Ander Izagirre: "Las historias del Giro son patrimonio cultural de Italia"

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Ander Izagirre: "Las historias del Giro son patrimonio cultural de Italia"

Ander Izagirre, en la librería Altaïr de Barcelona
Ander Izagirre, en la librería Altaïr de Barcelona | David Ramírez

El periodista y escritor donostiarra recoge en 'Cómo ganar el Giro bebiendo sangre de buey' las mejores historias de la 'corsa rosa', retrato de un país incomparable

"El ciclismo sigue siendo un deporte muy literario porque en él cabe toda la gama de actitudes humanas, de las grandes gestas a los fracasos más épicos"

Periodista, columnista, escritor y ciclista -no necesariamente siempre en ese orden-, Ander Izagirre (San Sebastián, 1978) consigue transmitir pasión e interés en todo lo que toca. En este caso, el Giro de Italia, la carrera que acaba este domingo en Verona, menos seguida en España que el Tour o la Vuelta, pero quizá más apasionante y trufada de historias que ayudan a entender un país. ‘Cómo ganar el Giro bebiendo sangre de buey’ (Libros del KO) es el sugerente título de su libro. Para escribirlo, Izagirre recorrió más de media Italia en bicicleta. El resultado es un fantástico compendio de historias que van mucho más allá del ciclismo.

¿Qué tiene el Giro que no tengan el Tour o la Vuelta a España?

Para empezar, un arraigo muy fuerte con la historia de un país: el Giro es una parte de la construcción de Italia. Todo lo que ocurre en el Giro está atravesado por lo que está pasando en Italia; una guerra mundial, una dictadura fascista o una ley del divorcio, como le pasó a Fausto Coppi, que tenía una amante. Eso crea una galería de personajes extraños, sobre todo en los primeros años de la carrera; gente que salía de la pobreza, como Ottavio Bottechia. Italia era un país recién hecho y en su caso incluso dudaban de que fuese italiano porque era un emigrante que se había ido a Francia. Había pasado inviernos cortando madera en los bosques y decía que para él, subir el Galibier era mucho mejor que cortar madera. Fue el primer italiano que ganó el Tour, pero cuando volvió a Italia casi ni lo conocían, porque hablaba véneto y francés, pero no italiano. Es una gran historia deportiva y un personaje que te muestra una época. Y eso en el Giro ocurre constantemente. 

El libro es una extraordinaria galería de personajes: Malabrocca y sus empeños por quedar el último y ganar la ‘maglia nera’, el intenso pulso entre Coppi y Bartali, la valentía de Alfonsina Strada y de Florinda Palenti, Moser, Pantani, Gimondi... 

Me gusta mucho Fiorenzo Magni, porque era el tercer hombre detrás de Coppi y Bartali. Tiene una historia oscura porque después de la guerra hay una orden de detención contra él y hace la gran escapada de su vida. Le acusan de haber colaborado con los fascistas y huye con la bici. Luego se gana el cariño del público, pero se dice que había estado implicado en una masacre de partisanos. Le juzgan en ausencia, no hay pruebas y lo absuelven. Luego gana el Giro pero lo reciben con abucheos, lo llaman colaboracionista, un escándalo muy italiano. En su figura se mezcla todo lo italiano. Luego también está Florinda Parenti: me gusta especialmente porque su historia estaba casi sin contar. El ciclismo italiano y las mujeres en los años sesenta es como ir a otro planeta. Y eso que teníamos el caso insólito de Alfonsina Strada, que había corrido el Giro de 1924. Fueron mujeres que se enfrentan al machismo y a la burla: Florinda me reveló un mundo del que yo no había oído ni leído nada. 

"En Italia hay episodios grotescos que se deslizan hacia la tragedia: ahí están los casos de las muertes de Pantani o de Coppi, por ejemplo"

Hay historias que en Italia parecen normales –o al menos habituales- y que en otros países resultan inconcebibles.

La veneración de Marco Pantani, por ejemplo. Se convirtió en un héroe legendario aún en vida. Se creó toda una leyenda en torno a él; como si estuvieran hablando del Cid o algo así. Fue una idolatría exagerada y eso quizás le perjudicó porque cuando cayó, cayó a lo grande. Murió a los 34 años de una sobredosis, solo en un apartahotel. Esa pasión exagerada es muy italiana, pero luego también hay dramas terribles, como la muerte de Coppi: un médico que no quiere hacer caso al que le avisa de que Coppi tiene malaria. En Italia hay episodios grotescos que se deslizan hacia la tragedia. 

Ander Izagirre, antes de presentar su libro en Barcelona

| D. Ramírez

"La historia de Bottechia, el primer italiano que ganó el Tour, un emigrante pobre, es una gran historia deportiva, de un personaje que retrata una época"

El ciclismo sigue siendo un deporte muy literario. 

