Lucía Alemany: "Tuve que escoger entre el circo y el cine"

La joven directora estrena la película 'La inocencia', nominada a dos Goyas

"Las relaciones en el circo son muy profundas; hay austeridad y compañerismo"

Lucía Alemany retrata la vida de una adolescente en Traiguera
Lucía Alemany retrata la vida de una adolescente en Traiguera | sport

Lucía Alemany (34 años, Tortosa) acaba de estrenar en los cines su aplaudida primera película, ‘La inocencia’, que aspira a dos Goyas (mejor actriz y mejor canción original) y acumula siete nominaciones en los Premios Gaudí  

Traiguera juega un papel tan fundamental en ‘La inocencia’ que es casi como un personaje más en la película, ¿por qué escogiste este pueblo de Castellón?

Hombre, Traiguera es el pueblo donde he nacido, he crecido y de hecho vivo ahora mismo.  Y cuando fui a hacer mi proyecto final de carrera el profesor nos dijo: ‘Hablad de lo que conozcáis, mirad dentro de vosotros qué os hace diferentes del resto.  Debéis tener algo como directores que nadie más tenga para que vuestras películas tengan un alma y una esencia especial’. Entonces pensé, a ver,  ‘¿y qué tengo yo diferente?’  Y claro era mi pueblo. 

Viendo la película, la sensación es que la relación no ha sido siempre la mejor como ocurre con las cosas que sentimos tan nuestras...  

Hubo un momento de mi vida en el que estuve muy enfadada con este pueblo como le pasa a la protagonista de ‘La inocencia’.  Un momento de juventud en el que  culpaba a mi pueblo y a mi familia de todos mis problemas. Me acuerdo que me fui muy enfadada a los  18 años. 

¿Cómo fue el momento de vivir luego en la ciudad?

Pues te das cuenta de que quizás no atrapas el nivel cultural o de que hay determinadas mierdas de tu carácter que se arrastran por haber estado en un pueblo pequeño, donde están demasiado preocupada del qué dirán. Pero en 2013 volví para hacer el corto ‘14 años y un día’ y  ahí hice las paces con Traiguera. 

Lucía Alemany, durante el rodaje

¿Qué cambió?

Entendí muchas cosas; que las cosas no son de una determinada forma, sino también cómo tú las miras. Y cuando cambias el punto de mira, de repente las cosas también empiezan a cambiar. Porque no te tomas tan a pecho determinadas cosas y te resbalan otras. Te das cuenta de que al final claro que hay un punto de comidilla en los pueblos, pero que hay otras cosas que son muy guays también.

Otro tema que trata la cinta es el aborto, un tema que no has escondido que también es autobiográfico ¿crees que si un día eres madre tendrás una reacción más comprensiva que la de los padres de la protagonista?

Pues no lo sé porque no soy madre y creo que la vida te cambia cuando eres madres. Con lo cual, imaginarlo me parece deshonesto. Pero me parece muy chulo que me preguntes esto, porque es precisamente esto de lo que va la película. O sea, la película va de una chiquilla que se queda embarazada, pero no es una reflexión sobre el aborto. ¿De qué va la peli? De qué pasa cuando en una familia no hay el ambiente de confianza como para que esta chiquilla les diga: ‘Hola, necesito vuestro permiso para abortar porque me he quedado embarazada’.  Entonces ella se esconde. Si el adolescente no tiene este ambiente de confianza, ahí hay un problema gordo.

Pero sí que hay un punto de vista moral cuando el personaje de Remedios dice: ‘tienes que ser consciente de que hay una persona que está creciendo dentro de ti’…

Sí. Es un personaje que tenía que aportar la moralidad de la película, o sea, es la voz de la razón. Y yo creo que tiene razón, me parece bien que aborte, pero no creo que se pueda afrontar el aborto como el que se quiere quitar una muela. Que es lo que intenta hacer este personaje de Lis. Pero el centro de la película son las relaciones. El embarazo no deseado es solo un detonante para que salga el conflicto: la poca comunicación entre ellos. 

