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Entrevista | Maria Segura y Patricia Llabrés Jugadoras de voleibol

Maria Segura y Patricia Llabrés: “Fuera nos respetan… y aquí falta visibilidad”

Dos de las jugadoras más importantes del voleibol catalán pasan por el programa '+Volei' de SPORT para cerrar el año 2025

+Volei 3x04 | L'entrevista a Maria Segura i Patricia Llabres / SPORT.es

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Maria Segura y Patricia Llabrés son dos de las jugadoras insignias del voleibol catalán y español. La mejor punta y a la mejor líbero de Catalunya acuden al programa '+Volei' de SPORT para cerrar el año 2025 y para hablar del pasado, presente y futuro, así como de su experiencia en el Mundial de Voleibol Femenino 2025, que terminó con la retirada de Maria Segura y con un partido ganado ante Bulgaria.

¿Recordáis el día que os conocisteis?

Patricia Llabrés: Hace años… y es curioso porque no coincidimos ni en la Blume ni en la selección al principio, porque nos llevamos cuatro años. Creo que nos conocimos más por aquí, por Barcelona, por el ambiente del voleibol y los clubes, antes de coincidir en la selección.

Maria Segura.: Sí, y cuando de verdad hicimos piña fue ya en la selección española.

Ahora lleváis muchos años compartiendo muchas cosas.

M. S.: Yo empecé con la selección con 19 años… y tú tenías… (ríe) iba a decir 30, pero no. ¿22 o 23?

P.L.: 23. Nos llevamos cuatro.

Patricia, ¿cómo presentarías a Maria Segura?

P. L.: Es una persona que siempre se hace notar, no solo por su talento deportivo. Como persona es súper divertida, muy cercana, y de esas que siempre apetece tener alrededor.

Maria, la misma pregunta con Patricia.

M. S.: Es alguien con quien llevo muchísimos años compartiendo cosas. Es leal, cercana, siempre tiene un buen consejo y sabes que será honesta y realista. Y también es muy divertida. Es una persona a la que siempre quiero a mi lado, tanto en lo profesional como en lo personal.

Hablemos del pasado. No compartisteis etapa en la Blume, pero las dos pasasteis por allí. ¿Qué representa la Blume en vuestra carrera?

P. L.: Muchísimo. Es la oportunidad de aprovechar los recursos: invertir horas de entrenamiento, de conocimiento, de trabajo… Yo creo que es imprescindible para las jugadoras y para el futuro del voleibol.

M. S.: Para mí es un antes y un después. Hay una Maria de antes de la Blume y otra de después. Ahí entiendes que “esto va en serio”. Si realmente quieres dedicarte, tienes una oportunidad única. Y además creo que el voleibol español se está nutriendo ahora mismo de la Blume: están saliendo jugadoras con muchísimo futuro y cada vez se está profesionalizando más.

¿Qué tal fue salir de casa tan jóvenes? Esa primera experiencia, ¿cómo se vive?

P. L.: Fue dura. Yo entré con 15-16 años, y el cambio de horarios y de rutina es grande. Entrenas mucho, estudias, pero la prioridad pasa a ser el entrenamiento. Es como pasar de una vida “normal” a una vida enfocada al voleibol. Te cambia todo.

M. S.: Yo fui externa, así que lo viví distinto. Estuve dos años y, como estaba en casa, se hace más llevadero. Pero luego, cuando sales fuera, ahí sí que cambia todo.

Hablemos de la Navidad. ¿Cómo condiciona vuestra vida?

M. S.: Mucho. De hecho, esta Navidad será el primero que puedo pasar entero en casa. Creo que son 11 años sin poder hacerlo.

P. L.: Sí, normalmente tienes tres días, vuelves a entrenar, concentraciones de selecciones, el club… Siempre hay algo.

En todo ese camino, ¿qué papel ha tenido la familia?

P. L.: Fundamental. Cada familia es un mundo, pero en mi caso siempre han respetado lo que yo quería hacer y me han apoyado. Eso sí: “si quieres jugar a voleibol, tienes que estudiar”. Y eso lo he seguido siempre.

M. S.: Yo no habría podido hacer todo lo que he hecho sin ellos. Me ponían límites: si no aprobaba, no iba al Campeonato de España. Y lo necesitaba. Además, la familia vive esto muchísimo: celebran las victorias más que nadie y las derrotas también las sufren mucho. Y cuando te retiras, la familia también se retira un poco, porque su rutina era verte cada fin de semana.

¿Sois conscientes de que sois referentes?

M. S.: Me he dado cuenta tarde. Nuestro deporte es muy cercano y no somos figuras tan públicas, pero a través de redes sí notas el impacto. Con la retirada recibí muchísimos mensajes, fue abrumador, y ahí es cuando te das cuenta de lo que has significado.

P. L.: Yo también creo que no somos de “fliparnos”. Trabajamos, competimos, y no piensas en la repercusión. Pero es verdad que ahora recibes mensajes incluso de familias y te das cuenta de que influyes y de que eres un referente.

Después de llegar a la élite, ¿qué es más difícil: llegar o mantenerse?

P. L.: Mantenerse.

M. S.: Mantenerse, sin duda. Te exige disciplina, sacrificio y trabajo durante muchos años. Es un ciclo constante de club-selección-club-selección. Mantenerte al máximo nivel es lo más complicado.

¿Dónde está la dificultad: en lo físico o en lo mental?

