El misterio de la variante ómicron que trae de cabeza a los científicos

El misterio de la variante ómicron que trae de cabeza a los científicos
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Hay algo importante en la variante ómicron que los investigadores no entienden.

Mutaciones que deberían haber acabado con la vida de esta variante y que, sin embargo, la hicieron más fuerte.

Por eso los científicos, con un lugar destacado para los biólogos evolutivos, están investigando a ómicron sin descanso.

¿Cómo surgió y consiguió sobrevivir esta variante que ahora domina el mundo?

¿Cómo es posible que 13 mutaciones que deberían haber impedido la supervivencia de ómicron, se pusieron a trabajar juntas para hacerla más fuerte y más infecciosa?

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Ómicron: una variante con un salto sorprendente

El SARS-CoV-2, como cualquier virus, ha sufrido mutaciones y ha dado lugar a nuevas variantes desde el minuto uno.

La gran mayoría no tuvieron mayor importancia. Todas seguían patrones lógicos y cambios de alguna manera esperados.

Luego llegó Delta, que se convirtió en variante de preocupación y conquistó el mundo. Pero seguía siendo una mutación que se mantenía dentro de la lógica evolutiva de un virus.

Hasta que conocimos a ómicron, que hizo saltar la alarma desde el primer momento.

Aquella variante que se detectaba por primera vez en Sudáfrica a finales de noviembre, desconcertó a los científicos desde el primer instante por su composición genética.

Mientras que las variantes anteriores se habían diferenciado de la versión original del coronavirus de Wuhan en una docena o dos de mutaciones, ómicron tenía nada menos que 53.

Estábamos ante un salto sorprendentemente grande en la evolución viral.

Y no sólo por el número.

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13 mutaciones extrañas

Ahora, en un estudio publicado en BioRxiv y que aún no ha sido revisado por pares, un equipo internacional de científicos acaba de profundizar aún más el misterio.

Acaban de descubrir que la variante ómicron lleva 30 mutaciones en el gen de la proteína de pico, y que 13 de esas mutaciones rara vez, o nunca, se encontraron en otros coronavirus.

Es un hecho que sugiere que deberían haber sido dañinas para el SARS-CoV-2.

Y sin embargo, cuando actúan en conjunto estas 13 mutaciones parecen ser clave para algunas de las funciones más esenciales de ómicron.

Por eso los científicos están tratando ahora de averiguar cómo ómicron desafió las reglas normales de la evolución y usó estas mutaciones para convertirse en un vector de enfermedades tan exitoso.

Como dice el virólogo de la Universidad de Ciudad del Cabo, Darren Martin, que trabajó en este estudio

«Aquí hay un misterio que alguien tiene que resolver».

SARS-Cov-2, una historia de mutaciones y variantes

En diciembre de 2020, los investigadores británicos se sorprendieron al descubrir una nueva variante en Inglaterra, con 23 mutaciones que no estaban en el coronavirus original aislado en Wuhan un año antes.

Esa variante, que luego se llamó Alpha, pronto se hizo dominante.

Poco más tarde, en el transcurso de 2021, surgió Delta. Con 20 mutaciones distintivas derrocó a Alpha y conquistó el mundo entero.

Y luego vino ómicron, con más del doble de mutaciones.

Era una cantidad inusual, y por eso los científicos se dedicaron a reconstruir la evolución de la variante.

Se trataba de comparar sus 53 mutaciones con las de otros coronavirus.

Y aunque algunas mutaciones aparecían también en Delta y en otras variantes, los científicos encontraron un patrón muy diferente cuando observaron la proteína de «espiga» de ómicron, que es la que le permite adherirse a las células.

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«Debía desaparecer y estaba despegando, como nada que hubiésemos visto antes»

El gen de espiga de ómicron tiene nada menos que 30 mutaciones.

13 de ellas resultaron ser eran extraordinariamente raras en otros coronavirus. Incluso en sus primos virales lejanos que se encuentran en los murciélagos.

Es más, algunas de estas 13 no se habían visto nunca antes, en los millones de genomas de coronavirus que los científicos han secuenciado en el transcurso de la pandemia.

Y en esas circunstancias lo normal es que la variante hubiese desaparecido muy rápido, porque una mutación rara suele evitar que el virus se multiplique.

Pero ómicron parecía estar burlándose de la lógica.

No solo no se estaba extinguiendo, sino que «estaba despegando como nada que hayamos visto antes», dijo el virólogo Darren Martin.

Y por si eso fuera poco, los investigadores aseguran que es todavía más intrigante ver cómo estas 13 mutaciones no están distribuidas al azar en el pico de ómicron.

– Forman tres grupos, cada uno alterando una pequeña porción de la proteína.

– Y cada una de esas tres áreas juega un papel importante en lo que hace que ómicron sea único.

Dos de los grupos dificultan que los anticuerpos humanos se adhieran al virus y lo mantengan fuera de las células evitando los contagios.

  • Eso es lo que hace que ómicron sea bueno para infectar incluso a los vacunados o a quienes ya han pasado la enfermedad.

El tercer grupo de mutaciones altera el pico más cerca de su base y puede ayudar a explicar por qué ómicron es menos grave que Delta.

  • La razón estaría en que su manera de infectar resulta muy eficaz para las vías respiratorias superiores, pero no funciona igual de bien que sus predecesoras para llegar a los pulmones, que es donde la COVID-19 suele causar daños potencialmente mortales.

¿Cómo ha sido posible la aparición de esta variante?

El análisis que sigue en marcha apunta a que ómicron ha sido capaz de convertir un lote de 13 mutaciones individualmente malas en un conjunto beneficioso para ella.

Y probablemente lo ha logrado gracias a haber evolucionado en condiciones inusuales.

Por eso una de las posibilidades que apuntan los investigadores es que podría haber surgido

después de un período prolongado dentro del cuerpo de una persona joven, con un sistema inmunitario especialmente débil, como un paciente con VIH.

Las personas con infecciones crónicas que se contagian de COVID-19 pueden convertirse en laboratorios evolutivos y albergar muchas generaciones de coronavirus.

Una persona joven con Sida, por ejemplo, podría haber estado enferma de COVID-19 durante meses, sin curarse, y eso permitiría que dentro de su propio cuerpo se fuesen sumando mutaciones.

Por eso la evolución en un anfitrión de este tipo se puede desarrollar de manera muy diferente de lo que ocurre con un virus saltando de una persona sana a otra cada pocos días o semanas.

Y es que como un huésped inmunocomprometido no produce muchos anticuerpos, permite que muchos virus hagan cosas que normalmente no harían.

Y al final se multiplican los nuevos virus mutantes que resisten los anticuerpos.

Es más, existe la posibilidad de que mutaciones similares se hubiesen desarrollado una y otra vez en la misma persona, hasta alcanzar el resultado final y convertirse en súper contagioso entre personas sanas.

«Ciertamente parece plausible», dicen los investigadores.

Pero hacen falta muchos más experimentos para poder afirmarlo.

La naturaleza nos está dando una lección

Como dice el ecologista de enfermedades de UCLA, James Lloyd-Smith, que no participó en el estudio, la investigación reveló lo difícil que es reconstruir la evolución de un virus, incluso uno que surgió recientemente.

«La naturaleza está haciendo su trabajo para mantenernos humildes».

Una frase que culmina uno de sus colegas al afirmar que:

«Simplemente, nos falta imaginación».

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