CICLISMO
Ni Pogacar ni Merckx: el Emperador de Herentals fue el primer ciclista que ganó los cinco Monumentos
Rik Van Looy, el 'Emperador de Herentals', fue el primer ciclista en conquistar los cinco Monumentos del ciclismo, un hito que lo convirtió en leyenda tras su fallecimiento en diciembre

Rik Van Looy, un genio en su época / ARCHIVO
El ciclismo vuelve una y otra vez a los mismos nombres cuando se habla de leyendas, pero el primer hombre que conquistó los cinco Monumentos no fue ni Tadej Pogacar ni Eddy Merckx. Fue Rik Van Looy, el mítico ‘Emperador de Herentals’, una figura gigantesca que cambió para siempre la historia de las clásicas y que falleció el pasado 17 de diciembre de 2024.
Van Looy no solo ganó, dominó. Fue el pionero, el corredor que abrió un camino que después solo pudieron seguir unos pocos elegidos. Su nombre quedó grabado para siempre por haber sido el primero en completar la colección perfecta del ciclismo de un día: Milán-San Remo, Tour de Flandes, París-Roubaix, Lieja-Bastoña-Lieja e Il Lombardia. Un club reservado a la élite absoluta.
Entre todas sus gestas, la Milán-San Remo de 1958 ocupa un lugar especial. Aquella victoria no solo fue una demostración de fuerza, sino también de inteligencia táctica y carácter competitivo. En una carrera que tradicionalmente premiaba a los sprinters más pacientes, Van Looy se impuso con su sello más reconocible: ambición, lectura de carrera y una agresividad que desarmaba a sus rivales. Aquel triunfo confirmó que no era solo un velocista temible, sino un corredor total, preparado para sobrevivir a casi 300 kilómetros de desgaste.
Van Looy, el pionero de los Monumentos
Rik Van Looy fue mucho más que un especialista en clásicas. Fue el primer ciclista de la historia capaz de conquistar los cinco Monumentos, una proeza que completó en apenas tres años y que lo convirtió en una referencia eterna del ciclismo mundial. Su secuencia fue la siguiente:
- Milán-San Remo (1958)
- Tour de Flandes (1959, 1962)
- París-Roubaix (1961, 1962, 1965)
- Lieja-Bastoña-Lieja (1961)
- Il Lombardia (1959)
Ese hito, que más tarde igualarían nombres como Merckx y Roger De Vlaeminck, elevó definitivamente su figura. Van Looy corría como vivía las carreras: con una mentalidad ofensiva, sin especular, dispuesto a desgastar a todos hasta quedarse solo con los más fuertes. En una época mucho más áspera que la actual, ese carácter le convirtió en un rival temido y en una personalidad irrepetible.
La Milán-San Remo de 1958, una victoria que lo cambió todo
La Milán-San Remo siempre ha sido una clásica especial. Casi 300 kilómetros, paciencia, cálculo, resistencia y una resolución que puede decidirse en un instante, ya sea en el Poggio o en el sprint final. En ese escenario tan exigente, Van Looy dio un golpe sobre la mesa en 1958.
Llegaba como uno de los favoritos por su potencia al sprint, pero su carrera no se explicó solo desde la velocidad. La leyenda belga entendió antes que nadie dónde se iba a romper la prueba y actuó con determinación. En una edición marcada por el desgaste, supo encontrar el momento exacto para lanzar su ofensiva y convertir la Classicissima en el punto de partida de una década de dominio en las grandes clásicas.
Aquel triunfo fue mucho más que una victoria prestigiosa. Fue la confirmación de un corredor distinto, uno de esos campeones capaces de romper el guion y de ganar no solo con piernas, sino también con valentía y cabeza.
Merckx, a su sombra en los inicios
Van Looy también dejó huella por su jerarquía dentro del pelotón. Fue un líder de enorme influencia, con un equipo organizado alrededor de su figura y con una autoridad que marcó época. En torno a él giraba una estructura en la que sus gregarios entendían perfectamente cuál era el objetivo: llevar al ‘Emperador’ hasta la victoria.
Entre aquellos jóvenes que crecieron cerca de su figura estuvo un prometedor Eddy Merckx, que en sus primeros años convivió con la dimensión competitiva de Van Looy. Su personalidad era fuerte, exigente y hasta incómoda para algunos, pero esa dureza formaba parte de su identidad competitiva. Quería ganar siempre, en cualquier terreno y ante cualquier rival.
Un legado que sigue vivo
Aunque la Milán-San Remo y el ciclismo en general hayan cambiado con el paso del tiempo, la esencia de Van Looy sigue viva en todos esos corredores que se niegan a esperar y prefieren atacar para decidir la carrera por sí mismos.
Esa mentalidad ofensiva se ha visto en ganadores modernos como Vincenzo Nibali o Matej Mohoric, y también en clasicómanos de la nueva generación que entienden las grandes pruebas desde la ambición y no desde el cálculo. La herencia de Van Looy no está solo en su palmarés, sino en una manera de correr: agresiva, valiente y siempre protagonista.
Porque Rik Van Looy fue mucho más que un campeón del pasado. Fue un punto de partida. El primero en lograr lo que parecía imposible. El hombre que conquistó antes que nadie los cinco Monumentos y que dejó una marca imborrable en la historia del ciclismo. Cada vez que una clásica se rompe desde lejos, cada vez que un favorito decide atacar sin esperar al sprint, su figura vuelve a aparecer.
El ‘Emperador de Herentals’ ya pertenece para siempre a ese grupo de leyendas que no necesitan estar presentes para seguir influyendo. Y en cada edición de la Milán-San Remo, cuando la carrera se tensa y la gloria asoma al fondo de la Via Roma, su nombre vuelve a tener sentido.
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