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CHAMPIONS

Lo que no se vio del Arsenal - Atlético: el enganchón de Simeone con Andrea Berta, el 'show' de Arteta y la desesperación de Pubill

El entrenador rojiblanco se enfrentó al que fue su director deportivo en el Atlético, quien salió al césped a aplaudir y pedir el final del partido

Diego Simeone: "¿Ganas de seguir intentándolo? Ahora no, ahora no..."

Diego Simeone: "¿Ganas de seguir intentándolo? Ahora no, ahora no..." / Champions

Denís Iglesias

Denís Iglesias

Madrid

El Atlético murió en la orilla del Emirates. Un estadio que ya ha vivido más tardes de gloria europea que Highbury si se compara la corta vida del primero con la larga historia del segundo. Lo contrario sucede con el Metropolitano, incapaz todavía de conservar el aura del Calderón, añorado por quienes siguen recorriendo el Paseo de los Melancólicos que desembocaba en el viejo templo rojiblanco. No habrá problemas el 30 de mayo. Bad Bunny podrá actuar sin miedo a la sensación de estar profanando un estadio que debería ser, aunque solo fuera en diferido, el escenario de una final de Champions.

El ‘cholismo’ y el juego de la Oca

Simeone ha vuelto a la casilla de salida. Su persecución de la Champions se parece al juego de la Oca: cuando no sale el dado exacto, toca retroceder. Avanza y retrocede en un bucle interminable de frustración. Está cerca y lejos al mismo tiempo de una meta a la que ve llegar a clubes que llevan menos tiempo intentándolo. La Copa de Europa seguirá siendo la obsesión del técnico más longevo de la élite europea. Algo que le ha generado tantos adeptos como detractores, siempre más visibles en las derrotas.

Incluso quienes han trabajado junto a él terminan por mirar con recelo unos éxitos que nunca parecen completos del todo. Andrea Berta estuvo en el Atlético entre 2012 y marzo de 2025, cuando puso rumbo al Arsenal. Allí puede conquistar, como director deportivo, lo que no logró vestido de rojiblanco: la obsesiva Copa de Europa, ese trofeo de asas prominentes que tampoco figura en las vitrinas de un club londinense históricamente marcado por cierta pátina de perdedor. Arteta, como Simeone, desafía precisamente ese hilo histórico. Y lo hace, además, utilizando herramientas heredadas del viejo cholismo.

Berta es pasado colchonero y presente gunner. En medio quedó Simeone, que no soportó ver a su antiguo colaborador invadir el césped que ahora considera suyo. El dirigente del Arsenal saltó al verde para aplaudir y reclamar el final del encuentro, un gesto que el argentino afeó de inmediato. En las derrotas, Simeone suele buscar culpables rápidos con los que amortiguar el dolor. El Cholo terminó empujando a Berta para pedirle que se apartara. La escena provocó la irrupción inmediata de ambos banquillos para evitar que el enfrentamiento fuera a más entre dos profesionales que, hasta ahora, mantenían una buena relación.

El barro de los minutos finales

El descuento de la semifinal dejó una demostración absoluta de lo que se conoce como ‘otro fútbol’. Un arte que el Atlético dominó durante años. Esta generación que se ha quedado a las puertas de la cuarta final continental es más estilosa, menos salvaje competitivamente. Simeone se marchó al vestuario con la sensación amarga de haber sido víctima de un Arteta al que, en otro contexto, seguramente habría felicitado por convertirse en heredero de muchos de sus propios trucos. En una de sus últimas reinvenciones, el cholismo apostó por ser más ofensivo y fue dejando atrás varias claves defensivas que ahora echa de menos.

Los minutos finales fueron de máxima tensión. Ambos entrenadores actuaron prácticamente como un jugador más desde la banda. Alguno incluso llegó a tocar balón. Los futbolistas del Arsenal se dedicaron a lanzar esféricos al campo para romper el ritmo y dinamitar cualquier intento de reacción rojiblanca. Todo acabó desbordando al colegiado alemán Daniel Siebert, rehén de su propio criterio durante toda la eliminatoria. El árbitro señaló una falta de Pubill -exento de su inocente penalti contra el Barça- sobre Gabriel para evitar el dilema que habría supuesto conceder la tercera pena máxima de la serie. La decisión enfureció al lateral catalán, ya muy caliente por las continuas tretas de los londinenses para enfriar el partido.

Fruto de la desesperación, Pubill se lanzó a por varios jugadores del Arsenal y tuvieron que frenarlo sus propios compañeros. Fue el retrato perfecto de la frustración de un Atlético al que Arteta desarboló también desde la banda, entre comentarios, gestos y provocaciones que terminaron costándole una tarjeta amarilla. Arteta asumió definitivamente el papel de villano para el Atlético en una semifinal que le abre las puertas de un doblete histórico con el Arsenal. Budapest vivirá una invasión gunner dispuesta a obligar a Nick Hornby a escribir la secuela definitiva de Fiebre en las gradas.

Uno de los mejores relatos jamás escritos sobre fútbol —y también sobre la vida— construido desde la tragicomedia de las derrotas, el menú habitual del 99,9% de los clubes del mundo. Y ese 0,1% privilegiado debe asumir que algún día regresará a la mayoría aplastante. Tan importante es entender ese final inevitable como disfrutar mientras se pertenece a esa minoría exclusiva de la que hoy forma parte el Arsenal de Arteta y en cuya lista de espera continúa el Atlético de Simeone.