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Santiago Varela, el jefe de pista que desafía a los mejores jinetes del mundo

"Hay que meterse en la mente del caballo, y el jinete que se busque la vida. Yo no pienso en el jinete, pienso en el caballo", confiesa el jefe de pista de CSIO Barcelona

Varela, en el CSIO Barcelona

Varela, en el CSIO Barcelona / N. Olano

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Dos corazones y dos mentes. Cuando Santi Varela, uno de los mejores jefes de pista del mundo, diseña un recorrido lo hace con esta premisa: qué piensan y qué sienten el caballo y el jinete. El responsable del diseño de los recorridos del CSIO Barcelona, incluidos el GP Ciudad de Barcelona y la prestigiosa Copa de Naciones, así como de las pruebas de saltos en los Juegos de Tokio y París, se define como un perfeccionista y un apasionado de su trabajo. Sus trazados son reconocibles porque llevan su sello. Y el sello de Santi Varela es hacer las cosas con la misma ilusión del primer día.

-Para empezar, ¿nos puede explicar qué es un jefe de pista?

Pues es un tarado -ríe-. Un jefe de pista es el que diseña el trazado y las dificultades de una prueba.

-¿Y qué es lo más importante para diseñar un trazado?

Tener sentido común y pensar qué van a hacer los caballos. Hay que saber cómo van a reaccionar y cómo los jinetes van a buscar una solución natural para cada obstáculo.

-¿Hay que meterse en la mente del jinete?

No, hay que meterse en la mente del caballo, y el jinete que se busque la vida. Yo no pienso en el jinete, pienso en el caballo.

-¿Cómo ha elaborado los recorridos del CSIO Barcelona?

En realidad, a la hora de elaborar un recorrido tengo menos margen de lo que la gente piensa. Hay que adaptarse al rango del concurso. Por ejemplo, en la final del GP Ciudad de Barcelona, están los súper primeros jinetes y los súper primeros caballos. Hay que mirar la lista de participantes y luego irse adaptando en función de cómo están saltando y resolviendo problemas a medida que avanza el concurso. Las pruebas de ranking se supone que tienen que ser parecidas, pero no siempre es así porque influyen muchos aspectos: las condiciones meteorológicas, la pista, la ciudad, la hora en que se corre… Esto no son matemáticas. Nuestro trabajo debe tener en cuenta un montón de factores con un objetivo único: que haya un bonito espectáculo.

-Que la gente disfrute…

En el contrato de un jefe de pista debería constar: usted está aquí para que los caballos salten bien. Has de conseguir el mejor espectáculo posible sin que haya una mala foto. Este es un deporte de gran precisión, lo que se juzga es el acoplamiento y la concentración entre jinete y caballo. Este es el único deporte que hacen dos cerebros y dos corazones a la vez. Y tú juzgas a la pareja.

-¿Qué pasa si se diseña un recorrido erróneo?

Tú no puedes corregir nada. Una vez hecho el trazado, ya está. Nadie lo prueba antes, yo abro el melón y si sale el pepino, pues me lo como. Si sale mal, sale mal para los 40 caballos que participan. Si yo o mi equipo cometemos un error, nos ven 40 veces; cada vez que salta el caballo, ven que nos hemos equivocado. Es un castigo durísimo.

-Imagino que a medida que se diseña, se va errando y corrigiendo…

Cuanto más sabes, más aprendes, pero cuando te crees que eres alguien, la pista te pone inmediatamente en tu sitio. Hay gente que dice que somos artistas. No. Somos trabajadores y técnicos. El día que sientes que no has aprendido nada en la pista, te tienes que ir a tu casa y no volver.

-¿Hay que arriesgar o ser convencional?

Llevo 40 años poniendo recorridos y obviamente tengo experiencia, pero hay momentos en que tienes que arriesgar. Yo el día que más arriesgué fue en las dos finales olímpicas. Este verano, en la final en París, tenía que ponerme en este límite porque por lo menos había 14 parejas que podían hacer medalla de oro. Allí hay que ponerle estómago. Fui a un límite al que nunca había ido, estaban saltando a un altísimo nivel, las condiciones del clima y la pista eran excepcionales y en ese marco tomé decisiones la noche anterior arriesgadas y al día siguiente me dije, desde el primer salto: hoy todo va a salir bien.

-Y salió más que bien…

Cuando te pasa algo así en la vida, te vas a casa, das gracias a Dios y te acuerdas el resto de tu vida. Salió todo perfecto en la final de unos Juegos Olímpicos. Yo miraba por todos lados y pensaba: esto es un sueño y no me quiero despertar. Y ahora estoy aquí en Barcelona, acabo de poner el recorrido de los ponis, y lo he puesto con la misma ilusión que el día de la final de París.

-El GP de Barcelona ha salido también perfecto,¿no?

Salió un Gran Premio súper bonito. Y encima en casa, porque yo en Barcelona siempre me he sentido en casa. Para mí sigue siendo el mejor Gran Premio del año.

-¿Se puede intuir con antelación si una prueba va a ser un éxito?

Que va a ser un éxito no lo sabes hasta que acaba. Todo puede cambiar en una décima de segundo. Hay que tener la concentración siempre: antes, durante y después de poner los obstáculos para que no se te escape nada. Es verdad que yo soy muy pesado con los detalles. Pero yo quiero que salga todo perfecto.

-¿Todo influye en un recorrido? ¿Incluso el color de los obstáculos?

Absolutamente todo. Y cosas que has puesto mil veces de repente un día no funcionan. Tú pones el mismo recorrido en un mismo sitio, con los mismos colores, en la misma pista, la misma ciudad y en dos días distintos y te sale diferente: los caballos saltan distinto si el clima es plomizo o soleado, o si hay viento, y el grado de humedad afecta a la elasticidad y la flexibilidad… los caballos lo notan todo.

-¿Cada jefe de pista tiene su propio sello?

Sí. Al final cada uno pone el trazado de una determinada manera y los movimientos pueden ser parejos, inconscientemente. Mis recorridos la gente los distingue, igual que los de Juliano, Frank o Allan se reconocen. A veces quieres innovar, pero en esencia los jinetes son capaces de reconocerte.

-¿Le queda algún reto pendiente?

La ilusión de mi vida era, cuando empecé, poner el concurso de Madrid en el Club de Campo, que es mi casa. Me lo dieron en 1998 pero ese mismo día me casaba, así que me fui a casar después de poner la pista… Y siempre pensé que era lo más alto a lo que podía llegar. Y desde hace 40 años, tengo la misma ilusión que ese primer día. Nunca pensé que podría poner unos Juegos Olímpicos. Así que mi único reto pendiente es seguir disfrutando.

-¿Hay cantera en España para seguir sus pasos?

Sí. Hemos creado una gran cantera y la gente de arriba ha ayudado a los de abajo. Tenemos al menos cinco diseñadores para poner concursos de cinco estrellas por el mundo. Hay un grupo de chavales, en Barcelona, en Madrid y en el Sur, que son muy especiales, con un feeling muy especial, que los ves y te quedas sorprendido de su calidad. Este es un trabajo en equipo donde todos son importantes.

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