Informe SPORT
RCD ESPANYOL
Las claves que explican la debacle del Espanyol en 2026
El cuadro de Manolo González ha pasado de firmar una primera vuelta estratosférica a protagonizar una más que lamentable segunda parte del campeonato

Manolo González, durante el Barça-Espanyol / Valentí Enrich
Tiempos pasados siempre fueron mejores... Y si no, que se lo digan al RCD Espanyol. Los de Manolo González concluían el 2025 con diez victorias (cinco consecutivas) y tan solo cuatro derrotas, convirtiéndose así en uno de los mejores equipos de Europa. Ahora, cuatro meses después, los blanquiazules suman... las mismas diez victorias, cinco empates más y un total de trece derrotas. La salvación, que parecía prácticamente sellada en enero, se ha complicado de lo lindo y la zona de descenso ya asoma en el horizonte a seis puntos.
FC Metz (0 victorias, 4 puntos), MFK Karvina (1 victoria, 4 puntos) y RCD Espanyol (0 victorias, 5 puntos). El cuadro perico es ya el tercer peor equipo de todo el continente a 15 de abril. A ese punto ha llegado el conjunto catalán, que se ha descompuesto en un 2026 terrorífico en el que tan solo ha cosechado 5 puntos de 42 posibles, enlazando catorce jornadas consecutivas sin conocer la victoria. Pero, ¿cómo se explica que el equipo revelación de LaLiga se haya transformado de un día para otro en el equipo decepción?
¿Dónde queda la solidez defensiva?
La gran diferencia entre el Espanyol de la primera vuelta y el de la segunda se explica, en buena medida, por el derrumbe de su fiabilidad defensiva. El conjunto perico construyó su excelente arranque desde el orden y la solidez atrás. En el primer tramo de curso llegó a encadenar hasta tres partidos sin encajar y cerró ese periodo con unos números muy competitivos, como reflejan los 17 goles recibidos de septiembre a diciembre en 17 jornadas, cifras propias de equipo aspirante a Europa.

Leandro Cabrera, defensor del Espanyol, durante el partido ante el Valencia / RCDE
Sin embargo, ese muro se ha desmoronado por completo en 2026. El equipo ha pasado de ser fiable a convertirse en un bloque vulnerable, ya que tan solo ha logrado dejar la portería a cero en un partido (Betis, cuando Dmitrovic igualó las ocho porterías a cero de Joan García el curso pasado) de los catorce disputados en el nuevo año, una caída drástica que explica su desplome clasificatorio. Los datos también evidencian esa regresión con 31 tantos recibidos en 14 partidos desde que comenzase el nuevo año. En ese sentido, el Espanyol encaja una media de 2,3 goles por partido en la segunda vuelta del curso liguero, números muy alejados de los registros del primer tramo de la temporada.
Más allá de los números, la tendencia es igual de preocupante. El equipo recibe gol en la gran mayoría de encuentros (ha encajado en 23 partidos de la temporada) y además lo hace cada vez más pronto, lo que le obliga a remar constantemente a contracorriente. Esta pérdida de consistencia en las áreas, sumada a errores individuales y menor contundencia en duelos defensivos, ha convertido lo que era una de sus principales fortalezas en el origen de la crisis actual.
¿Y el balón parado?
Muy relacionadas con la solidez defensiva, pero a la vez merecedoras de un análisis muy concreto son las situaciones a balón parado. Y es que el Espanyol ha sido protagonista en los dos extremos de la estadística. Durante toda la primera vuelta, la pizarra de Manolo González era muy temida por todos los rivales y, de hecho, el cuadro perico sigue siendo el tercer equipo con más goles a balón parado de LaLiga (12 entre córners, saques de falta y penaltis).
Sin embargo, prácticamente todos (11 de esos 12) llegaron cuando el calendario aún marcaba el año 2025. Fue en esa misma época cuando la conexión Edu Expósito-Cabrera rescataba puntos jornada tras jornada. Sin embargo, toda esa fiabilidad ofensiva se ha esfumado y, además, se ha convertido en debilidad defensiva. ¿Cómo es posible que uno de los equipos más anotadores a balón parado del campeonato sea a su vez de los que más encaja en la misma circunstancia?