M. S.: En las dos cosas. Yo recuerdo un momento en Stuttgart, después de años enlazando club y selección, en el que “peté”. No rendía porque no podía más. Ahí fue cuando me planteé si quería seguir y empecé a trabajar con una psicóloga deportiva. Decidí parar con la selección un tiempo porque hay un punto en el que el cuerpo o la cabeza no aguantan.

P. L.: Yo lo he gestionado de otra manera, pero también he necesitado parar. Después del Mundial he descansado para no hacerlo en verano con la selección. Si no, es imposible sostener el ritmo físico y mental. Este verano nos pasó: veníamos de una temporada durísima en Alemania y al principio no rendíamos. Necesitas desconectar aunque sean dos o tres semanas para resetear.

Hablabais de vuestra etapa en Alemania, incluso os habéis enfrentado.

P. L.: Yo me reía. Soy líbero, no me puedo picar. Pero era divertido: le decía “¡atáscame!”.

M. S.: A mí me encantaba el duelo catalán. Y además los viajes eran larguísimos. Ella estaba al norte y yo al sur: ocho o nueve horas. Llegas de madrugada, recuperas un día y vuelves a competir. No paras.

Maria, tú has dicho en alguna ocasión que salir de España es imprescindible si quieres triunfar en voleibol. ¿Por qué?

M. S.: Porque, por mucho que aquí queramos, la realidad es que hay países europeos que son potencia y vives el voleibol de una manera mucho más profesional. Es otro nivel competitivo, económico y de estructura. Si tú quieres dedicarte, fuera puedes hacerlo: compaginas estudios, ganas dinero y construyes una carrera. En Catalunya tenemos buenas bases para formarte, y luego dar el salto.

¿Y cómo se vive ese salto?

M. S.: Es duro, durísimo. Yo me fui con 21 a Italia, no hablaba italiano y mi inglés era el que era. Recuerdo llegar, estar en una cena sin enterarme de nada, subir a la habitación y ponerme a llorar hablando con mi padre. Pero a las dos semanas ya estaba feliz. Es duro por la distancia, por las Navidades lejos… pero también vives cosas que aquí no: pabellones de 11.000 personas, yo he estado en partidos con 19.000 en Estados Unidos. Eso aquí es muy difícil.

Patri, en tu caso el camino fue distinto.

P. L.: Sí. Yo salí a La Rioja con 18-19 y empecé la carrera, y eso me condicionó. Mi madre me decía que tenía que estudiar presencial, que ya había salido de la Blume. Estuve seis años allí, luego Tenerife, jugué competición europea… No es lo mismo que vivir en el extranjero, pero me dio experiencia. En otra circunstancia me habría gustado salir antes.

Las dos insistís en estudiar. ¿La carrera dual es imprescindible?

M. S.: Sí, por dos razones: el voleibol no te va a dar el nivel económico del fútbol y puede haber una lesión que lo cambie todo. Pero, además, estudiar te ayuda durante la carrera: te da otra cosa en la cabeza, te organiza, te hace desconectar cuando estás saturada de voleibol y te prepara para el futuro.

P. L.: Total. A mí estudiar me ayudó a organizarme y a focalizarme. Siempre tienes que tener un plan B: te retiras y, en algún momento, te toca empezar otra etapa.

Hablabais de pabellones llenos fuera. ¿Qué le falta al voleibol español para llenar uno de 11.000?

M. S.: Visibilidad. Es el perro que se muerde la cola: hay licencias, hay jugadoras, pero falta vender el producto, hacerlo accesible, comunicarlo bien. Y también faltan patrocinadores, pero sin visibilidad es difícil que lleguen.

Venís de un Mundial histórico. Y, sin embargo, habéis hablado de cierta “soledad” en la comunicación.

M. S.: Sí. No es por nosotros ni por capricho. Es porque es necesario. Si tú quieres visibilidad y tu selección va por primera vez a un Mundial con una generación buena, tienes que contarlo. Durante el Mundial no se envió un periodista, no se envió un equipo de comunicación, ni fotógrafo, ni nada. Otras selecciones iban con todo preparado. Y eso marca muchísimo.

P. L.: El grupo siempre ha sido una familia y nuestro compromiso es con el equipo y el staff. Pero si no se externaliza, no llega. Ese es el problema.

Si algún día tuvierais un cargo para cambiar cosas, ¿qué haríais?

P. L.: Estar de verdad “por y para el voleibol”. Mira: veníamos de una Golden League mala y en el Mundial acabamos séptimas del mundo. Eso es enorme.

M. S.: En España muchas veces nos hemos creído menos. Pero fuera nos respetan. A nivel europeo e internacional ya jugamos de tú a tú. Y con la generación que viene, hay que creérselo y contarlo.

Maria, ya fuera de pista: ¿qué viene ahora?

M. S.: Yo quería seguir en el deporte. Ahora trabajo en una agencia de marketing deportivo en Alemania y, además, estoy empezando en representación de jugadoras. He estado en Estados Unidos viendo la NCAA, he pasado por Holanda, Bélgica, tengo relación con Italia y Turquía… Me estoy empapando de voleibol y de nuevas ideas. Seguiré ligada al voleibol, pero desde otro ángulo.

Patri, tu futuro inmediato.

P. L.: Seguir en activo. Ahora viene la segunda parte de la temporada. Y con la selección, objetivos claros: Golden League e intentar meternos en la Final Four, luego el Europeo, y después intentar clasificarnos para el siguiente Mundial, que será en Estados Unidos o Canadá.

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