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Ciclismo

Pogacar gana el Tour de Romandía montado sobre una apisonadora

El fenómeno esloveno se impone en cuatro de las seis etapas en una prueba suiza que domina de pies a cabeza.

Pogacar bebe de su taza en el bus del equipo UAE en Romandía.

Pogacar bebe de su taza en el bus del equipo UAE en Romandía. / UAE EMIRATES TEAM

Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

Como si fuese una apisonadora, una especie de superdotado sobre una bicicleta de destrucción masiva de rivales, Tadej Pogacar se ha impuesto este domingo en el Tour de Romandía, una de las pocas carreras de primer nivel (World Tour) que le faltaba a su palmarés. Ahora descansará hasta la Vuelta a Suiza, una carrera que ganará en junio a no ser – hecho nunca deseado- que caiga un meteorito. Luego llegará el Tour.

Los datos de Pogacar ya casi no caben en el disco duro de un ordenador. Es un depredador convertido en ciclista y un trabajador innato que nunca sería advertido en su trabajo por tomarse un día de relajación, desde sentarse a la mesa mirando una pantalla o escaqueándose sin hacer nada. Si hay etapa, hay que ganarla y le da igual que sea en Suiza, como ahora; En Bélgica, tal como ocurrió el domingo pasado o en Italia donde empezó el año triunfando de manera consecutiva la Strade Bianche y la Milán-San Remo.

Sólo batido por Van Aert

Ha ganado cuantas carreras ha corrido este año, salvo la rara, la excepcional, la diferente a la demás, donde en vez de Tourmalets, Anglirus o Mortirolos, crecen adoquines como si fueran pinchos u ortigas de las que irritan la piel. Y porque tenía delante a otro ser glorioso sobre la bici como es Wout van Aert, que le privó no sólo de ganar la París-Roubaix si no de ser el primer corredor de la era humana que ganaba los ‘cinco’ monumentos que serán cuatro si vence en Lombardía, que es lo más corriente, como comer, beber o dormir.

Pogacar, rodeado de los suyos, en el bus de su equipo.

Pogacar, rodeado de los suyos, en el bus de su equipo. / UAE EMIRATES TEAM

El peor resultado de Pogacar en lo que va de año ha sido la segunda plaza de Roubaix porque el resto de las carreras donde se ha presentado las ha añadido al saco de trofeos. En Lombardía, de martes a domingo, por las carreteras suizas de habla francesa, ha pasado aplastándolo todo como si fuera Atila del que se decía que no crecía la hierba que pisaba su caballo.

Cuatro victorias de etapa

De seis etapas programadas (una contrarreloj en plan prólogo y cinco días corriendo en línea) Pogacar se ha impuesto cuatro veces, dándose el placer de ganar hasta al esprint como si fuese el mismísimo Mark Cavendish. Ha vencido en fuga o en un demarraje en la zona de vallas, tal cual sucedió este domingo ante Florian Lipowitz, que se hace notar de cara al Tour (tercero el año pasado) y que tiene la gallardía de atacar a Pogacar aunque muriendo deportivamente en el intento. No hay nada que hacer. Seguro que es más fácil controlar la inflación que la rueda traviesa del fenómeno esloveno.

Clasificación final.

Clasificación final. / TOUR DE ROMANDÍA

Quizás algo cansado del esfuerzo en Lieja debutó el martes, como el resto de los participantes en Romandía, en un corto prólogo cronometrado de poco más de tres kilómetros, un esprint largo donde sólo pudo ser sexto, la peor posición simbólica en lo que va de año. Luego ganó la segunda y la tercera etapa, fue cuarto en el esprint que decidió la cuarta para vencer en el cierre de las dos etapas finales de la prueba suiza.

Algún ciclista se quejó el sábado al decir que aprovechó el rebufo de las motos para atacar. Aun teniendo dudosa razón, Pogacar no necesita de motos ni de cosas raras para ganar. Simplemente resulta que es el mejor, un corredor de leyenda. Siempre es mejor disfrutar de sus hazañas que criticarlo mientras va incrementando la lista de trofeos.

Vía: El Periódico