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Fútbol catalán

Lleida, capital Mollerussa

Mientras el histórico Lleida y el bisoño Atlètic Lleida se hunden hacia el abismo del descenso, el conjunto del Pla d’Urgell acaricia la salvación

"Tengo que sacarme el sombrero ante esta plantilla", afirma Cazorla, técnico del equipo mollerusense

El Mollerussa, cerca de la salvación

El Mollerussa, cerca de la salvación / @CFJ_Mollerussa

SPORT.es

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El mapa del fútbol en las tierras de Ponent está sufriendo una metamorfosis tan inesperada como cruel. En una temporada para el olvido en la capital, el Mollerussa ha emergido como el gran triunfador moral y deportivo de la provincia. Mientras el club de Manel Cazorla saborea una permanencia casi matemática tras su meritorio empate en Vilanova, el panorama en la ciudad de Lleida es desolador: el Atlètic Lleida tiene pie y medio en Tercera RFEF tras caer ante el Girona B, y el histórico Lleida sigue sumido en una sequía goleadora que le arrastra irremediablemente hacia la categoría regional después de no poder ganar al San Cristóbal.

El Mollerussa demostró en el campo del Vilanova la "personalidad" que reclama su técnico Manel Cazorla. Con goles de Scuri y el regreso triunfal de Jofre Graells, los del Pla d’Urgell compitieron de tú a tú, sumando un punto que, sumado a la dinámica positiva de las últimas jornadas, les deja con los deberes prácticamente hechos. "Tengo que sacarme el sombrero ante esta plantilla", afirmaba un Cazorla orgulloso, consciente de que su equipo ha dado el paso adelante definitivo mientras sus vecinos de la capital se desangran.

La otra cara de la moneda se vive en el Camp d’Esports y en el Atlètic Lleida. Los primeros, pese al regreso de Óscar Rubio, fueron incapaces de pasar del empate ante el San Cristóbal en un clima de tensión arbitral y falta de puntería. Los segundos, con la expulsión de Utgés y la remontada del filial del Girona bajo la mirada de Míchel, necesitan un milagro de nueve puntos en tres jornadas que nadie cree posible. El fútbol leridano vive un cambio de guardia: el Mollerussa resiste con orgullo mientras los gigantes de la capital se asoman al precipicio.