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Un punto y seguido

El Barça cayó dolorosamente en Budapest, pero hay equipo para mirar adelante

El Lyon despertó a las culés del sueño europeo con crueldad

 Las de Lluís Cortés no pudieron hacer nada contra el Olympique de Lyon y cayeron 4-1 en la final ante la gran apisonadora europea | MEDIAPRO

El Barça ya sabe lo que es perder una final de Champions. Ahora, debe seguir trabajando para ganar la próxima. Que llegará. El Olympique de Lyon asestó al conjunto azulgrana un duro golpe de realidad en Budapest, pero como ya se había dicho antes del partido, esta final es solo el principio. Queda un largo camino para recorrer y el Barça va por la senda correcta. Es cuestión de tiempo y de seguir persistiendo en una idea. Si se mantiene la apuesta en el modelo y se acierta con las piezas que deben hacerlo mejorar, se convertirá en realidad lo que parecía imposible hace unos años. Ya se ha hecho llegando a una final. Se hará ganando una. Hay esperanza.

El OL, una máquina infalible

El Barça tenía enfrente a un equipo de leyenda. No solo por ganar cuatro Champions League consecutivas, que también. Ni por acabar la temporada con otro triplete en su palmarés. O por cerrar el curso sin una sola derrota. Es por cómo lo ha hecho. Con un proyecto que empezó hace muchos años Jean-Michel Aulas y que se ha ido puliendo con el tiempo. Son las mejores y están mejor gestionadas que ningún otro equipo. Apuestan más que nadie y, aunque eso no te da títulos, sí que te permite acercarte a ellos. Por eso, querer comparar a Barça con OL es todavía precipitado. La diferencia no se refleja solo en goles, sino en tiempo, recursos e inversión. Se podía soñar con dar el golpe en noventa minutos, pero aunque se hubiera conseguido, las diferencias seguirían ahí. Por eso no queda otra que aprender y mejorar. La lección que te llevas después de cada caída.

Errores que no se pueden cometer

Entre ese aprendizaje que se llevará el Barça de Budapest está el haberle concedido tantas facilidades al Olympique de Lyon. Era previsible caer, pero quizá no tanto de la manera que se ha hecho. No ya por el resultado, sino por haberlo perdido todo en apenas 30 minutos en los que el Barça se desarboló por completo y concedió una autopista a las delanteras del Lyon. La presencia de Van de Sanden en el once cogió extrañamente por sorpresa al Barça y se demostró un acierto, puesto que la velocidad de la holandesa fue letal y de sus botas nacieron los dos primeros goles en dos jugadas demasiado similares en una banda izquierda que era un solar. El Lyon se encontró con que el Barça le estaba dando facilidades para hacer lo que mejor sabe en los últimos tiempos y no lo desaprovechó. Normal si encima tienes a una ‘killer’ como Ada Hegerberg, que le explicó al mundo por qué es la actual Balón de Oro en el mejor escenario posible. La noruega firmó un ‘hat trick’ inapelable que dejó todo visto para sentencia en la primera mitad y ahí se acabó el partido. No hubo más.

Aún así, el Barça tuvo carácter. No dejó de intentar hacer lo que había venido a hacer –que era tener el balón- aunque siguiera recibiendo golpes y acabó consiguiendo el premio del gol, aunque fuera cuando todo estaba más que sentenciado. El carácter de Aitana, la jerarquía en el campo de Vicky y la generosidad de Mariona fueron de lo más destacado del Barça, pero no fue hasta que entró Oshoala –una jugadora por la que se debería hacer un esfuerzo para que continuara la próxima temporada- cuando se vio a un equipo que pudiera plantar cara. Demasiado tarde, sin duda.

Una Champions histórica

Con la cita de Budapest se cierra una temporada histórica para el Barça en Europa. Más que notable a pesar de cómo se desarrolló la final, que era un premio inesperado a estas alturas. El equipo aprovechó un sorteo favorable para competir y superar a equipos de su mismo escalón en Europa. El Lyon no lo era y se notó. Se cayó y ahora no quedará otra que levantarse. Revisar qué se ha hecho mal para aprender de cara al futuro. “No hemos dejado de luchar. No dejaremos de soñar”, anunciaba el club a la conclusión del choque. No queda otra. Es el camino a seguir para que lo de Budapest sea la primera final, pero no la última.

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