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Las cláusulas más locas de la historia del fútbol: de comer testículos por obligación a poder vivir a 1600 kilómetros del equipo

Repasamos las condiciones más excéntricas que se han firmado en contratos de élite. La última, las de Memphis Depay para firmar por el Corinthians

Las cláusulas más locas de la historia del fútbol

Las cláusulas más locas de la historia del fútbol / SPORT

Àlex Calaff

Àlex Calaff

40.000 euros al mes. Eso es lo que le cuesta al Corinthians, según Globo Esporte, la lujosa suite en la que vive Memphis Depay en un reconocido hotel del centro de São Paulo. Claro está, sin contar el elevado salario que firmó. El neerlandés, que también disfruta de incontables servicios como servicio de habitaciones, limpieza diaria, lavandería, mayordomo, chef, agente de seguridad personal y un coche blindado con chófer disponible las 24 horas, incluyó todo lo mencionado en su contrato.

Ahora, aunque el club le pidió que renuncie a ello por sus grandes problemas económicos, está en su derecho de mantenerlos. No obstante, en la historia del fútbol ha habido cláusulas y condiciones en contratos mucho más sorprendentes que las del ex del Barça o Atlético de Madrid. Las repasamos a continuación.

Neil Ruddock: la báscula no miente

El duro central inglés era conocido en la Premier League por algunos problemas de sobrepeso, por lo que Harry Redknapp, entrenador del Crystal Palace en aquel entonces, decidió ponerle una condición para fichar por los 'Eagles': si superaba los 98 kilos, tenía que pagar una multa del diez por ciento de su salario. Según el medio británico 'The Sun', la incumplió varias veces.

Dennis Bergkamp: prohibido volar

No son pocos los partidos que el atacante neerlandés se perdió con el Arsenal en Champions League por su miedo a volar. Si no se podía llegar por tierra o aire, Bergkamp, por contrato, no jugaba ese partido con el equipo gunner. Como alternativa, muchas veces viajaba en coche, con el desgaste añadido que eso supone. Una vez hizo 1.600 kilómetros para jugar contra el Leverkusen.

Dennis Bergkamp, jugador del Arsenal

Dennis Bergkamp, jugador del Arsenal / Arsenal FC

Su miedo a volar venía de un incidente que sufrió cuando la selección de Holanda iba a disputar el Mundial de 1994 en Estados Unidos. "En las negociaciones con el Arsenal, si yo decía un millón, ellos automáticamente quitaban 100.000 'porque usted no vuela'. Y acepté", relató el futbolista en su biografía.

Stefan Schwarz: futbolista, no astronauta

Cuando un club ficha a un jugador trata de informarse de todo. Incluso de su entorno. Eso es lo que hizo el Sunderland a principios de los 2000, cuando fichó a Stefan Schwarz procedente del Valencia. El club inglés sabía que un consejero suyo había comprado un billete para un vuelo espacial programado para 2002 y, con las dudas de si se iba a llevar al sueco, decidió prohibirle viajar al espacio por contrato. El vuelo nunca se dio, pero la anécdota ya es historia de la Premier League.

Neymar: la amabilidad se paga

Una de las más sonadas fue la cláusula que se incluyó en el contrato de Neymar con el PSG. El brasileño iba a recibir medio millón de euros por temporada por cosas tan básicas como ser puntual, agradable y simpático con los aficionados.

Neymar, durante un partido con el PSG

Neymar, durante un partido con el PSG / Agencias

Spencer Prior: a comer testículos

Orgulloso de su Líbano natal, Sam Hammam, propietario del Cardiff City en 2001, decidió imponer una curiosa cláusula en el contrato de Spencer Prior, que fichaba aquel año por el club galés. El defensa central estaba obligado a comer un plato típico del Líbano que combinaba testículos de cordero con limón y perejil. Una buena muestra de las excentricidades del empresario libanés.

Ronaldinho: que la fiesta no pare

El astro brasileño, uno de los futbolistas más talentosos de la historia, se aseguró de que los directivos del Flamengo respetaran su deseo de salir a bailar por las noches. Según 'beIN Sports', en 2011 solicitó en su contrato una "cláusula de discoteca" que le permitiría asistir a fiestas dos veces por semana, como mínimo. Flamengo, que pagó 3 millones de euros por él, dijo que sí.

Ronaldinho, celebrando un gol con Flamengo

Ronaldinho, celebrando un gol con Flamengo / 'X'

Giuseppe Reina: el 'timo' de la casa Lego

El delantero alemán entendió cuando jugó en el Arminia Bielefeld la importancia de dejar todo bien detallado y por escrito. Cuando firmó con el equipo alemán en 1996, pidió una casa por cada año cumplido de contrato. Sin embargo, como no especificó cómo tenían que ser las mismas, el club le dio casas hechas de Lego.

Samuel Eto'o: tú en Majachkalá; yo en Moscú

El delantero camerunés fue uno de esos grandes futbolistas que decidió poner rumbo al multimillonario Anzhi ruso. En su caso, a razón de 20 millones de euros por temporada y con un contrato de tres campañas... y varias cláusulas curiosas.

Problemas para Eto'o

Samuel Eto¡o jugó en el Anzhi / 'X'

El billonario Suleiman Kerimov, dueño de este equipo de la República de Daguestán, accedió a sus peticiones sin dudarlo y una de ellas llamó muchísimo la atención: el jugador pidió un jet privado para moverse de Moscú (ciudad en la que iba a vivir y a entrenar) a Majachkalá, capital de la República de Daguestán y donde jugaba el Anzhi, los días de partido. Unos 1.600 kilómetros en total.

Mario Balotelli: el futbolista incontrolable

Reconocido por su fuerte carácter y excentricidades dentro y fuera de los terrenos de juego, el Liverpool incluyó una cláusula en el contrato del delantero italiano para incentivarlo a comportarse como es debido. Según publicó 'Football Leaks', estaba estipulado en su contrato que, si "el jugador no es expulsado en tres o más ocasiones por conducta violenta, escupir a un rival o cualquier otra persona, usar un lenguaje ofensivo, insultar o emplear un lenguaje abusivo y/o gestos y/o disidencia con palabras o actos", recibiría un millón de libras por temporada adicionales.

Tiempo después, el AC Milan, conocedor de lo que es capaz 'Súper Mario', decidió dar un paso más allá y detalló en su contrato una serie de prohibiciones, muchas relacionadas con la vida nocturna: no podía salir de fiesta, fumar, sobrepasarse con el alcohol, llevar peinados o ropa llamativa y publicar cosas en redes sociales que dañasen la imagen del club lombardo.