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Albert Puig, trabajo en la sombra

Albert Puig sale poco en las fotografías pero es uno de los `culpables¿ de la buena salud del fútbol 7

Albert Puig, durante un partido
Albert Puig, durante un partido | FCB.

Para que el jefe pueda brillar necesita varios actores secundarios que trabajan a destajo semana tras semana para lograr los objetivos establecidos. Lo mismo ocurre en el Barça. Para que debuten jugadores de la Masia, en el primer equipo, se necesita un trabajo colectivo del que muy pocos se acuerdan a la hora de la verdad. Estamos hablando de los entrenadores del fútbol base. Esos que poco aparecen en los medios de comunicación pero que gracias a su formación se van curtiendo las nuevas generaciones. Uno de los ejemplos más claros de entrenador que acumula mucho trabajo y no sale en las portadas es Albert Puig. Se trata del subcoordinador del fútbol siete del Barça y entrenador del Benjamín C. Todos los que lo conocen te darán la misma definición de él: “es un enfermo del fútbol”. Y así lo ha sido siempre. Bien lo sabe su pareja Olga o sus mejores amigos Xavi, Gerard, EloiAlbert se desvive por el fútbol. Todo el día le da vueltas a nuevos sistemas, estrategias y demás para lograr que el fútbol siete del Barça siga siendo el mejor del mundo.

Lo suyo, a diferencia de la mayoría, no viene de cuna. Sus padres, Loli y Vicenç, no habían visto un partido de fútbol en su vida. No les interesaba. Fue cuando Albert ya tenía seis años cuando empezó a descubrir ese deporte en el que 22 personas iban a por el balón. Y lo hizo gracias a su tío Antonio, que era el presidente del CD Blanes y siempre repasaba la prensa deportiva para seguir la actualidad del Barça. Albert, cuando lo visitaba, siempre acudía al revistero de al lado del sofá para coger los periódicos y empaparse de fútbol.  De allí pasó a los terrenos de juego tras tres años como judoca. Un año de fútbol sala en el colegio fue la antesala de su debut en fútbol siete con ocho años. Allí estuvo hasta los 17 años, cuando tuvo que irse de Blanes a Barcelona para estudiar. Lástima que en esos años no tenía los conocimientos técnicos y tácticos del fútbol que tiene ahora porque habría sido otro tipo de jugador. Seguro.

En los banquillos, empezó en el CD Blanes. Eso era lo suyo. Imagínense sí lo tenía claro que a los diez días dejó la carrera de Magisterio en Educación Física para sacarse el nivel uno y dos de entrenador de fútbol. Era tan evidente que ese era su sueño que sus padres le dieron todo su apoyo. Así leído parece algo normal pero si su hijo de 17 años les dice que deja la universidad para estudiar como entrenador ya no parece tan sencillo. Pero ese curso fue la clave de todo. Allí conoció a Josep Gumbau y Mike Puig y ellos le llevaron a la FCB Escola. Tres años de vivencias fueron más que suficientes para que su tocayo Albert Puig, en ese momento responsable de la Masia, le llamara para que entrenara al fútbol base del Barça. Dicho y hecho. Empezó al lado de Jordi Puig, que también fue clave. Después pasó a ser segundo de Cristian Catena, con el que se demuestra que el fútbol te deja las mejores amistades. Tras ello, Marc Serra le pasó a primer entrenador. Aucumula siete temporadas en benjamines con unos resultados excelentes que le hacen estar en la ‘pole position’ para coger más responsabilidad. Se lo ha ganado.

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