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FÚTBOL INTERNACIONAL

Carlos 'Kaiser', el mito que fichó por más de una decena de equipos y vivió como estrella… ¡Sin jugar ni un partido!

Carlos Henrique Raposo convirtió el vestuario en su escenario y enlazó presentaciones y contratos en más de una decena de clubes, con escalas en Brasil y aventuras en México, Estados Unidos y Francia

Carlos Henrique Raposo, la mayor estafa del fútbol

Carlos Henrique Raposo, la mayor estafa del fútbol / X

En el fútbol hay carreras que se cuentan por goles y otras por relatos. La de Carlos Henrique Raposo, conocido como Carlos 'Kaiser', pertenece al segundo tipo. Durante años, el brasileño se movió por el circuito profesional con una habilidad extraordinaria para estar en la foto sin estar en el partido. En Brasil lo recuerdan como un personaje de vestuario, amigo de figuras y especialista en sostener una carrera "sin prácticamente entrar al campo" en un encuentro oficial.

Kaiser no necesitaba highlights. Le bastaba con que su nombre circulara. En el Río de los 80, cuando la fama se fabricaba en bares, discotecas y pasillos de estadio, su biografía encajaba perfecto en el rumor. Globo Esporte lo definió como una vida "digna de un filme", tejida alrededor de grandes clubes brasileños y viajes al extranjero, mientras el balón quedaba siempre al margen.

El apodo también hacía su parte. 'Kaiser' no era un dorsal, era una marca. En parte porque así se conocía a Franz Beckenbauer, famoso por su elegancia con el balón. En un ecosistema con menos controles y más confianza en la recomendación, ese nombre abría puertas, al menos el tiempo suficiente para firmar, entrenar, saludar y desaparecer antes del examen definitivo. Sin embargo, en el caso del brasileño el apodo no tenía nada que ver con su habilidad futbolística: Carlos lo heredó por su parecido con la estrella alemana.

El mayor estafador de la historia del fútbol

Inició su peculiar carrera a los 23 años, más motivado por el deseo de la fama, el dinero y la vida nocturna que por la pasión por el deporte. Durante una de aquellas rutinarias noches en las discotecas Río conoció a Mauricio de Oliveira Anastácio, estrella del Botafogo por entonces, quien lo recomendó al club tras escuchar supuestas hazañas suyas, como haber ganado la Copa Intercontinental de 1984 con Independiente.

Carlos Henrique Raposo era adicto a la noche de Brasil

Carlos Henrique Raposo era adicto a la noche de Brasil / X

La mentira se sostenía en una simple coincidencia: en ese equipo jugaba otro Carlos Enrique de su misma edad. En 1986, sin videos ni redes sociales, verificar identidades era complicado; los clubes confiaban en recomendaciones y fotos parecidas, por lo que Botafogo lo fichó como una estrella prometedora, ofreciéndole un contrato profesional sin hacer muchas preguntas.

Raposo evitaba jugar fingiendo lesiones constantes: pasaba semanas en la enfermería, aprovechando que en esa época no existían las resonancias magnéticas. Él mismo lo explicaba: "Iba a los entrenamientos y a los pocos minutos me tocaba el muslo o la pantorrilla y pedía ir a la enfermería. Durante 20 días estaba lesionado".

Parte de su estrategia consistía en firmar contratos de riesgo y la mayor brevedad posible, apenas por unos meses, para minimizar su exposición y maximizar ganancias rápidas. Recibía generosas primas por fichar que le permitían cobrar con antelación sin la obligación de rendir en el campo. Una vez terminado el contrato, pedía la transferencia a otro club y repetía el esquema con nuevas mentiras y avales, sosteniendo así dos décadas de ingresos sin minutos competitivos reales.

En ese recorrido conoció a Renato Gaúcho, quien lo recomendó y facilitó su llegada al Flamengo, elevando su estatus aparente. Solía llegar a los entrenamientos con un teléfono celular, un lujo en los 80, fingiendo llamadas en un inglés pobre a supuestos agentes europeos para impresionar o incluso con Josep Lluís Núñez, expresidente del FC Barcelona. El preparador físico descubrió el truco, pero lo mantuvo en secreto. También pedía a sus compañeros que le dieran patadas en los entrenamientos para justificar lesiones y refugiarse en la enfermería, lejos del terreno de juego.

Su carisma lo llevó hasta el Puebla de México, donde su don de gentes le evitó escrutinios. "Tengo facilidad para hacer amistades. A muchos periodistas de mi época les caía bien porque nunca traté mal a nadie", explicaba. Ese encanto también le valió avales favorables en la prensa y entre colegas. Después "vistió" los colores de los extintos El Paso Patriots, en Estados Unidos, manteniendo su farsa transfronteriza durante seis meses.

La persistencia de la mentira

El episodio más cerca de exponerlo ocurrió de regreso en Brasil, en Bangu. "Me tocó ir al banco. Coritiba se puso 2-0 y a los pocos minutos de juego suena el radio del DT; me dijo que tenía que entrar, que era un pedido del presidente. Comencé a calentar y vi que algunos hinchas insultaban al equipo detrás del alambrado: salté el cerco y fui a pelearme con ellos. Me expulsaron antes de entrar y nunca jugué".

Su momento cumbre llegó en 1990, cuando tuvo un efímero paso por el Ajaccio francés, una vez más beneficiado por contactos e historias inventadas. De vuelta en Brasil, pasó por América, Vasco da Gama, Fluminense y Guaraní, antes de retirarse a los 38 años.

Según la FIFA, estuvo en 11 equipos durante 16 años, entrando unas 14 veces al campo jugando apenas pocos minutos.

"Me siento culpable de no haber cumplido con las expectativas de la gente. Mucha gente buena creó expectativas a mi alrededor y nunca obtuvo resultados. No me arrepiento de nada. Los clubes engañan mucho a los futbolistas. Alguien tenía que vengarse de ellos", confesó Raposo, el delantero que pasó por más de diez clubes y jamás anotó un solo gol.