El Unión Berlín, un líder distinto

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El Unión Berlín, un líder distinto

La afición del Unión Berlín es un pilar indiscutible en el club
La afición del Unión Berlín es un pilar indiscutible en el club | Filip Singer

El cuadro berlinés se ha convertido en la gran sorpresa de la Bundesliga

Pese a ir líder, el Unión Berlín no olvida sus raíces ni a unos aficionados que son el corazón del club

Seguir vinculado a la calle, a lo que te rodea, a lo que te ha dado una identidad y te ha hecho único y especial para un puñado de aficionados de esto que llamamos fútbol. En un mundo donde el dinero vale más que la historia de un club para algunos, el Unión Berlín sigue viviendo su propia realidad, construida desde hace décadas, ajena a las excentricidades que le rodean por todos lados, más si cabe ahora que compite en Europa.

Ni llegar a la Bundesliga por primera vez en su historia en 2019, ni jugar en la Europa League ni ahora ser líder por delante del Bayern en la 2022-2023 le ha apartado del camino trazado desde sus inicios. Siempre con la humildad por bandera y con el aficionado en el centro de todo. Un sentido de pertenencia único que se ha ido tejiendo a lo largo de las últimas décadas, donde el club siempre ha tenido claro a quién debe lealtad. En los tiempos de la RDA, ese sentido de orgullo ya era incuestionable.

En los años en los que el Dynamo de Berlín era el gran dominador del fútbol de la capital y de la Alemania Oriental, en los años 70 y 80, el Unión Berlín permaneció a la sombra. Esperando su momento. Tardó en llegar, básicamente porque nadie en la Alemania Oriental podía competir con el Dynamo de Berlín, club presidido por Erich Mielke, el jefe del Ministerio de Seguridad de la RDA.

Una masa social definida

Su poder en el Estado socialista hasta la caída del muro fue tal que nadie osó toser a ese equipo. Manipulaciones, arbitrajes adulterados, política del miedo… Debía ganar siempre el Dynamo, así que el aficionado humilde se sintió más identificado con el otro equipo de Berlín, el de la resistencia a las élites políticas, un Unión que reclutó a buena parte de la masa obrera que vivía del acero y que cultivó un aura de equipo pequeño pero de corazón enorme.

Con la masa social bien definida y apegada a su club, los acereros tan solo tuvieron que esperar a que la tendencia cambiara. No para sentirse más orgullosos de su equipo, sino para saborear algún éxito deportivo. Y, claro, la cosa cambió.

Una vez caído el muro, el todopoderoso equipo de Mielke fue cayendo a los infiernos del fútbol alemán mientras el humilde Unión fue creciendo. Siempre sin olvidarse de sus raíces y de su espíritu de barrio. El aficionado no le dejó atrás. Su hinchada no ha necesitado estar en la élite para estar al lado del equipo.

Una afición que va más allá de animar

De hecho, cuando estaban cerca de convertirse en nuevo club de la Bundesliga, en 2019, la grada del Stadion An der Alten Försterei, su estadio, enseñó una pancarta que decía: “Mierda… vamos a ascender”. Pánico a convertirse en un ‘grande’. Así es el aficionado del Unión Berlín, que no está dispuesto a perder su identidad por nada del mundo. También lo sabe la directiva, que tiene motivos como para poner el club a disposición de una hinchada que vive sus partidos de pie (apenas hay localidades para sentarse), que en Navidad canta villancicos, que puso sangre en una campaña de donación para que todo el dinero recaudado evitara la bancarrota del club en 2004 y que puso su mano de obra para ayudar a la restauración de su mítico estadio para que las arcas no sufrieran tal impacto económico.

El marcador manual al lado del electrónico en el Stadion An der Alten Försterei es otro de los símbolos, una demostración de que nada ha cambiado. Ni ser líderes en la Bundesliga ni pagar por traspasos cuando hace una década era impensable han perturbado la forma de hacer del Unión Berlín.

Ahora tienen un proyecto, un técnico que tiene claro a qué debe jugar su equipo, una nómina de jugadores que creen en lo que hacen y un jugador que sobresale por encima del resto: Sheraldo Becker. Seis goles y tres asistencias en Bundesliga. Se marchó Awoniyi este verano, pero el conjunto sigue rindiendo y ha sabido reforzarse. Así es la política del club berlinés, que quiere seguir creciendo ahora que pisa Europa. Pero siempre con el marcador manual y sus aficionados de pie cantando villancicos en las gradas de su viejo estadio. Siempre.