24 horas con Laporta: carismático e ilusionante

Sus colaboradores le ven con la misma fuerza del 2003... pero con mucha más experiencia

Quiere repetir la experiencia con la intención de recuperar al mejor equipo del mundo

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Joan Laporta vive en la Diagonal de Barcelona desde hace años. En un ático muy cercano al Camp Nou. Desde allí, antes de la campaña se desplazaba andando hasta su despacho, muy próximo a la plaza de Francesc Macià y a la sede del Grupo Godó.

Me cita a las nueve en el restaurante Europa, donde suele desayunar. Están su amigo Fermín, que le prepara a diario una dieta vegana; Angoy, ahora entrenador del Horta; su hermano Xavi y su socio Xavier Arbós.

A las diez menos diez, Eduard Casanovas, que ya trabajó con Laporta cuando fue presidente, y que le sigue llamando presidente, le advierte que a las 10 tiene una entrevista en la sede electoral. Antes de salir se levanta a saludar a Oriol Junqueras, que casualmente pasaba por allí camino de la radio.

Subimos a la Vanette Mercedes alquilada, donde se incorpora Manana, su asistente, que ya no se separará de él durante todo el día. Laporta viste siempre de presidente. Es decir, con traje y corbata. Se compra la ropa en Santa Eulàlia pero no es marquista. Ni le importan los relojes ni la marca de zapatos ni los coches. En este sentido es un tipo muy normal. Le cuesta arrancar, pero cuando lo hace es imparable.

Laporta junto a Junqueras

| JAVI FERRÁNDIZ

De buena mañana tiene claro que quiere pasar por el peluquero. “Es solo para un repaso, pero son los únicos minutos que tengo para relajarme”. Llegamos a la sede, juega al futbolín, entrevista con TV3 y Sky, saluda uno por uno a todos los miembros de su candidatura, visita a La Boqueria, comida en el restaurante Los Caracoles, reunión semanal de estrategia en la sede, graba un anuncio y, por fin, a casa.

Juega el Barça. Laporta es más cercano incluso de lo que aparenta. Se emociona cuando habla de sus hijos y echa en falta ver los partidos o cenar con ellos. Uno vive en Andorra, otro en S’Agaró y el pequeño, al que más ve, en Barcelona. Eso sí, tiene mucha suerte con sus hermanos: Maite y Xavi son sus dos puntales.

Laporta, junto a su hermana

| JAVI FERRÁNDIZ

Le siguen, le observan y le dicen siempre lo que piensan. Se nota que les tiene mucho aprecio y se recrea explicándoles sus cualidades y su admiración.

En la sede empatiza con la presentadora de un programa de TV3, mientras la periodista italiana de SKY alucina con su simpatía y le cuenta que el día antes había estado con Gaspart y éste le había dado recuerdos para él… Y llega el plato fuerte.

Llegamos a La Boqueria. Solo entrar se escucha un ¡que no estamos tan mal! Laporta sonríe. En el mercado se siente como en casa. Las pescaderas parecen enamorarse del candidato y no hay parada que no le reclame. Fue un baño de masas. A carisma no le gana nadie. Antes de la comida se incorporan los miembros de su candidatura, Elena Fort y Jaume Giró.

Con Giró hay una cordialidad especial. Se necesitan y lo saben. Y sin un no para nadie nos vamos a ‘Los Caracoles’. A Laporta le brillan los ojos cuando Cristina Bofarull le recuerda que su padre era un cliente habitual.

En el restaurante me encuentro a un Laporta más relajado y me atrevería a decir que más centrado que nunca. Comemos muy bien, pero hay que seguir. Maite y Xavi me confirman que le ven con la misma fuerza e ilusión que en el 2003, pero con mucha experiencia acumulada. Eso sí, ese miércoles se saltó el régimen. Mucha suerte

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