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Adiós al "Fútbol gratis para todos" en Argentina

Esta semana se dio a conocer que Jorge Milton Capitanich, jefe de Gabinete del gobierno argentino,  tiene planeado abrir el fútbol para todos, al mercado y a las empresas privadas, dejando de lado el modelo propagandístico y económicamente inviable en el cual se vio sumergido desde que el estado tomo las riendas de un deporte que genera ganancias millonarias.

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Argentina es un caso único en el mundo. Desde hace más de 6 años la agencia de marketing deportivo “Euromericas Sport Marketing” viene haciendo diferentes relevamientos sobre la situación argentina: la exportación de jugadores (primeros en el planeta), las deudas millonarias de los clubes, los exorbitantes gastos del gobierno en el programa Fútbol Para Todos (que en principio doblaban las cifras que invertía del anterior contrato y hoy lo sextuplica), como semestre tras semestre lo que se gasta es más y más, entre otros informes. Entre silencios y desmentidas, por parte del gobierno y los dirigentes de los clubes (grandes beneficiarios), nada parecía hacer eco, todo parecía funcionar muy bien y… ¡Gratis!

Pero la falsa gratuidad empezó a socavar sus propias bases. Así fue como la situación de varios equipos de primera división se fue desgastando más y más. Primero fue el turno de River Plate y luego Independiente, donde las cuentas figuraron de un rojo más intenso que el de otras entidades. Hoy la plaga se expandió y se está alcanzando la desesperación. Tal es el caso de All Boys y Colon de Santa Fe, donde incluso los jugadores se declararon en huelga. ¿Lo extraño? Los clubes siguen liquidando jugadores como nunca pero las deudas siempre van hacia arriba. La pregunta, entonces, es: ¿Dónde están los 4.000 millones de pesos que el gobierno lleva gastado?

Pero la aceleración en la fuga de jugadores al exterior y el gasto exorbitante, valga la redundancia, que nunca se va a recuperar, no fue lo único que nos regaló el programa gubernamental: los negociados de los barra bravas con la AFA, los clubes y el gobierno no solo no se combatió o trato, sino que hoy no hay ninguna seguridad garantizada cuando se asiste a un partido. El único antídoto a este problema fue, una vez más, un parche: No más seguidores visitantes.  Esta medida es un grito de desesperación de un país que dice “no podemos controlar ni garantizar la seguridad de miles de hinchas a causa de unos cientos”. El problema no parece ser estratégico sino más bien estructural: ¿Cómo van a atender el problema de los barra bravas si para la presidente son solo “muchachos apasionados” tanto que “están de espaldas al partido”? (haciendo alusión explícitamente a personas que probablemente participen en todo tipo de actos delictivos). Lo más importante es que, no solo los hinchas no pueden ir a la cancha sino que esto representa un golpe a las economías de los clubes. Afecta directamente a su recaudación.

Pero los números no mienten y ante la desesperante situación del fútbol argentino, los mismos dirigentes que avalaron el programa, ahora cambiaron su parecer y entienden que es necesario reestructurar el modelo de negocio permitiendo la inversión de las empresas privadas. De repente, todo parece quedar en el pasado y Capitanich pasa a ser el Florentino Pérez argentino que quiere perseguir a los clubes para que cumplan el presupuesto, permitir la publicidad privada y, encima se analiza que, para algunos, sea de pago. ¿Qué pasa ahora con las convicciones que llevaron a este acto de desesperación? ¿Cómo es la relación cultura, bien público, y empresas privadas? 

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