Ona Carbonell, la niña que dormía haciendo el 'spagat'

Àngels Fàbregues

De repente Ona Carbonell ha entrado en nuestras vidas. Se ha convertido en la gran protagonista del Mundial de Barcelona consiguiendo estas siete medallas soñadas. Seguramente ya las soñaba cuando era niña y sus padres la encontraban durmiendo haciendo el 'spagat'. Su elasticidad estaba escribiendo su futuro. Hija de dos médicos, Jordi Carbonell, reumatólogo, y Montse Ballestero, traumatóloga, Ona nació dos años después de su hermano Max, a quien adora y con quien está unidísima. Es su hermano, pero también su amigo y confesor.

Sus madre tenía muy claro que sus hijos tenían que aprender a nadar de bebés. Veranear en Menorca significaba mar y era la mejor manera de evitar accidentes en el agua. Tanto nadaba Ona que a los siete años ya volvía nadando de sus paseos en barca con los amigos de sus padres en Sa Caleta. Su alta disciplina ya de niña, su perfeccionismo, que lleva sin complejos y una vida familiar muy estable eran los pilares de su personalidad. Tranquila, reflexiva, estable, Ona sabe leer muy bien la realidad, jamás exagera una virtud, una idea o un defecto. Todo en su entorno lo valora en su justa medida. Y los focos no le deslumbran. Sus medallas cuelgan de un colgador en su habitación y las más importantes están en un cajón bien guardadas. Así es ella.

De pequeña ya discutía con sus padres porque se quejaban de que acababa muy tarde de entrenar y salía mojada, pero ella quería más. Tanto es así que cuando las otras se marchaban ella se quedaba sola en la piscina. Un día una tormenta de truenos y relámpagos la sorprendió sola en la piscina exterior del CAR de Sant Cugat, su segunda casa. Tenía 15 años. Ese día se asustó.

Se cuida como nadie. Sabe que su estética y la plástica son vitales en su trabajo. Jamás ha tenido un trastorno de alimentación, su delgadez es producto de su genética, del esfuerzo diario y de que come sano, algo que Montse, se madre, ha inculcado a sus hijos desde pequeños. El soporte de su familia ha sido determinante en su vida, pero era la propia Ona quien exigía a sus padres este apoyo que necesitaba para conseguir su objetivo. Su novio, Pablo, es también ahora un punto de apoyo en esta nueva etapa donde tiene el papel de líder del equipo.

Ona es más que una nadadora, es una chica alegre, sigue siendo amiga de sus primeros amigos y el pasado verano cumplió un sueño. Se marchó a la India a conocer a la niña que tiene apadrinada desde hace años de la Fundació Vicens Ferrer, Johti. Regresó emocionada. Le hubiera encantado traérsela. 

cerrar
Sport

SPORT.es

Descarga gratis la app en tu móvil