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Festivales catastróficos (2)

Non Stop Festival, 1996: ¿Cómo he venido a parar aquí?

Lo que se anunció como un evento de 34 horas de música ininterrumpida en el Sot del Migdia apadrinado por David Byrne se convirtió en un fiasco de proporciones insólitas: 90 personas en un recinto preparado para acoger a 20.000

Preparativos del Non Stop Festival en el Sot del Migdia. Luego tampoco hubo muchos más espectadores

Preparativos del Non Stop Festival en el Sot del Migdia. Luego tampoco hubo muchos más espectadores / PERE BATLLE

Rafael Tapounet

Rafael Tapounet

En el verano de 1996, los festivales de rock empezaban a revolucionar el panorama de la música en directo en España y parecían una garantía de éxito. Aquel fue el año de la histórica primera edición del Doctor Music Festival en el Pirineo de Lleida y también el de la consolidación de experiencias pioneras como el Espárrago Rock, el U-Zona Reggae, el Festimad y el Festival Internacional de Benicàssim. "El verano de los festivales", anunciaban los medios de comunicación. Entre los promotores privados que se lanzaron al agua para pillar aquella ola que se presumía imparable figuraba un músico argentino afincado en Barcelona con un extenso currículum como compositor, instrumentista y productor y algunos contactos interesantes. Su nombre era, es, Gustavo Gabriel Gabetta. A su audaz iniciativa empresarial se debe uno de los fracasos más estrepitosos (y más estrafalarios) que ha vivido el negocio musical en este país: el del Non Stop Festival de Pop-rock.

Concebido y organizado por una ignota compañía llamada Voc Music que dirigía el rosarino Gabetta, el Non Stop Festival se anunció como un evento de 34 horas de música ininterrumpida en el Sot del Migdia, una explanada situada entre el Anillo Olímpico y el cementerio de Montjuïc que funcionó durante años como 'rockódromo' oficioso de la ciudad (era el antecedente del Parc del Fòrum) y que hoy se emplea para hacer prácticas de conducción. Las fechas elegidas, del 21 al 23 de junio, en pleno puente de Sant Joan, hicieron arquear las cejas a más de uno.

"Carácter latino"

El elenco de artistas, vamos a decirlo ya, era un poco raro. Frente al desopilante plantel de estrellas mundiales que ofrecía muy pocas semanas después el Doctor Music Festival (David Bowie, Lou Reed, Iggy Pop, Patti Smith, Blur, Bad Religion, Sepultura…), los organizadores del Non Stop optaron por una programación de 29 nombres "de marcado carácter latino" que en realidad era una selección doméstica bastante heterogénea (Los Rodríguez, Sopa de Cabra, Los Rebeldes, Skatalà, Manolo Tena, Los Sencillos, Juan Perro, Marc Parrot, Seguridad Social, Nacho Campillo, Lax’n’Busto…) en la que costaba encontrar un cabeza de cartel claro. Los únicos reclamos internacionales eran el cantante y teclista británico Paul Carrack (amigo personal de Gabetta) y David Byrne, al que se presentaba como maestro de ceremonias y "padrino" de toda la movida pero que ni siquiera tenía previsto actuar.

Aun así, el proyecto mostró desde el primer momento una ambición considerable. El arquitecto Daniel Freixes recibió el encargo de rediseñar el espacio para acoger dos escenarios, tres barras de bar y restauración, un bar de copas, varias fuentes, un paseo comercial, una carpa con animación y proyecciones de cine, lavabos, una "nube refrescante" en la que los asistentes podían rociarse con agua y una "zona de descompresión". El festival tenía hasta su propia moneda oficial: el 'rocky'. El presupuesto rondaba los 90 millones de pesetas (541.000 euros) y las entradas anticipadas se pusieron a la venta a un precio de 4.000 pesetas (24 euros). Pocos días antes del inicio, los organizadores convocaron una rueda de prensa en la que aseguraron con admirable desenvoltura que se habían despachado ya 8.000 abonos y que se esperaba una asistencia de unas 20.000 personas. Mintieron en lo primero y se fliparon muchísimo en lo segundo.

Un cementerio

El viernes 21 de junio, todo estaba listo para que el festival echara a andar a las 21,30 horas. Bueno, todo no. David Byrne, que debía dar la bienvenida a los asistentes desde el escenario, había perdido el vuelo y no pudo llegar a tiempo. O esa, al menos, fue la versión oficial, porque lo cierto es que tampoco había asistentes a los que dar la bienvenida. Un grupo venido desde Sarajevo llamado Konvoi actuó para un Sot del Migdia casi completamente vacío. Cuando Los Rebeldes salieron a escena, poco antes de las once de la noche, la asistencia se componía de cuatro o cinco decenas de espectadores y un nutrido grupo de periodistas que no daban crédito a la magnitud del fiasco y repetían la broma de que en el vecino cementerio de Montjuïc había más gente que en el festival. Gente viva, se entiende.

Al ex Tam Tam Go! Nacho Campillo le correspondió el discutible honor de ser el último en actuar en el festival. Habían pasado solo tres horas y aún quedaban 31 por delante cuando la organización del Non Stop tomó la decisión de parar. La realidad es que en el momento en el que se anunció la suspensión definitiva del asunto se habían vendido 89 entradas anticipadas y una en las taquillas (¿quién sería el héroe que la compró?). Poco antes, David Byrne había hecho su aparición y se paseaba por el recinto desierto con cara de estar cantando para sus adentros ese verso de 'Once in a lifetime' que dice: "¿Cómo he venido a parar aquí?". O tal vez solo se estaba preguntando, como el resto de los presentes, qué iba a hacer con los 'rockys' que le sobraban.

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Vía: El Periódico