Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

ECONOMÍA

Daniel Lacalle, economista: "Los salarios han subido un 17% pero la inflación..."

Aunque la economía española muestra crecimiento, la inflación y la subida de precios en la cesta de la compra reducen el poder adquisitivo de los ciudadanos, generando frustración

Daniel Lacalle, sobre la economía española y la falsa percepción que propagan las principales instituciones

Daniel Lacalle, sobre la economía española y la falsa percepción que propagan las principales instituciones / SPORT.es

Xavi Espinosa

Xavi Espinosa

Los datos del INE confirman la solidez de la economía española, con un crecimiento del PIB del 0,6% en el tercer trimestre de 2025, impulsado por el consumo y la inversión, aunque ligeramente más lento que el trimestre anterior, consolidando una previsión anual del 2,9% y mostrando una fuerte demanda interna frente a un sector exterior que resta, reforzando la visión de fortaleza macroeconómica a pesar de la desaceleración en el crecimiento interanual al 2,8%.

Sin embargo, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) no se traduce en una mejora real para todos los ciudadanos, ya que la inflación, especialmente en vivienda y alimentos (la cesta de la compra), reduce el poder adquisitivo y genera presión sobre los presupuestos familiares, creando una sensación de estancamiento o retroceso económico a pesar de las cifras macroeconómicas positivas. 

La distancia entre los grandes indicadores macroeconómicos y la economía del hogar ayuda a entender por qué muchos ciudadanos sienten que las cifras oficiales no reflejan su día a día. Aunque España encadena varios trimestres de crecimiento y mantiene datos positivos de actividad, ese avance no se reparte de forma homogénea. Salarios, ahorro y capacidad real de compra no evolucionan al mismo ritmo, lo que genera frustración. Así, el desafío de cara a 2026 no consiste solo en mantener el aumento del PIB, sino en lograr que ese progreso se note de verdad en el nivel de vida de la mayoría.

¿Por qué los datos oficiales hablan de bonanza?

El economista Daniel Lacalle, una de las voces más seguidas en redes sociales dentro del análisis económico, abordó esta cuestión en el programa El Análisis en la Economía 24h. Según explicó, el consumo total avanza en torno al 4%, impulsado principalmente por la inflación y por un fuerte tirón del turismo. Sin embargo, advirtió que el consumo por persona, ajustado a precios reales, apenas mejora en comparación con el crecimiento del PIB, lo que puede ocultar debilidades estructurales.

"El consumo está creciendo al 4%, que es literalmente el efecto del aumento de la inflación más el efecto de un aumento del turismo muy importante, pero el consumo per cápita en términos reales no está mejorando en nada comparado con lo que está creciendo el PIB", afirma.

Lacalle también señaló que muchas estadísticas se basan en cifras agregadas distorsionadas por el aumento general de precios. "Cuando están utilizando constantemente entornos agregados que vienen muy inflados por datos de inflación, porque claro si sube el precio de la carne un 30% y el deflactor del IPC es el 4% sabes lo que pasa", cuestiona a uno de los integrantes del debate que está teniendo lugar. En este sentido, la diferencia estadística revela unas problemáticas que no son aparentes en los datos pero sí en el día a día del ciudadano medio. "Efectivamente el consumo está creciendo pero la mayoría de las familias están consumiendo lo mismo o menos a precios superiores", dice el experto.

A esta situación se suma la evolución desigual de los salarios. El economista subrayó que, pese a que los sueldos han crecido en términos nominales, ese incremento no ha compensado el alza acumulada del coste de la vida. En consecuencia, el poder adquisitivo real de muchos trabajadores se ha reducido, alimentando la sensación de pérdida pese a los mensajes positivos.

La brecha entre números y realidad cotidiana

La percepción ciudadana refuerza esta idea de desconexión. Mientras se habla de récords de empleo, muchas personas siguen teniendo dificultades para encontrar trabajo o para llegar a fin de mes. El encarecimiento de productos básicos como alimentos frescos ha obligado a recortar consumo, lo que refleja una presión directa sobre los hogares que no aparece con claridad en los grandes titulares económicos.