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Lubo Penev y una 'Bota de Oro' gentileza de Stoichkov

El exdelantero de Valencia, Atlético, Compostela y Celta se encuentra ingresado en un hospital búlgaro luchando por su vida

Lubo Penev, con la selección de Bulgaria

Lubo Penev, con la selección de Bulgaria / 'X'

Jonathan Moreno

Jonathan Moreno

La generación búlgara que disputó el Mundial de 1994 en Estados Unidos quedará para siempre en el memorando futbolístico. No solo en el apartado deportivo, donde el combinado dirigido por Dimitar Penev logró un histórico cuarto puesto en una cita mundialista, sino en el estético, con unos futbolistas a los que no desearías encontrarte en un callejón oscuro a las tres de la madrugada.

Las greñas de Ivanov, la calva a rodales de Lechkov o el bisoñé del portero Borislav Mihailov, el primer jugador en saltar al campo con un peluquín que saltaba a la legua. Un aspecto desaliñado que rodeó al equipo de aún más mítica. Lo que los jóvenes denominarían aura hoy en día.

Mucho se ha escrito de aquella hornada de jugadores que vivió su gran sueño americano el verano del 94, que llegó al torneo por la puerta de atrás, contra pronóstico, apeando a Francia en las eliminatorias: en el último partido, en el último minuto y en París. En una fría noche de mediados de noviembre. Porque realmente su clasificación fue sorprendente y se produjo gracias a una maniobra de pillería que ruborizaría a muchas películas de espías.

Emil Kostadinov y Lubo Penev, goleador del Valencia y sobrino del seleccionador, no tenían los papeles en regla para atravesar la frontera francesa. La Unión Europea se había fundado hacía apenas unos días, el 1 de noviembre de 1993, y Bulgaria no se uniría al proyecto continental hasta muchos años después, en 2007. Es decir, la libre circulación entre países que vivimos en la actualidad estaba todavía muy restringida, prácticamente en pañales.

Kostadinov y Lubo Penev, como decíamos, carecían de un permiso que se había tramitado tarde, que dependía de gestiones españolas y portuguesas, y les impedía entrar en territorio galo. Sin embargo, hecha la ley hecha la trampa. Mihailov, no sabemos si con bisoñé o no, militaba por entonces en el Mulhouse, un club francés fronterizo con Alemania, y decidió subir en su coche a sus dos compañeros de selección. El portero aprovechó su fama entre los gendarmes para vulnerar el exhaustivo control y colar en el país a los que acabarían siendo héroes de la noche parisina.

Lubo Penev, ante Carles Busquets en un Atlético de Madrid - FC Barcelona

Lubo Penev, ante Carles Busquets en un Atlético de Madrid - FC Barcelona / JOAN IGNASI PAREDES / Archivo

Kostadinov, entonces en el Oporto antes de fichar por el Deportivo, firmó un doblete en el Parque de los Príncipes, el segundo de ellos, sobre la bocina y a asistencia de Lubo Penev.

El destino, sin embargo, le tenía guardada una carta amarga a Penev. Meses después de aquella inmensa alegría le detectarían un cáncer testicular que le privó viajar con el resto de la selección búlgara a Estados Unidos y formar parte de aquel momento histórico.

El regalo de Stoichkov

Hristo Stoichkov acabó coronándose Bota de Oro del Mundial de 1994, en un premio compartido con Oleg Salenko, también con pasado en España en las filas del Logroñés y Valencia. Ambos anotaron seis goles, aunque el ruso mantiene el honor de haber sido el único futbolista en lograr cinco dianas en un partido mundialista, como hizo frente a Camerún.

Sotichkov celebra uno de los seis goles que anotó en Estados Unidos 1994

Sotichkov celebra uno de los seis goles que anotó en Estados Unidos 1994 / 'X'

Stoichkov no compartiría sólo el galardón con Salenko. El genial y díscolo azulgrana, en un detalle que caló en el corazón de Penev, regaló una réplica a su compatriota a modo de recuerdo. Dedicándole una parte del éxito del que había sido partícipe en todo momento. Porque Penev no jugó aquel Mundial en el césped, pero sí en el espíritu de sus compañeros.

Hoy, aquel delantero desgarbado al que se le caían los goles de los bolsillos, vuelve a ser noticia por su delicado estado de salud. Lubo Penev se encuentra ingresado en una unidad oncólogica de un hospital alemán esperando tratamiento para curar el cáncer hepático que padece. Si hay alguien acostumbrado a lidiar y doblegar adversidades es él.