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Aniversario atómico

Cinco canciones sobre Hiroshima, del folk solemne al tecno-pop bailable

Orchestral Manoeuvres in the Dark. Paul Humphreys (izquierda) y Andy McCluskey

Orchestral Manoeuvres in the Dark. Paul Humphreys (izquierda) y Andy McCluskey / EPC

Rafael Tapounet

Rafael Tapounet

La devastación provocada por las bombas atómicas lanzadas sobre Japón hace ahora exactamente 80 años ha sido un tema visitado a menudo por los poetas y los compositores de canciones, a menudo en aproximaciones metafóricas y casi siempre como como eje de manifiestos pacifistas de alcance universal. Eso sí, con ropajes musicales bien diversos, del folk sombrío al tecno-pop bailable. Estos son cinco muestras.

En una decisión que sin duda provocó arqueos de cejas entre los ejecutivos de su discográfica, el grupo bandera del folk-rock californiano incluyó en su tercer elepé, el protopsicodélico 'Fifth dimension', esta fúnebre letanía -un poema del turco Nazim Hikmet adaptado por Pete Seeger- en la que el fantasma de un niño de siete años carbonizado en Hiroshima relata los horrores vividos el 6 de agosto de 1945. "No pido nada para mí / porque estoy muerto". A ver quién se pone flores en el pelo después de esto.

La pieza más destacada del repertorio del influyente grupo brasileño de folk Secos & Molhados es sin duda esta adaptación de un breve y conmovedor poema de Vinícius de Moraes en el que las víctimas de la bomba atómica son comparadas con rosas radioactivas que han perdido el color y el perfume. Gérson Conrad le puso música con gusto exquisito y la hermosa voz de Ney Matogrosso la acabó elevando hasta convertirla en himno de los pacifistas brasileños en plena dictadura militar.

La canción que cierra 'Ha! Ha! Ha!', el segundo elepé del grupo comandado en aquellos días por John Foxx, está considerada la primera muestra relevante del sonido 'synth-pop' que muy pocos años después iba a dominar las listas británicas. La gran novedad es la irrupción de la caja de ritmos Roland TR-77, un instrumento llegado de Japón que contribuye a reforzar el efecto de disolución del pasado que transmite una letra inspirada en la película del mismo título que Alain Resnais dirigió en 1959.

Después de que Margaret Thatcher aprobara un convenio de seguridad que permitía a EEUU emplazar misiles nucleares en el Reino Unido, Andy McCluskey escribió este alegato antibelicista en clave tecno-pop que toma su título del nombre del avión que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima. Pese a la gravedad del tema, la contagiosa melodía, guiada por una irresistible frase de sintetizador, convirtió la canción en un superéxito en la Europa continental. ¿Se puede bailar la destrucción nuclear? Así, sí.

En el álbum 'T’estimo', un disco dominado por la temática amorosa y el piano lento, Lluís Llach incluyó esta curiosa pieza política en la que parece invocar a los espíritus de las víctimas de Hiroshima para que se hagan presentes e impongan su testimonio sobre los manejos de los rectores de la Guerra Fría. Aunque todo es bastante dramático, resulta casi imposible escuchar hoy las teatrales inflexiones vocales del estribillo ("Reagan, mal actor / Andropov, policia!") y no esbozar una sonrisa.

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Vía: El Periódico