En un momento Lis se define como deportista porque le gusta mucho el circo, ¿es algo que haya estado presente en tu vida o simplemente te gustaba para el personaje?

Sí, el circo estuvo presente en mi vida. Yo estuve un año en la escuela Rogelio Rivel.  Fui a hacer un intensivo de trapecio y me enganché. Empecé a hacer regular de acrobacias, regular de trapecio… y así estuve un año. Pero me enganché de tal forma que me apunté a las pruebas para entrar al ciclo formativo, que es lo que quiere hacer Lis en la película. Pero entonces fue cómo: ‘A ver no puedo, acabo de hacer la carrera de cine, por favor, cómo te vas a meter, se te está yendo la pinza’. Y les tuve que decir a los profesores: ‘Mira, me he autoengañado, he hecho la prueba de acceso, pero es mentira, yo no quiero entrar’.  

¿Qué crees que te enganchó?

Me flipa su parte estética y el ambiente de compañerismo que hay. El cine de alguna manera puede tener mucha competitividad alrededor, ¿sabes? Pero en el circo, claro, tú no puedes desear que tu compañero le salga mal una pirueta. Dependes del otro. Es como ‘Els Castellers’, ¡Hostia! Se genera algo muy guay, y es como un mundo bastante austero.  Ese ambiente del circo me encantaba y las relaciones, que acaban siendo superprofundas, pero tuve que dejarlo, llegó un momento que era el cine o el circo. 

¿Te sirvió algo la dureza en el circo para tu carrera en el cine? 

[Se lo piensa]. Tenía un profesor que hacía unas metáforas muy buenas que te hacían entender que el físico va muy ligado a la cabeza.  Me acuerdo que cada día soltaba:  ‘Enséñale a tu cuerpo donde quieres llegar’. Tenías que hacer  una pirueta hasta un punto y a veces no te salía. Y la tendencia de todos es: ‘Vale, lo hago no me sale y me voy a la cola’. Y él decía: ‘Eso nunca. Comienza donde lo has dejado. Prepárate siempre para hacer la siguiente. Y no hagas una mueca ni nada.  Si por el trayecto tienes pensamientos de mierda y no llegas al final, tu cuerpo no sabe dónde quiere llegar y siempre se va a cortar en ese mismo lugar’. Pues cada día tenía una de esas, llegaba a casa, me la apuntaba y pensaba en hacer una serie [sonríe]. Tío, me parecía muy potente a nivel de valores.

¿Y ahora qué deportes haces?

Nada [risas]. Solo voy de festival en festival. Antes hacía mucho yoga, que me iba muy bien por las mañanas. Pero ahora no puedo por el curro. Piensa que no cocino para mí desde el mes de septiembre.  

¡No me digas!

Tal cual. Yo llego a mi casa de Traiguera, pongo una lavadora, me hago otra maleta y me voy a otro sitio. Y así llevo desde el 10 de diciembre, que salí de casa. Muy fuerte. Tengo la nevera desenchufada. 

¿No tienes momentos de no saber ni dónde estás?

No, porque tengo la agenda muy clara. Yo ahora le puedo poner caras a todos los directores de los festivales que he ido. Estoy pisando mi sector. Es cansado, pero ¿qué curro no lo es?   

Supongo que cuesta hacerse la idea de haber recibido tanto reconocimiento con tu primera peli a los 34.... 

Es que si no me lo hubiera imaginado no lo habría logrado. Pero cuando me apunté a la escuela de circo es porque en ese momento, casi casi ya no me podía imaginar en el cine. Pero no estoy subida en el dólar; estoy haciendo promo de mi peli pero estoy en el paro y no soy la única. Lo hablaba con compañeros en los Premios Gaudí. Tenía una conversación con un actor que me estaba contando: ‘Vamos vestidos de gala a los festivales pero cuando llegamos a casa tenemos que comer pan con tomate’.

Lucía Alemany estrena su primera película
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