Cortistatina: la clave para revertir la fibrosis pulmonar

Cortistatina: la clave para revertir la fibrosis pulmonar
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El descubrimiento de una molécula llamada cortistatina podría ser la llave para diagnosticar y tratar enfermedades asociadas a la aún incurable fibrosis pulmonar.

Regular y revertir el daño pulmonar agudo y su forma más severa, el síndrome de dificultad respiratoria aguda, estaría más cerca gracias a este neuropéptido.

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Así lo señalan un grupo de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en un estudio publicado en la revista British Journal of Pharmacology.

Una molécula contra toda una tormenta

En este estudio realizado en modelos animales, los investigadores han demostrado que la falta de cortistatina provoca una respuesta nociva del sistema inmunitario.

Esta alteración es denominada “tormenta de citoquinas”, una reacción en forma de ataque desde las células inmunes hacía los pulmones.

Debido a este daño, se produce el posterior desarrollo de la reacción fibrótica pulmonar, con una inflamación en los alvéolos.

Por contra, han evidenciado que un tratamiento con cortistatina protege frente a las formas graves de daño pulmonar y el síndrome de dificultad respiratoria aguda.

Esta característica, además, hace que la citada molécula sea una firme candidata para tratar la fibrosis más grave causada por la covid-19.

Y es que estudios anteriores ya reconocen la cortistatina como un potente agente antiinflamatorio.

Sin embargo, esta es la primera investigación que identifica su capacidad para regular y revertir directamente la respuesta fibrótica crónica.

«Puesto que la inflamación es un proceso previo y subyacente a la fibrosis crónica, es una ventaja disponer de un agente capaz de evitar ambas respuestas, inflamatoria y fibrótica, frente a otros posibles tratamientos», afirma Mario Delgado, principal autor del estudio en el blog del CSIC.

Este crucial descubrimiento de los investigadores del CSIC es lo que permitiría aventurar una traslación a los pacientes afectados a causa del coronavirus.

Con cautela, pero también con esperanza

Al respecto de los resultados obtenidos, los científicos insisten en que hay que ser cautos a la hora de aplicarlo en pacientes.

Sin embargo, destacan que ya hay un caso de éxito con otro neuropéptido de características similares, el vasoactivo Aviptadil, descubierto también por el CSIC hace más de dos décadas.

De hecho, actualmente es uno de los tratamientos elegidos por la Agencia Americana del Medicamento para las formas severas de covid-19.

Al mismo tiempo, la identificación de la cortistatina como freno a la fibrosis en pulmón abre nuevas vías de investigación en otros órganos y patologías.

Esto es posible debido a que los mecanismos moleculares y celulares que gobiernan el proceso fibrótico son comunes en todos los tejidos del cuerpo.

Una enfermedad conocida por las secuelas de la pandemia

En España, hay diagnosticados unos 8.000 casos de fibrosis pulmonar, unas cifras que la convierten en una enfermedad minoritaria y catalogada como rara.

Si hablamos a nivel mundial, se diagnostican unos 50.000 nuevos casos cada año. La mayoría de los pacientes comienzan a notar síntomas entre los 50 y los 70 años.

Es más común en los hombres (20/100.000 habitantes), pero el número de casos de FPI en las mujeres (13/100.000 habitantes) va en aumento.

A pesar de ser una patología desconocida, en los últimos meses ha crecido su protagonismo por ser unas de las posibles secuelas de la covid-19.

Esta afección provoca la disminución progresiva de la función respiratoria debido a una serie de cicatrices en los pulmones.

Sus principales síntomas son:

  • Disnea o sensación de ahogo.
  • Dolor torácico.
  • Acropaquia o agrandamiento de las falanges terminales de los dedos de las manos y los pies.
  • Color azul en uñas y dedos.
  • Tos seca.
  • Retención de líquidos.

Hay unos 200 tipos diferentes de fibrosis pulmonar, pero la más común es la fibrosis pulmonar idiopática (FPI). Este trastorno produce una pérdida de la elasticidad de los pulmones.

La causa de esta enfermedad es desconocida, pero en algunos pacientes se ha asociado a una predisposición genética, a la exposición al tabaco o a algunos agentes ambientales.

El pronóstico de supervivencia es desfavorable ya que cuenta con una alta mortalidad, incluso superior a los cánceres más comunes.

Además, su curso natural es impredecible y variable. De ahí la importancia de llegar a un diagnóstico precoz que ayude a frenar su progresión y, aún más, de un tratamiento como el que investiga el CSIC para llegar a revertirlo.

Aun así, existen ciertas recomendaciones para que estos pacientes puedan mejorar su calidad de vida: recibir tratamiento antifibrótico, disponer de oxigenoterapia en el domicilio o vacunarse contra la gripe y el neumococo, son algunas de las claves.

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