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Arnau Casas, un central elegante y eficaz

Arnau Casas es un central que es capaz de transformar una entrada a un rival en algo bonito de ver

Arnau Casas, en un encuentro con el brazalete de capitán
Arnau Casas, en un encuentro con el brazalete de capitán | sport

La generación del 2004 es excelente. Para servidor, la mejor. Y parte de ‘culpa’ de ese favoritismo por los jugadores que están en el Cadete B lo tiene el gran repertorio que tienen de centrales. Tienen para todos los gustos. Ya os hemos explicado la vida de Diego Almeida y Pol Muñoz, pronto la de Gerard González pero hoy es el turno de Arnau Casas. Un central que destila elegancia por donde pasa. Y eso, en un central, es muy complicado ya que el trabajo del defensa es evitar el gol del conjunto rival. Es decir, evitar lo más bonito que hay en el fútbol que es celebrar un gol. Pero Arnau consigue hacerlo bonito. Tiene una forma de jugar que le ayuda a ello. Es de esos jugadores, que cuando ves el partido te dan ganas de que el balón pase más por sus pies o los contrarios le intenten regatear. Para que me entiendan, Arnau es de esos jugadores que cuando va al suelo a robar el balón, donde la mayoría nos haríamos daño, consigue llevarse el balón con sigilo y quedando bien a cámara. Algo muy difícil de conseguir. 

En la formación de Arnau hay dos entrenadores que han sido claves para llegar a su nivel actual. Ellos son Eric Campos, actual segundo entrenador del Alevín A del Barça, y Javi Lacambra, hombre de confianza de Mazinho para captar a los mejores jugadores del fútbol base. Como vemos,  dos hombres con mucho futuro en este mundo y de los cuales Arnau aprendió muchos. Con los dos coincidió en la Damm, el equipo dónde se formó antes de fichar por el FC Barcelona en su primera temporada en fútbol 11. El último año en la Damm, en el Alevín A, fue de los mejores de su carrera. Con Arnau en el eje de la zaga y Xavi Planas, compañero suyo en el Cadete B, en la punta de ataque tenían un equipo temible. A punto estuvieron de ganarle la Copa Catalunya al Barça y se clasificaron para la gase nacional de la Danone Nations Cup.  

En la Damm triunfó pero antes de fichar por el conjunto cervecero pasó por otros equipos. Como es habitual, a Arnau le encantaba el balón desde bien pequeño. Empezó a jugar en el club de su barrio, el Mira-sol, donde tuvo a Miquel de entrenador durante dos años. Aún se acuerda de esa etapa. Después pasó por el Sant Cugat, también tuvo a un Miquel como entrenador pero en este caso se trataba de Miquel Bonamic, con el que ganó su primer campeonato liguero. De eso ya han pasado unos años, pero a Arnau no se le olvida sus raíces e intenta siempre estar con los pies en el suelo, clave en el mundo del fútbol actual donde se mueven cifras desorbitadas. Si no puede triunfar de futbolista, en su cabeza ya rondan algunas ideas para dedicar su vida. Eso sí, el deporte reina entre sus preferencias con las profesiones de preparador físico o fisioterapeuta aunque tampoco descarta ser abogado. 

Como futbolista, Arnau destaca en la salida de balón y en su rapidez al corte. Lo decíamos al principio, sabes que si va al suelo, se lleva el balón. Sí o sí. El tiempo dirá donde está su límite pero en el MIC ya demostró que aún no ha tocado techo. Con el Cadete A se hizo el amo y señor del eje de la zaga y encandiló a todos los presentes. Promete.

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