Sin duda: suceden grandes historias porque es un deporte que se desarrolla en grandes distancias y con personajes extremos. La propia esencia del ciclismo es tan extrema que exige un tipo de persona muy entregada y con mucha pasión, que te crea grandes historias o grandes dramas. Son gente llevada a un límite que hace cosas extraordinariamente buenas o extraordinariamente malas. O grandes gestas, o grandes trampas: toda la gama de actitudes humanas la puedes encontrar en el ciclismo. Siguen ocurriendo historias: ahora se habla de la salud mental de los ciclistas, deportistas con problemas existenciales que te cuentan cómo es por dentro soportar algo que los espectadores no conocen. Antes eso no se hacía, antes era todo más primitivo. Ahora entendemos otras cosas. También tenemos un personaje como Mikel Landa, del que me gustaría saber cómo gestiona la expectativa que él mismo alimenta. 

"El ciclismo es un deporte muy literario porque los ciclistas son gente llevada a un límite que hace cosas extraordinariamente buenas o extraordinariamente malas"

¿Qué te parecen las nuevas narrativas en el mundo del ciclismo? Me refiero sobre todo a documentales como 'El día menos pensado', que desvela las interioridades del equipo Movistar.

Hay una parte que es interesante, pero que es propagandística porque es el protagonista quien maneja el relato. En ese sentido, me sorprende ‘El día menos pensado’ porque muestra cosas un poco sorprendentes que van contra su propia imagen. Movistar es una empresa de contenidos, además de un equipo ciclista, y quizá han pensado que les importaba más crear un buen documental que el equipo. Eso estaría muy bien que pudieran hacerlo periodistas, que no hubiera barreras, poder acompañar a un ciclista durante varios años, por ejemplo. Las nuevas narrativas están bien, pero tienen el peligro de que si controla la narración el protagonista, te va a contar solo lo que le interesa a él. Y a veces hay que contar precisamente lo contrario, lo que no interesa al protagonista.

"Viajar en bici por buena parte de Italia me ayuda a entender el país y a conocer los escenarios, a describirlos y a conocer su historia"

Entre los ciclistas actuales, ¿de quién te apetecería contar su historia?

El incipiente ‘boom’ africano es muy jugoso. El interés de las historias depende de la distancia, en tiempo y en kilómetros. Las historias antiguas nos sorprenden porque es un mundo muy distinto. Eritrea, por ejemplo, que es uno de los países con menos libertad de prensa del mundo, pero que genera ciclistas como Girmay. ¿Cómo es ese mundo, cómo es un ciclista en Eritrea? O en Ruanda, que será escenario del Mundial. De ahí puede salir un historión. Y mejor que lo cuente un periodista que un asesor de comunicación de un ciclista.

"Eritrea es uno de los países con menos libertad de prensa del mundo, pero genera ciclistas. ¿Cómo es ese mundo, cómo es un ciclista de Eritrea?"

¿Este libro sería el mismo si su autor no hubiese competido en ciclismo y ahora no fuese ciclista amateur?

No pude ser ciclista profesional; me quedé bastante lejos. Competí hasta los 20 años. Alguien que anda en bici y que sabe cómo es una carrera creo que puede entender mejor el ciclismo. Yo llevo años yendo a ver a la Real Sociedad, pero el fútbol no lo entiendo bien porque no es mi deporte. El ciclismo creo entenderlo: es un deporte muy físico y muy individual pero a la vez también tiene mucho de estrategia. Es una mezcla entre boxeo y ajedrez, hay que dar golpes pero también hay que pensar y mover piezas. Entender cómo funciona por dentro ese juego es importante.

Parece que hay momentos en los que la inspiración llega solo sobre dos ruedas.

El hecho de viajar en bici por buena parte de Italia me ayuda a entender el país y a conocer los escenarios, a describirlos y a conocer su historia. En Siena conocimos la historia del tipo que decidió conservar todos los caminos de tierra por los que ahora pasa la Strade Bianche. Giancarlo Brocci pensó que ese paisaje ciclista de carreteras sin asfaltar había que protegerlo legalmente: inventa la Eroica, una marcha cicloturista, y luego el mundo del ciclismo profesional lo copia. Él explica que cuando era niño, los campesinos de su pueblo le pedían que les leyera las crónicas del Giro en el bar, y a cambio ellos les contaban las historias de Coppi y de Bartali. Ahí está el patrimonio cultural de Italia. En el Gran Sasso aún hay carteles con los tiempos de paso de Pantani: sigue siendo una referencia del paisaje. Estar sobre el terreno siempre es importante, y una manera bonita de estar sobre el terreno es sobre una bicicleta. 

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