Cómo engañar a tu cerebro, y al de una mosca, para que escoja un alimento más saludable

Cómo engañar a tu cerebro, y al de una mosca, para que escoja un alimento más saludable
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¿Cuál es el proceso que sigue su cerebro para escoger menú? ¿Alguna vez se lo ha preguntado? No a todos nos gusta lo mismo ni nos apetece lo mismo en el mismo momento. ¿Por qué?

¿Y si le dijéramos que, además, las moscas y los humanos seleccionamos los alimentos que comemos y el momento en el que lo hacemos, de la misma manera?

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Investigadores de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, han descubierto los mecanismos que llevan a que las moscas de la fruta escojan un alimento u otro.

Las moscas tienen un gusto realmente exigente y se pasan horas decidiendo qué llevarse a la boca.

Un proceso ciertamente similar al que llevamos los humanos.

Estos insectos no se cansan de buscar sabores dulces que cuenten con los nutrientes suficientes como para satisfacer sus exigencias calóricas.

Tanto es así que son capaces de evitar los alimentos más amargos y «potencialmente tóxicos».

El objeto de estudio era conocer si se podía o no acabar ingiriendo en la decisión de las moscas.

Para averiguarlo, y acabar viendo las coincidencias con la forma en que tomamos decisiones los humanos, se las hizo decidirse por alimentos dulces y nutritivos mezclados con quinina amarga y alimentos menos dulces, pero no amargos.

Estos últimos contienen muchas más calorías que el resto.

En ese momento, y gracias a la utilización de neuroimágenes, una herramienta tecnológica de la que suele servirse la ciencia, los científicos rastrearon la actividad cerebral de las moscas para ver y entender la forma en que tomaban la decisión entre ambos productos.

Cómo engañar al cerebro para escoger alimentos más saludables

Planteada la decisión para la mosca, la pregunta es si sería posible, o no, engañar a nuestro cerebro y al de la mosca para que escogiera el alimento que nosotros queramos que escoja.

La respuesta es sencilla: Sí.

Según el estudio publicado en la revista científica Nature Communications, las moscas transmiten la información a una zona de su cerebro conocida, en inglés, como «fan-shaped body», donde finalmente se acaba tomando la decisión sobre si se escoge el alimento más amargo y calórico o el dulce, en este experimento.

Es en esa zona donde los investigadores de la Universidad de Yale encontraron patrones de actividad neuronal que cambian cuando se introducen nuevas opciones de alimentos, lo que acaba dictando a la mosca qué alimento debe ingerir.

Este descubrimiento demuestro que existe «un gran ciclo de retroalimentación» a la hora de la toma de decisiones, como señala Michael Nitabach, profesor de fisiología celular y molecular, genética y neurociencia en la Facultad de Medicina de Yale y autor principal del estudio.

Los humanos y las moscas escogemos igual los alimentos

Es en esa zona llamada «fan-shaped body» donde se encuentran las similitudes entre humanos y moscas a la hora de escoger los alimentos a ingerir.

En ambos cerebros, en el de estos molestos insectos y en el de la especie humana, existe una regulación que se lleva a cabo por la secreción de neuropéptidos y dopamina, que es un neurotransmisor.

En los humanos se encarga, éste último, de ayudar a regular las sensaciones de recompensa de nuestro organismo.

Cuando en esta red se produce algún tipo de cambio, casual o programado, como en el caso de las moscas, pueden acabar alterando la respuesta de nuestro cerebro a la hora de escoger un tipo u otro de alimento.

«La neuroquímica, en ocasiones, puede dictar las elecciones de alimentos que creemos que estamos haciendo conscientemente», señala Preeti Sareen, PhD e investigadora científica asociada en la Universidad de Yale, y directora del equipo de investigación de este estudio.

El cerebro sigue siendo uno de los grandes desconocidos de nuestro organismo, si no el órgano más desconocido.

Gracias a este estudio la ciencia cuenta ya con «una plantilla para comprender cómo es que cosas como el hambre y los estados emocionales internos influyen en nuestro comportamiento», tal y como apunta el profesor de fisiología celular y molecular de Yale, Michael Nitabach.

Un paso más en la intención de acabar entendiendo, en gran medida, cómo funciona el cerebro, uno de los grandes motores de nuestro organismo.

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