El Palmeiras gana la Libertadores con un gol de Breno Lopes en el descuento

El Verdao obtiene un triunfo agónico ante el Santos en un partido que solo se rompió en un añadido eterno

El Peixe aguantó el tipo, pero se desconcentró con la expulsión de su entrenador la jugada antes de encajar el tanto

La América futbolística es verde y su nuevo rey es el Palmeiras, que sufrió lo indecible para imponerse al Santos en la gran final de la Copa Libertadores. Tuvo que esperar al tiempo añadido, cuando Rony, el futbolista más determinante de la competición, se sacó un centro largo que un actor secundario, como Breno Lopes, transformó en un testarazo inapelable

FICHA TÉCNICA

Copa Libertadores

PAL

1-0

SAN

Palmeiras

Weverton; Marcos Rocha, Luan, Gustavo Gómez, Viña; Danilo, Zé Rafael (Patrick de Paula, 77'), Gabriel Menino (Breno Lopes, 84'), Raphael Veiga Alan Empereur 101'); Rony (Felipe Melo, 101') y Luiz Adriano

Santos FC

John; Pará (Burno Lopes 98'), Lucas Veríssimo, Luan Peres, Felipe Jonathan (Wellington, 93'); Alisson, Pituca, Sandry (Lucas Braga, 72'); Marinho, Soteldo y Kaio Jorge (Madson 93')

Goles

1-0 Breno Lopes (98').

Árbitro

Patricio Hernán Loustau (Argentina). T.A. Gustavo Gómez (34'), Viña (57'), Marcos Rocha (90') / Lucas Veríssimo (9'), Pituca (69'), Soteldo (90'), Alison (102'). T.R. Cuca (90')

Incidencias

Final de la Copa Libertadores de América disputada en el estadio de Maracaná (Río de Janeiro) con un aforo muy reducido por las restricciones sanitarias de la pandemia de Covid-19

El tradicional equipo de la colonia italiana de Sao Paulo suma, de esta manera, su segundo entorchado continental gracias, en buena medida, a la profundidad de su plantilla (tenía el mejor banquillo de la competición), a la capacidad de adaptarse a una temporada atípica por el Covid-19 y a la pizarra de su técnico, el portugués Abel Ferreira, que coge el relevo de su compatriota Jorge Jesus con el Flamengo, como campeón sudamericano.

El majestuoso Maracaná, aunque estuviera silenciado por la pandemia, da un barniz único a un título, que entra como una de las grandes gestas de la historia del club paulista. La Libertadores completa un ciclo victorioso iniciado en 2015, con la conquista de la Copa do Brasil, precisamente contra el Santos, y que ha incluido dos Ligas brasileñas (2016 y 2018) y el último Campeonato Paulista.

Una guerra de nervios

El Palmeiras – Santos, en todas sus versiones, siempre será un clásico. Y la final tuvo, desde el inicio, los ingredientes de un choque de la máxima agrandados por la trascendencia de lo que estaba en juego: hubo mucha tensión, presión al límite en cada balón y muy poco fútbol.

La propuesta de Abel Ferreira y Cuca era pareja. Se retaron en una guerra sin cuartel en la zona ancha, donde ambos acumularon efectivo para hacerse con el balón y crear transiciones directas. Una guerra de nervios.

Y, en este escenario trabado los dos equipos se neutralizaban. El partido se puso para ser decidido en los detalles, en un balón parado o en quien primero tejiese un contragolpe. Situaciones que no sucedieron en un primer tiempo de desgaste bajo un calor de más de 30º.

El Peixe llegó al descanso con mayor dominio del balón, un 61% que en cualquier otra circunstancia quizás determinante, pero solo finalizó una vez, con Pará (min 5) desde la larga distancia. Demasiado poco. El Verdao, por su parte, firmó tres ocasiones, la más sugerente en un lanzamiento cruzado de Rafael Veiga (min 36) e insinuaba ser más determinante en el último tercio de la mano de un Rony siempre eléctrico.

Una recta final de locos

El Palmeiras se dejó de elucubraciones y dio un paso al frente, avanzando las líneas con determinación. Se pidió la posesión, puso una marcha más y ganó en dinamismo y volumen de juego. Raphael Veiga casi marca (min. 63) de una falta lejana que tocó la parte superior de la red. El Santos se replegó y mostró un ápice de inseguridad. Cuca sintió la debilidad y puso Lucas Braga para recomponer la medular. Le funcionó el cambió y Weverton, por fin, tuvo trabajo… en el minuto 75.

El desgaste climatológico hizo mella y la final se rompió. El partido entró en una ruleta rusa. Aparecieron los espacios. Y, en el tiempo añadido, llegó un epílogo inesperado.

Cuca, para cortar un contragolpe, impidió la progresión de Marcos Rocha desde el área técnica. Fue expulsado. Se montó una tangana. Y el Santos se desconcentró.

En la siguiente acción, Rony, libre de marcaje, levantó la cabeza y asistió para que Breno Lopes se consagrara. Un desenlace durísimo para el Santos y una jugada que entra para la posteridad del Verdao, que ya empieza a mirar en dirección al Mundial de Clubes.

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