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Entrevista | Ricardo Vaz Jugador del Reus FC Reddis

Ricardo Vaz, futbolista del Reus: "Lamine, Olise o Doué son imprescindibles en el fútbol de hoy"

"Firmo no hacer ni un gol más si a cambio entramos en la fase de ascenso. De subir sigo en Reus seguro"

"Es mi mejor temporada, perdí el miedo a chutar, y veo que los compañeros me ven importante"

Ricardo Vaz

Ricardo Vaz / @ReusFCR

Federico Sainz

Formado en el lujo de la costa lusa, curtido en el exilio griego y polaco, y superviviente de mil batallas, Ricardo Vaz (Vila Nova de Gaia, 1994) es el hilo conductor entre aquel Reus de plata y este proyecto catártico. El '10' analiza una temporada donde sus goles son el motor de un equipo que se niega a olvidar quién fue.

Devoto, admirador confeso y custodio del futbolista creativo.

Me fijo en Lamine, Olise o Doué; son tipos que todavía rompen el guion. El entrenador actual empieza a entender que, aunque el rigor sea la base, hace falta ese punto de locura y riesgo, incluso a costa de perder el balón. Soy un jugador que mejora si el ecosistema funciona, pero reivindico la chispa de la calle; sin esa magia, el fútbol es solo un tablero de posiciones.

Bendito intrusismo, máximo goleador sin ser ni llevar el nueve.

Es mi mejor temporada, sobre todo en números, quizás porque nunca tuve esta confianza en otros sitios. Estoy en la categoría más baja de mi carrera, sí, pero los goles hay que meterlos igual y yo he perdido el miedo a chutar. A principio de temporada habría firmado estas cifras, pero ahora solo pienso en el playoff. Siento que los compañeros me ven importante y, por fin, me siento en casa.

Estoril: cuna de realeza y despedida de la zona de confort.

Hice toda la base allí, firmé con el primer equipo y aparecieron el proyecto del Reus y la Segunda de España. Con 20 años me tiré de cabeza; sabía que a Portugal siempre podía volver, pero aquella oportunidad era un tren que no podía dejar pasar. Estaba cerca de casa y no me asustaba el reto.

2019, el desahucio en el ecuador de la travesía.

Cuatro años en Reus y, de repente, el club se disuelve quedándome un año de contrato. Fue durísimo; nadie piensa que en una liga profesional como la española un equipo pueda desaparecer a mitad de temporada. Me quedé esperando una solución que nunca llegó y me vi obligado a mirar hacia el extranjero.

Menos mal que nos queda Portugal, decía Siniestro total.

Me costó encontrar equipo, podía seguir en Primera de Grecia, tuve una oferta, pero me surgió una oferta de Segunda de Portugal. Volví a Portugal, al Covilhã, pero fue un error de cálculo: tres entrenadores en cuatro meses. Rescindí en enero. El fútbol tiene esas cosas, a veces das un paso pensando que es el correcto y te encuentras en un callejón sin salida. Son decisiones que tomas pero no fue bien. El entrenador me llamó porque me quería, lo echaron, pero en cuatro meses hubo tres entrenadores, la filosofía del equipo era distinta a la mía, todo lo malo se juntó y jugaba muy poco y en enero rescindo contrato.

Y para filosofía, Grecia, pilar del pensamiento racional.

En el OFI Creta disfruté de mi mejor fútbol. Llegué con el equipo en descenso, nos salvamos en el último suspiro y al año siguiente estábamos jugando previas de Europa League. Pero el fútbol te quita lo que te da: en mi último año, cuando tenía una oferta económica que me iba a cambiar la vida, el cruzado se rompió por segunda vez.

Un cruel déjà vu como prueba de resilencia contra el dictado de la biología.

Cuando te rompes por segunda vez en tu mejor momento, las dudas ya no son solo tuyas, sino de todo el mercado. Tienes que redescubrir tu rumbo.

Para reconstruirse, Polonia como el arte de volver a empezar cuando todo parece perdido.

Me sale un equipo de Primera de Austria, pero no fructificó. Me quedo seis meses sin jugar. El Reus estaba en Primera Catalana, entrenaba en mi cuenta, pero no aguanté y hablo con compañeros del Reus y con Marc Carrasco para pedir de entrenar con ellos. Me dejaron. Y en enero me fui a Polonia, al Jastrzębie, y volví a disfrutar en una buena liga.

Solicitante del título de familia numerosa.

Pero mi mujer estaba embarazada del tercer hijo y, en el parón invernal, Marc me llamó. Decidí volver a casa, aunque fuera a Tercera. Es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.

El eslabón de la mística del 2016.

Estar aquí con Carbià, Benito o Folch es especial. Somos los exponentes de aquel ascenso histórico a Segunda A y la gente ha vuelto porque quiere al club, no por otra cosa. Sería histórico subir de nuevo; queremos el playoff y devolver al Reus al lugar donde lo dejamos antes del desastre.

Alma agradecida, gratitud serena, conciencia inquieta y autoxigencia feroz.

Marc Carrasco me da una confianza que intento devolver con creces. Mi exigencia personal es máxima porque siento que debo retornar el cariño que recibo. Ahora me encuentro mejor que nunca físicamente, y aunque uno siempre se piensa las ofertas si son irrechazables, si ascendemos es casi imposible que me mueva de aquí.

La Ruta del Modernismo de Gaudí en versión futbolística.

A principio de temporada todos habríamos firmado estar donde estamos. Haber garantizado la permanencia es algo a lo que le daremos valor más adelante, porque ahora, al estar en playoff, la gente nos pide más y más. Es el peaje de la ambición. Pero lo tengo claro: firmo no hacer ni un gol más si a cambio entramos en la fase de ascenso. El éxito colectivo es la única estadística que importa ahora.