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487 goles y 309 cambios en la clasificación: por qué la última jornada de la fase liga de la Champions es un imán

La última jornada de la fase de Liga de la Champions dejó un récord goleador, diferencias mínimas y una tabla en permanente montaña rusa que mantiene a la afición pegada a la pantalla

Los emparejamientos de los Play Off de la Champions 2025/26

Los emparejamientos de los Play Off de la Champions 2025/26 / EFE

Javier Giraldo

Javier Giraldo

Tras el debut del curso pasado, la fase liga de la Champions ha dado un paso más este año: más impredecible, más apretada y con suspense hasta el pitido final de la jornada 8. El nuevo formato ha convertido cada martes y miércoles en una traca de emoción, con partidos que cambian de guion en minutos y una clasificación que se mueve como pocas veces se recuerda.

La primera gran foto está en el marcador: 487 goles en 144 partidos, una cifra que supera los 470 de la temporada pasada en la misma fase y que establece un nuevo récord. El promedio también sube: 3,38 goles por encuentro, por encima de los 3,26 anteriores.

Y no es solo fuegos artificiales: casi cada gol tuvo impacto real en la tabla, un detalle que explica por qué muchos partidos se vivieron como finales… incluso cuando parecía que no había nada en juego.

El segundo factor es la igualdad. La fase liga se ha caracterizado por márgenes de victoria más reducidos: la diferencia media fue de 1,78 goles, inferior a la de la temporada pasada (1,92). Traducido: menos goleadas “cómodas” y más partidos abiertos, con equipos que compiten hasta el último tramo.

También cambia el mapa de los puntos. Si el curso pasado nadie llegó al pleno de 24/24 y dos equipos cerraron la jornada 8 sin puntuar, esta vez el Arsenal fue el único en firmar una fase impecable… y todos los equipos sumaron al menos un punto.

La fase liga, en definitiva, no perdona despistes pero tampoco condena tan rápido: el interés se estira, y eso alimenta el espectáculo.

Los cruces de los playoffs de la Champions League

Los cruces de los playoffs de la Champions League / Marc Creus

La competitividad también se notó en el rendimiento por bombos. Los equipos de los Bombos 3 y 4 mejoraron su media (1,21 y 1,10 puntos por partido) respecto a la temporada pasada (1,19 y 0,99), estrechando la brecha con los favoritos. Los del Bombo 1 subieron de 1,82 a 1,97, mientras que los del Bombo 2 bajaron su producción (de 1,75 a 1,38), un recordatorio de que aquí ya no hay partidos “asegurados” por etiqueta.

La diversidad también fue protagonista: once países distintos metieron equipos en el top-24 (por nueve del año pasado) y conjuntos de los cuatro bombos lograron colarse en la fase eliminatoria. Y, tras la jornada 7, había menos equipos eliminados, manteniendo vivo el interés hasta el final.

El mejor ejemplo lo firmó el Bodø/Glimt: 32º con solo dos puntos tras la jornada 5, pero capaz de tumbar al Manchester City y al Atlético de Madrid en sus dos últimos partidos para alcanzar los play-offs.

Y si faltaba el ingrediente definitivo, llegó con la volatilidad: 309 cambios en la clasificación a lo largo de la jornada 8. Hubo noches de calculadora y corazón acelerado, como la que vivieron Benfica y Marseille, intercambiando posiciones hasta 17 veces durante más de 90 minutos, antes de que el Benfica se quedara con la última plaza de play-off gracias a un cabezazo salvador del portero Anatoliy Trubin en el último suspiro ante el Real Madrid.

Con las eliminatorias ya definidas tras el sorteo del viernes en Nyon, el veredicto es claro: el nuevo formato no solo no ha rebajado la Champions… la ha vuelto más adictiva. Y si la fase liga fue una montaña rusa, lo que viene promete todavía más.