometió una falta —evitable— en la media luna. Ligeramente escorada, perfecta para un zurdo. Un regalo en bandeja. Apuntó, ejecutó y limpió las telarañas de la meta de Parreño, que no tuvo tiempo ni de pestañear. Un destello, un truco y un partido resuelto. C’est fini.

Vía: La Opinión A Coruña