Edu Expósito trata de animar a la afición del Espanyol / Dani Barbeito
En lo que llevamos de 2026, es decir, 14 jornadas, el Espanyol ha encajado un total de 10 goles de estrategia (un tercio de los 31 totales). El último llegó en el Spotify Camp Nou, obra de Ferran Torres tras una mala salida de Dmitrovic y una floja marca de Carlos Romero. Por poner en contexto el dato, hasta el mes de enero los blanquiazules tan solo habían encajado 3 goles a balón parado, cifra que asciende ya hasta los 13 y lo que es peor: provoca una sensación de muchísimo peligro en cada córner o lanzamiento de falta del rival.
Los terroríficos arbitrajes
Hablar de arbitrajes cuando se atraviesa una racha de 14 jornadas sin ganar puede sonar a excusa. Pero nada más lejos de la realidad. El Espanyol es uno de los equipos más perjudicados de toda LaLiga por unas actuaciones arbitrales infames que le han costado muchos puntos y que han influido en la moral de un club incapaz de ganar. Estadísticas en mano, el Espanyol ha sido protagonista en las únicas tres ocasiones de toda LaLiga en las que un colegiado ha decidido mantener su opinión pese a ser avisado por el VAR. Y en las tres, la decisión ha ido en contra de los pericos, dos de ellas de forma consecutiva ante Mallorca y Getafe.

Los jugadores del Espanyol protestan la decisión del árbitro De Burgos Bengoetxea / RC
Solo en este 2026, el conjunto blanquiazul se ha visto gravemente perjudicado en seis partidos con errores que cambiaron por completo el resultado final. Empezando por los dos penaltis señalados al Girona y siguiendo por el 'penaltito' validado al Valencia tras una clara falta previa que el propio CTA admitió; por el gol anulado a Omar El Hilali (era el 0-1) en La Cerámica en la siguiente jornada por una supuesta falta por un leve contacto idéntico no señalado en jornadas anteriores; y por el penalti no pitado sobre Omar El Hilali ante el Real Oviedo.
La guinda del pastel, además, llegó ante el Mallorca, con la famosa patada de Samu Costa admitida por el CTA pero que De Burgos Bengoetxea no quiso ver/señalar incluso habiéndola visto en el VAR. Todo ello una jornada antes de que el árbitro del Espanyol-Getafe decidiese no pitar un penalti por manos que el VAR sí consideraba punible.
Bajón generalizado de plantilla y entrenador
Si analizamos nombre por nombre, ni un solo jugador se salva del suspenso en 2026. Quizás Urko González y Kike García. Pero la plantilla en general ha protagonizado un bajón que se traduce luego sobre el césped en baja intensidad, poca capacidad de desborde, inseguridad bajo palos, falta de efectividad en ataque y la mencionada ausencia de solidez defensiva. Y lógicamente con Manolo González como primer responsable: el equipo se le ha caído y el gallego no ha sido capaz de devolverlo a su máximo nivel, como tampoco de encontrar la clave táctica (ni en las alineaciones ni en los cambios) que permita asegurar la primera victoria de la segunda vuelta.

Manolo González, durante el Espanyol-Getafe / Dani Barbeito
Empezando por la portería, Dmitrovic ya no transmite la misma seguridad que antes. Sería injusto no hablar del partidazo en La Cartuja, pero precisamente esa fue la única portería a cero del 2026 tras las siete anteriores en 2025, seguida luego por una mala actuación en el Camp Nou. En defensa no se salva nadie, con Cabrera, Calero y Riedel incapaces de ganar duelos y concediendo balones con fallos inexplicables, con Omar El Hilali muy alejado de su versión 24/25 y con un Carlos Romero que ha pasado de ser el mejor lateral de LaLiga a uno con errores defensivos y con menos conducciones, llegadas e internadas ofensivas.
En el centro del campo, Pol Lozano ya no es esa pieza indiscutible para Manolo González que aportaba equilibrio a la medular, mientras que la brújula de Edu Expósito ya no siempre marca el norte. El de Cubelles ha sido siempre el termómetro del equipo. Si él está bien, el equipo funciona. Y no lo hace. No en vano por Edu pasan todas las acciones ofensivas del Espanyol. Por su parte, Pickel sigue sin despegar (ya no parece que vaya a hacerlo) y Terrats, aunque haya mejorado su versión, sigue sin demostrar las cualidades que le definieron como un futbolista diferencial en el Getafe.

Roberto Fernández, frente al Real Oviedo / RCD ESPANYOL
Y en ataque, Ngonge sigue sin ser determinante, Dolan no suspende pero tampoco sobresale, Jofre y Antoniu ni siquiera son capaces de ganarse más oportunidades y Roberto Fernández parece haber perdido todo el gol que provocó su fichaje por el Espanyol en verano a cambio de 6,2 millones de euros por el 50% de sus derechos. Finalmente, ni rastro de aquel Pere Milla que asumió el peso ofensivo en 2025 y que ha perdido incluso la titularidad. De hecho, su último gol data del 22 de diciembre, precisamente en la última victoria del Espanyol en LaLiga. Y aun así, ninguno de los otros delanteros ha logrado superarle en goles.
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