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Jorge Mas, propietario del Inter, el hombre que cambió Miami tras fichar a Messi
El propietario gestor de Inter Miami ha convertido al club rosa en mucho más que un equipo de fútbol: una marca global, un negocio de entretenimiento y una seña de identidad cultural en una ciudad hecha para amplificar fenómenos

Jorge Mas, presidente del Inter

Jorge Mas lleva tiempo dejando claro que no quiere que Inter Miami dependa solo de Lionel Messi, aunque sepa que el argentino ha sido el gran acelerador del proyecto. En The Forum, celebrado este jueves en el Metropolitano, volvió a resumir esa idea con una frase reveladora: “Quiero disfrutar a Messi mientras lo tengamos, para los próximos dos años. Nuestros aficionados nos preguntan quién será el próximo”. Es una declaración que explica muy bien al personaje: Mas no piensa solo en la estrella del presente, sino en la arquitectura del futuro.
No es casual. El club lo presenta oficialmente como su Managing Owner, la figura que ha pilotado la consolidación del proyecto junto a David Beckham y el resto de socios. Detrás de esa posición hay un perfil empresarial muy reconocible. Mas es Chairman of the Board y cofundador de MasTec, una de las grandes compañías de infraestructuras de Estados Unidos, y la propia empresa destaca que lleva implicado en su desarrollo desde 1994.
Ese origen explica por qué habla del fútbol como habla. No lo mira solo como competición, sino como industria. “Lo siguiente es seguir aspirando a construir un gran equipo en un mercado tan grande como los Estados Unidos, pero cuya liga es la quinta más seguida a nivel doméstico. Es un gran mercado que no ha sido explotado”, sostuvo en Madrid. Ahí está el corazón de su apuesta: detectar un espacio enorme entre el tamaño del mercado estadounidense y el escaso peso histórico de su liga doméstica. Mas entendió que ahí había una oportunidad extraordinaria.

Jorge Mas, con Leo Messi / EFE
Su historia personal también encaja con esa visión. Nacido en Miami en 1963, hijo de la familia Mas ligada al exilio cubano y al desarrollo empresarial en Florida, ha levantado su narrativa alrededor de la ciudad. Por eso no suena casual cuando explica por qué se lanzó a crear Inter Miami: “Yo nací y crecí en Miami, la capital de Sudamérica en los Estados Unidos. Vimos la oportunidad de crear un club y ser conocidos en todo el mundo siempre fue nuestra aspiración”. Esa idea, la de hacer de Miami una capital futbolística reconocible, aparece también en el discurso oficial del club, donde Mas reivindica haber cumplido la promesa de asociar el rosa de Inter Miami con el fútbol en Estados Unidos.
La transformación, además, no se ha limitado al césped. “Abrimos el nuevo estadio de Miami hace tres semanas, no solo como estadio, sino como lugar de entretenimiento, compras y experiencias”, explicó. Esa frase retrata otra de las claves de su modelo: Inter Miami no quiere vender únicamente partidos, sino un ecosistema completo. El propio club ha ido presentando su nueva casa como una gran operación de desarrollo y experiencia, mucho más cercana a un destino de ocio que a una instalación deportiva tradicional.
Que Miami ya no se explique solo por la NBA, la playa o el turismo, sino también por un equipo de fútbol que ha colonizado la estética de la ciudad
Ahí es donde el discurso de Mas conecta mejor con la calle. “Uno de mis momentos más satisfactorios fue cuando ganamos el campeonato en diciembre y vi a mi alrededor familias celebrando nuestro logro. Vas andando por Miami y solo ves camisetas rosas. Es importante cambiar a nivel cultural el impacto que podemos tener en el fútbol”, afirmó. Esa imagen de las camisetas rosas resume seguramente su mayor victoria: convertir un club joven en un símbolo urbano. Que Miami ya no se explique solo por la NBA, la playa o el turismo, sino también por un equipo de fútbol que ha colonizado la estética de la ciudad.

Jorge Mas, con su hermano, Beckham y Leo / EFE
Mas insiste, además, en que la exigencia no se negocia. “Siempre tratamos de fichar jugadores estrella, pero también talento joven, para darle a nuestros seguidores un sentimiento de pertenencia. Lo que le importa a nuestros aficionados es competir, ganar”. Y remató con una declaración que parece una hoja de ruta empresarial: “Nuestros aficionados esperan que aspiremos a la excelencia. Eso no es negociable. Somos servidores del entretenimiento”. No suena a dirigente clásico. Suena a ejecutivo que entiende que el fútbol moderno se juega a la vez en el campo, en el negocio, en la experiencia del aficionado y en la capacidad de construir cultura de masas.
Por eso Jorge Mas encaja tan bien en esta etapa del fútbol. No fue un exjugador reconvertido, ni un magnate que aterrizó en el balón por capricho. Es un constructor de empresas que detectó antes que muchos que el fútbol en Estados Unidos no iba a crecer solo desde el deporte, sino desde la marca, el consumo y la identidad. Y en ese proceso, con Messi como impulso definitivo, ha conseguido algo que no estaba al alcance de cualquiera: cambiar el lugar del fútbol en Miami y, de paso, cambiar Miami a través del fútbol.
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