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Fignon y los ocho segundos más crueles de la historia: "Nadie recuerda los Tours que gané"

El corredor parisino, ganador del Tour de 1983 y 1984, perdió el de 1989 de la forma más dura posible, en la crono final entre Versalles y París por el margen más estrecho de la historia

Laurent Fignon, en la última etapa del Tour de 1989

Laurent Fignon, en la última etapa del Tour de 1989

Javier Giraldo

Javier Giraldo

No existen demasiadas dudas: si hubiese que elegir el Tour más intenso y disputado de los últimos 50 años, el premio sería para el de 1989. Ese Tour arrancó con una escena surrealista y se cerró con un momento agónico: fueron probablemente los ocho segundos más crueles de la historia; no ya de la ronda gala, sino del deporte.

(Fue un Tour tan especial que el periodista y escritor Josep Maria Cuenca le dedicó un libro, ‘El último Tour del siglo XX’, editado por Contra en 2019. También se publicó en 2017 ‘Tres semanas, ocho segundos’, de Nige Tasell, en Libros de Ruta).

Fignon, LeMond y Delgado, en el podio final del Tour de 1989

Fignon, LeMond y Delgado, en el podio final del Tour de 1989 / -

Empecemos por el principio: en la etapa prólogo, una crono de 7,8 kms por las calles de Luxemburgo, sucedió algo impensable. El ganador del Tour anterior y favorito para ganar también el de 1989, Pedro Delgado, se despista en el calentamiento, se pierde por las calles de la ciudad y llega tarde a la salida.

Dos y minutos y medio de retraso antes de empezar el Tour. Luego intentaría recuperarlo, pero solo le alcanzaría para ser tercero en el podio. 

En ese podio final de París, a Perico le acompañaron Greg LeMond y Laurent Fignon. Fueron los grandes animadores de la carrera, aunque LeMond siempre arrastró fama de ciclista conservador y ‘chuparruedas’. 

Regresaba al Tour después de haber estado a punto de morir en un accidente de caza dos años antes, cuando su cuñado le disparó por error. 

Miguel se bautiza en un Tour inolvidable

Después de un Tour frenético –que por cierto bautizó a un tal Miguel Indurain, ganador de su primera etapa en la ronda gala, entre Pau y Cauterets, el 10 de julio-, el desenlace final llegó el 23 de julio. 

El Tour acababa en los Campos de Elíseos, como de costumbre. ¿Cómo de costumbre?

En realidad no, porque no se trataba de un paseo triunfal, sino de una contrarreloj de 24,5 kms con salida en Versalles. 

'El último Tour del siglo XX', de Josep Maria Cuenca, narra todos los detalles del Tour de 1989

'El último Tour del siglo XX', de Josep Maria Cuenca, narra todos los detalles del Tour de 1989 / Contra Editorial

Todo estaba preparado: se celebraba el 200º aniversario de la Revolución Francesa y qué mejor manera que salir de Versalles, acabar en París y encumbrar a un ciclista francés, Laurent Fignon. Llegaba a esa crono final con 50 segundos de ventaja sobre LeMond.

En teoría, margen suficiente para volver a ganar el Tour. Fignon ya lo había conquistado en 1983 y 1984. Además, venía de ganar el Giro en mayo de ese mismo año, 1989. Era un ciclista atrevido, arrogante y muy mal perdedor; dueño de una imagen inconfundible, con sus gafas de profesor (así le apodaban, ‘el profesor’) y su coleta rubia. 

LeMond llega desde el futuro

Cuando Greg LeMond inicia la contrarreloj, lo hace con una imagen sorprendente: un casco aerodinámico y un manillar de triatleta. Nadie en esa época utiliza casco, y mucho menos un manillar así, aerodinámico pero que a simple vista parece incómodo. Rueda delantera normal, ligeramente más pequeña, y rueda trasera lenticular. Un monumento a la aerodinámica.  

Fignon, por su parte, sale sin casco, coleta al viento. Y con las dos ruedas lenticulares: ideales si el viento entra de cara, peligrosas en caso de viento lateral.

LeMond firma una crono espectacular. Vuela por las calles de París. Toma las curvas con una naturalidad asombrosa. Fignon, en cambio, jadea. No pedalea fluido. Sufre desde la salida. Su cara es puro dolor.  

Cuando enfoca los últimos 200 metros, ya sabe que el Tour se le escapa como arena entre las manos. Lo ha perdido por tan solo ocho segundos, la diferencia más corta de la historia de la carrera. 

Muchos años pensando en esos ocho segundos

Pasaría años dándole vueltas a esos ocho segundos. Ya nunca sería recordado como el ganador de dos Tours, sino como el ciclista que lo perdió por ocho segundos, en el desenlace más despiadado de la historia de la ronda gala. "Pocos me recuerdan como el que ganó dos Tours, pero todo el mundo recuerda que perdí un Tour por ocho segundos". Esa losa siempre le persiguió.

Del accidente de caza a la gloria

Cuando llega a la meta, Fignon lanza al suelo su bici y se derrumba. No puede contener las lágrimas. LeMond, pocos metros más allá, grita de alegría. El estadounidense, que había estado a punto de morir dos años antes, en un accidente de caza, volvía a ganar el Tour. Y derrotando al ídolo local, como ya había hecho en 1986 con Hinault.

Se supone que fue su apuesta por la innovación tecnológica –casco y manillar- lo que le ha permitido ganar el Tour de Francia. Poco tiempo después se supo que también Fignon había tenido la posibilidad de utilizar ese manillar (frecuente hoy, pero una rareza en 1989). Lo rechazó. No quería riesgos innecesarios.  

Para el ciclismo francés fue una tragedia. Para los aficionados españoles, no tanto: Fignon era un tipo antipático, soberbio y áspero, dentro y fuera del pelotón. Nunca hizo demasiados esfuerzos por caer bien.

Un momento muy desagradable

Y apenas unas horas antes de ese cruel desenlace en los Campos Elíseos, había protagonizado un momento muy desagradable.

Recién llegado a París, en el tren que trasladó al pelotón desde L’Isle d’Abeau, unos periodistas de TVE le pidieron unas declaraciones. La respuesta de Fignon, cabreado como de costumbre, fue lanzar un escupitajo al objetivo de la cámara. 

Tras aquella derrota, Fignon no levantó cabeza. Su rendimiento deportivo ya no fue el mismo. El final de su carrera llegó en 1992, en un momento icónico: en la mítica crono de Luxemburgo, Miguel Indurain le dobló, a pesar de que había salido seis minutos antes. 

La autobiografía de Laurent Fignon

La autobiografía de Laurent Fignon / -

De las carreteras a la tele

Ya retirado, Fignon se convirtió en comentarista de televisión. (De la televisión francesa, claro: en TVE le hubieran recordado constantemente su escupitajo).

Su carácter se dulcificó: el tiempo lo convirtió en un corredor quizás no entrañable, pero apreciado.

Escribió sus memorias, con un título elocuente, ‘Éramos jóvenes e inconscientes’.

Lamentablemente, un cáncer le tumbó demasiado pronto: falleció el último día de agosto de 2010. Solo tenía 50 años.