CHAMPIONS LEAGUE
El Arsenal le 'Saka' la fe al Atlético para meterse en la final de Champions
Un gol del inglés le basta al conjunto de Arteta para eliminar a los de Simeone, que maldijeron una gran ocasión de Giuliano y reclamaron un penalti sobre Griezmann para claudicar en una temporada sin títulos

¡El Arsenal elimina la ilusión de la Champions al Atlético de Madrid! / Champions
El fútbol no le debe a nadie y solo pasa facturas. Es el cobrador del frac. No hay Champions pendientes para el Atlético. La memoria solo vale para torturarse por lo que pudo ser y no fue. Como el remate de Giuliano a puerta vacía. O el penalti reclamado de Calafiori sobre Griezmann. Lo único que sobrevivirá al tiempo es el gol de Saka que metió al Arsenal de Arteta con dos tiros -en la misma jugada- en la final. La segunda, después de aquella de 2006 que le ganó el Barça. Los rojiblancos tendrán que seguir esperando. No apareció un renqueante Julián Álvarez. El epitafio de Griezmann en Europa tampoco fue el esperado.
Saka anula a la vieja guardia del Atlético
¿Qué se pone uno para una semifinal de Champions? Cualquier prenda queda bien y mal a la vez. El Cholo, en traje, y abrazado a todos los santos, metió a Le Normand para darle el centro a Llorente, buscando el recuerdo de la segunda parte del Metropolitano.
Agitación entre líneas contra un Arteta que dispuso a Lewis-Skelly por delante de Zubimendi. Un equipo sin laterales en su sitio, pero con una ideología tan clara que las piezas funcionan por pura militancia. Lo mismo que le sucede al Atlético, que aguantó hasta el 44 gracias a la vieja guardia de Koke y Griezmann.
Fue cuando Saka, otro de los rostros nuevos respecto a la ida, cazó un balón muerto en el área pequeño después de un disparo potente de Trossard. Pubill, revelación de la temporada, falló en el peor momento. Su peinada generó una segunda jugada que terminó con un 1-0 que rompió la sinopsis del partido.
Primera parte igualada, pero, como la Champions se empeña en demostrar cada vez que puede, decidieron los detalles. El don de la providencia que no tuvieron un Julián Álvarez y un Giuliano a medio gas. Les faltó acierto en las primeras acciones a la carrera que cabrearon a Raya.
Simeone se vino abajo. Quedó sepultado en sus pensamientos en el banquillo. Tenía un segundo acto por delante para un truco de magia. La estamina como esencia de un Arsenal al que le había bastado activar la aviación para mover el árbol ofensivo. Mal día para desactivarse, pensaba Lookman.
Necesitaba el Atlético una ocasión para demostrar que podía transitar al filo del abismo. La encontró el hijo, Giuliano, para dedicársela al padre, pero le faltó un suspiro. Robó un balón tras una mala cesión de Saliba. Se zafó del meta del Arsenal y, cuando embocaba la gloria, Gabriel apareció para quitarle el gol.
Triste epitafio de Griezmann
El brasileño volvió a ser protagonista poco después, cuando el conjunto rojiblanco destapó la contradicción Daniel Siebert. Un colegiado de silbato fácil que se limpió de pitar un claro penalti de Calafiori sobre Griezmann tras una supuesta falta previa sobre Magalhães. En el VAR, Bastian Dankert, el germano que estuvo en el doble toque de Julián Álvarez.
Empezó el baile de cambios. Buscó el Cholo quitarse de la cabeza la pena máxima que reclamó en todos los universos. Entraron Sorloth, Cardoso y Nahuel por Lookman, Giuliano y Le Normand. Arteta igualó la apuesta: Madueke, Odegaard e Hincapié en lugar de Saka, Eze y Calafiori.
El Atlético estaba destemplado. Gyokeres tuvo en sus botas la sentencia en el 65. Centro maravilloso de Hincapié para que el sueco, completamente solo, enviase al limbo un remate que devoró a Hannibal. Y ahí se murió Julián, quien se marchó del campo junto a Griezmann dejando su lugar a Baena y Thiago Almada. Solo quedaba terreno para un héroe inesperado. Con los cambios condicionados, al Atlético solo le quedó ir derramando gasolina en busca de una oportunidad que le abriese las puertas del cielo.
Afloraron las lágrimas entre los desplazados. El Atlético se limitó a contar los minutos de una caída en combate donde la faltó un atisbo de rebeldía. Sorloth, en un último revoloteo, chutó al aire para quitarle la última vía de oxígeno a un equipo que terminará la temporada sin títulos. Nadar en aguas abiertas para morir en la orilla. Una historia demasiadas veces contada en el Metropolitano. También con Simeone.
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