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JUBILACIÓN

Jubilado de 42 años cotizados explica la depresión que sufrió tras dejar de trabajar: "La seguridad financiera no te da un propósito en la vida"

El jubilado reconoce que la rutina de su trabajo le aportaba identidad, responsabilidad y decisiones diarias, algo que echó en falta tras dejar su puesto

Un jubilado aleatorio

Un jubilado aleatorio / SPORT.es / YouTube (@ciudadano-medio)

Xavi Espinosa

Xavi Espinosa

La jubilación es una etapa que todo el mundo espera con ganas. Es el fin del ciclo de la etapa laboral, en la que descansas del trabajo para siempre para dedicarte a ti mismo durante los últimos años de vida.

Se suele considerar una época de tranquilidad y descanso. Algunas personas experimentan un vacío al perder la rutina laboral, e incluso echan de menos la sensación de ser útiles y productivos que les proporcionaba su empleo.

Este es el caso de un hombre que trabajó durante más de 35 años como supervisor en una empresa aseguradora. Al retirarse, lejos de sentirse pleno, atravesó una profunda crisis personal. Para él, dejar de trabajar significó también perder una parte importante de sí mismo.

La estabilidad económica no era suficiente

Durante toda su vida laboral, su ocupación definía quién era. Tenía responsabilidades, tomaba decisiones importantes y formaba parte activa de un entorno que dependía de él. Esa estructura diaria le daba sentido a su día a día y reforzaba su identidad.

Al inicio de su jubilación, todo parecía positivo. Disfrutaba del tiempo libre y de la ausencia de obligaciones. Sin embargo, con el paso de los días, comenzó a sentirse desorientado. Llegó un momento en el que perdía la noción del tiempo y buscaba excusas para salir de casa, simplemente para tener algo que hacer.

También reflexionó sobre el papel del dinero en esta etapa. Aunque contaba con estabilidad económica, entendió que esto no era suficiente para sentirse realizado. La seguridad financiera no reemplaza la necesidad de tener un propósito que dé sentido a la vida cotidiana.

Intentó mantenerse ocupado apuntándose a distintas actividades como golf, caminatas o grupos de lectura. A pesar de ello, sentía que solo llenaba su agenda con tareas que no le aportaban una verdadera satisfacción personal. Era actividad sin significado.

Perdió la motivación

Con el paso del tiempo, la situación se agravó. Alrededor del sexto mes de jubilación, comenzó a experimentar síntomas de depresión. Su mayor dificultad era encontrar una motivación para levantarse cada mañana y comenzar el día.

Curiosamente, fue su perro quien le ayudó a salir adelante. Los paseos diarios con su mascota le devolvieron una rutina y le permitieron reconectar poco a poco con el entorno. Gracias a estos pequeños hábitos, logró recuperar cierto equilibrio y volver a sentirse parte del mundo.