Adiós a la maldición: Messi entierra la etiqueta de “pecho frío" y los malos recuerdos

Adiós a la maldición: Messi entierra la etiqueta de “pecho frío" y los malos recuerdos

Messi se desató en el vestuario de Argentina tras coronarse como campeón de la Copa América | sport

Tras perder cuatro finales de forma muy dolorosa, el capitán 'conoció' el éxito con la camiseta de la selección argentina

La albiceleste puso fin a 28 años de sequía con la consecución de la Copa América

Y, por fin, se le dio. Messi ganó su primer título con la selección argentina absoluta y acabó con los 28 años de sequía futbolística de su país. Con la maldición. El capitán de la albiceleste levantó la Copa América hasta el cielo de Maracaná tras una final contra Brasil sufridísima, en la que el ‘10’ demostró que ser el mejor jugador del mundo no es incompatible con luchar a capa y espada, bajar al barro, expulsarse de una vez por todas esa etiqueta de “pecho frío” que algunos se atrevían a colocarle tras las decepciones con su combinado nacional.

En la estampa de Leo dejándose caer de rodillas sobre el césped y llorando antes de ser alcanzado y manteado por sus compañeros, prácticamente más felices por su líder que por el éxito logrado, se condensaron todos los sentimientos vividos en un pasado reciente que se entestó en recordarle que el fútbol, ese maravilloso deporte que le ha dado incontables alegrías, también puede ser muy cruel. Esta vez, las lágrimas de Leo no fueron de tristeza, sino de alegría. Las dolorosas experiencias padecidas otorgaron un valor incalculable a un trofeo que vivificó a todo un país.

Todo empezó en 2007. En su segunda competición ‘grande’ con la absoluta, Messi se consolidó en el equipo y exhibió por qué en Barcelona se hablaban maravillas de él: marcó, asistió y, más allá de los guarismos, brilló en la faceta de insaciable generador de juego que con el paso de los años ha mejorado sobremanera. Argentina llegó a la final de la Copa América y, con 20 años y el dorsal ‘18’, tuvo la primera oportunidad de ganar un trofeo con Argentina. Brasil, en el encuentro decisivo, le ‘arrojó’ un mensaje tan lacerante como preventivo. La ‘canarinha’ se impuso a su eterna rival sin piedad (3-0). No hubo discusión. El triunfo de la ‘seleçao’ fue incontestable.

Tras dos eliminaciones en los cuartos del Mundial (2010) y la Copa América (2011), Argentina volvió a plantarse en una final, la de la Copa del Mundo de Brasil. Era una ocasión histórica, en el mejor lugar posible, para bordar la tercera estrella en la camiseta, pero un gol de Mario Götze en la prórroga convirtió en pesadilla el sueño de Messi, Alejandro Sabella y los suyos. Muchos fieles de la albiceleste siguen sin olvidar que Gonzalo Higuaín no materializara el involuntario y errático pase de Bastian Schweinsteiger. Por transcendencia, este sigue siendo el desengaño más significativo de Leo con su selección. El Balón de Oro del torneo que recibió le supo a nada.

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Cuando parecía que las cosas no podían ir peor, llegaron las dos derrotas consecutivas en los penaltis frente a Chile. En 2015 y 2016 –se celebraron en años sucesivos por la edición del centenario–, los lanzamientos desde los once metros impidieron a la albiceleste, incapaz de marcar un solo gol a la ‘roja’ en 240 minutos, alcanzar el trono de su continente. El ‘10’ falló su disparo en la segunda tanda y después del partido protagonizó unas declaraciones históricas: “Para mí se terminó la selección. Ya lo intenté mucho, me duele no ser campeón con Argentina. Me voy sin lograrlo. Es increíble, pero no se nos da. Hoy nos pasó otra vez y otra vez en los penales. Son cuatro finales las que me tocó perder, tres seguidas. La verdad que es una lástima, pero tiene que ser así”.

Messi, sin embargo, rectificó. Tomó una decisión, la de regresar, que cinco años más tarde ha adquirido todo el sentido del mundo. De rodillas sobre el césped de Maracaná, entre lágrimas de extrema e “inexplicable” felicidad, Leo expelió los malos recuerdos. Y comprobó de primera mano que, como se solía decir en Barcelona durante la gloriosa etapa de Pep Guardiola, el fútbol siempre te devuelve lo que le das.

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