La cruzada evangélica

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Las iglesias evangélicas ven en el fútbol brasileño un vehículo eficaz de propaganda en su proselitismo insaciable.

La teoría de la prosperidad cautiva a los jugadores: si hay esfuerzo y determinación llegará la recompensa divina

Wesley celebra la consecución de la última Copa Libertadores
Wesley celebra la consecución de la última Copa Libertadores | César Creco /SEP

Jesucristo volvió a hacer pleno en 2021. Ganó la Libertadores, el Brasileirao, la Copa do Brasil, el Campeonato Paulista, el Carioca, el Gaucho, el Mineiro, el Pernambucano... y ahora vencerá ‘la Copinha’. No importa el equipo, el torneo o la categoría, en cada título conquistado, los campeones atribuyen su éxito a Dios y a Jesús (que no la Virgen y los Santos) porque fue quién los guio y les dio fuerzas para dirigirlos hasta la victoria final. Nunca hubo, hasta ahora, tamaña intensidad y uniformización en la modulación del discurso religioso.

El fútbol brasileño nunca ha sido laico. Todos los equipos terminan su preparación con un círculo motivacional en el vestuario rezando a grito pelado un padrenuestro, con un fervor, una pasión y un ritmo que parece más un cántico desde la grada que una oración. Aquí no importa quien crea o no. La cuestión es que la cruzada evangélica, que impregna a todos los sectores de la sociedad, utiliza la visibilidad del balón como un vehículo muy eficaz de propaganda en su proselitismo insaciable.

Diferentes estudios indican que un 30% de la población brasileña es evangélica, en todas sus vertientes, y se calcula que, en diez años, superarán a los católicos. No hay encuestas, pero en el fútbol ya es mayoría, principalmente los neopentecostales, que son una de las bases de apoyo más fiel a la ultraderecha de Jair Bolsonaro y que jugarán un papel clave en las presidenciales de octubre. 

La llamada teología de la prosperidad cautiva a los futbolistas. Una doctrina que asegura que la bendición financiera (en una defensa explícita de los valores del capitalismo) y el éxito son consecuencias de un deseo divino. Este postulado cae como anillo al dedo en los deportistas: si hay esfuerzo individual, determinación, sacrificio llegará la recompensa. Por eso, todos los éxitos son dedicados al Creador. 

¿ALGUIEN PARA AL TSUNAMI EVANGÉLICO?

Nadie se atreve a confrontar la ola evangélica. Y quien lo hace, como el actor Paulo Betti, utiliza el peor ejemplo posible que acaba generando un efecto boomerang. El dramaturgo criticó “el blablablá sobre Dios” del portero del Palmeiras y de la Seleçao, Weverton (un evangélico fervoroso), después de ganar, en noviembre, su segunda Libertadores consecutiva. “Aquella escena rezando antes de empezar el partido, me hizo recordar al portero Bruno (Flamengo), que rezaba en el Maracaná y después mató a una chica y la tiró a los perros. Explica mucho lo que es Brasil”, dijo Betti, que tuvo que pedir lógicas disculpas al instante.

Lo de los Atletas de Cristo, surgido em los 80, con Baltazar como uno de sus exponentes era algo aislado, residual, casi anecdótico. El denominado ‘Artillero de Dios’, pichichi de LaLiga en 1989 con el At. Madrid y de la Segunda División con el Celta de Vigo, entregaba una Biblia al central que lo cubría.

Llegaría Marcelinho Carioca (que fracasó en el Valencia), un caradura que celebraba los títulos del Corinthians con la cinta de “Jesús” en la cabeza, después la generación de Lucio, que instauró cultos evangélicos en la concentración de la Seleçao, y el blaugrana Edmilson… y Kaká, que aseguró que se casó virgen para consagrar el matrimonio. 

Neymar, número 1 en Brasil, en sus orígenes, se posicionó como un futbolista evangélico, celebraba sus triunfos en el Santos con la cinta capilar de “100% Jesús”, pero la acabó encajonando, hasta que la sacó en 2015, en Berlín, cuando ganó con el Barça la primera y última Champions de su currículum. En este 2022, que determinará para siempre su carrera, puede aparecer de nuevo si alcanza su tan anhelado segundo centro europeo y el ‘Hexa’ en Catar. Que nadie lo dude.

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