Pep diluye los silbidos de Ramos

El capitán del Madrid, hiperactivo en la grada, acabó tan ahogado como Varane y Militao

El plan de Guardiola, el colmillo de un Gabriel Jesus que recordó a Eto'o y el torbellino que es De Bruyne acabaron por finiquitar a los de Zidane

 El central andaluz no pudo ayudar a su equipo desde el campo y se tuvo que conformar con pasar el mal trago desde la grada | MEDIAPRO

Los silbidos de Ramos. El capitán del Madrid, sin jugar, se empeñó en dejarse notar. Sus silbidos desde la banda se colaban incluso por la retransmisión televisiva, como queriendo que ningún madridista le echara de menos. En cambio, echaron de más a Varane. El descalabro del francés debe explicarse a partir del plan de Pep. Primero ubicó a Foden como falso nueve, algo con lo que no contaba Casemiro ni los centrales del Madrid.

Y cuando Zidane quiso responder fue demasiado tarde: Gabriel Jesus jugaba en punta, Guardiola modificó su presión y el Madrid se ahogó. Los blancos no supieron responder ni los recursos ni la valentía de un City al que no le da miedo ir a buscar el rival, ni defender a 40 metros de su portería, ni destapar las vergüenzas de un campeón del mundo como Varane. Los silbidos de Ramos fueron acallados por la superioridad de los de Guardiola.

Un Eto’o en Gabriel Jesus. No estaba Agüero. El brasileño no es un fino estilista. Posiblemente tampoco un definidor excelso. Pero es también es posible no exista un nueve de talla mundial con mayor entrega que él. Su agresividad en la presión es un regalo para Pep.

Uno se cansa tan solo verlo correr, pura voluntad e inteligencia suficiente para saber donde morder. Su motor convirtió las dudas de Varane-Militao en una pesadilla. El gol de la victoria premió la fe de un delantero que, salvando las distancias, hace recordar en algunas cosas a Samuel Eto’o. Un futbolista así siempre tendrá sitio en un equipo grande.

Rey De Bruyne. Sus pies no solo marcan el ritmo del City, también el del fútbol mundial. La eliminatoria contra el Madrid lo consolida como, a día de hoy, el centrocampista más en forma del planeta. De Bruyne es la máquina perfecta, un jugador sin sentimientos, tan sólo fútbol en la cabeza. El belga fue de menos a más. En la segunda mitad el partido fue suyo. Y si el Manchester City es uno de los grandes candidatos a ganar la Champions League es porqué en la sala de máquinas tienen a ese loco pelirrojo.

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