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El Chimy Ávila da sus primeros pasos hacia los banquillos

El delantero argentino del Real Betis se une al cuerpo técnico del Juvenil del Calavera CF, donde seguirá con su formación como entrenador

El Chimy Ávila foemará parte del cuerpo técnico del Calavera C.F.

El Chimy Ávila foemará parte del cuerpo técnico del Calavera C.F. / @calaverac.f

Joel Delgado Sánchez

Joel Delgado Sánchez

El Chimy Ávila ha dado un paso decisivo hacia su futuro. El delantero argentino del Real Betis ha comenzado una nueva etapa como parte del cuerpo técnico del Juvenil de Liga Nacional del Calavera CF, uno de los clubes de con más historia del fútbol formativo andaluz. La apuesta supone compaginar la exigencia de la élite con la pizarra, en un movimiento que ha generado enorme expectación en la ciudad.

'Bombazo' en Heliópolis

En Sevilla, pocas historias han corrido con tanta rapidez estos días como la del salto del Chimy a los banquillos. Lo que comenzó como un acercamiento natural a la cantera —vive a escasos minutos del campo y mantiene relación con el club— ha terminado convirtiéndose en un paso profesional. El argentino, que ha sido anunciado el pasado viernes como nuevo integrante del cuerpo técnico dirigido por Manuel Anguas y que compite en el Grupo 14 de la Liga Nacional Juvenil, se ha comprometido hasta final de temporada.

El fichaje, presentado por el propio club como un 'refuerzo de lujo', supone un impulso inesperado para un equipo que, desde hace tiempo, mantiene acuerdos de colaboraciones con los heliopolitanos. De hecho, según las últimas informaciones, el jugador rosarino ya se habría integrado en la dinámica y habría debutado en el banquillo este mismo fin de semana en la derrota en casa frente al Coria (1-3).

Su papel será el de asistente y formador, apoyando al entrenador principal en la preparación de sesiones, correcciones individuales y lectura del partido. Esta etapa le permitirá acelerar el proceso para homologar en España su título de entrenador obtenido en Argentina.

Un paso natural hacia el futuro

No es un movimiento improvisado. Medios locales apuntan a que Ávila llevaba meses acercándose al fútbol base sevillano y mostrando interés real por la formación de jóvenes jugadores. Esta decisión abre un horizonte para un futbolista que, aún con contrato en vigor con el Betis (hasta 2027) y sin intención de abandonar el club, comienza a preparar su vida más allá de su faceta como jugador.

Chimy Ávila, del Betis, en acción durante el partido de la fase de grupos de la UEFA Europa League entre el PFC Ludogorets Razgrad y el Real Betis Balompié, en Razgrad, Bulgaria.

Chimy Ávila, del Betis, en acción durante el partido de la fase de grupos de la UEFA Europa League entre el PFC Ludogorets Razgrad y el Real Betis Balompié, en Razgrad, Bulgaria. / BORISLAV TROSHEV / EFE

Aunque su participación en el Betis es menor que en sus primeros meses de verdiblanco — apenas 246 minutos disputados y dos asistencias en lo que va de temporada— el club ve con buenos ojos que un jugador con su energía, personalidad y experiencia internacional aporte ese mismo carácter a un vestuario juvenil. Para Ávila, esta experiencia equivale a un laboratorio perfecto para aprender la otra cara del juego, que todavía desconoce, y que le sirve para gestionar emociones, conceptos tácticos y tomar decisiones desde la banda.

Del barrio, al césped, y ahora a la pizarra

El '9' bético ha levantado su carrera desde la resiliencia. Creció en Empalme Graneros, un barrio duro de Rosario, en una familia numerosa sostenida casi en solitario por su madre. En aquel entorno, el fútbol fue su refugio y su única salida.

Su camino estuvo lleno de tropiezos. Tras debutar en 2011 con la camiseta del Tiro Federal, fue despedido en 2013 acusado de un robo del que años después sería declarado inocente. Pasó casi dos años sin jugar y se vio obligado a trabajar como albañil para mantener a los suyos. En esos mismos meses, su hija recién nacida luchó por sobrevivir a una infección gravísima, un episodio que él mismo describe como el punto en el que decidió cambiar de vida definitivamente.

A partir de ahí, todo fue caer y levantarse. En Huesca encontró el club que lo impulsó a Primera; en Osasuna, el club que lo convirtió en símbolo, incluso después de dos roturas de ligamento cruzado que lo apartaron más de un año del césped; y en el Betis ha logrado consagrar su carrera disputando competición europea. Cada regreso ha reforzado la identidad de un futbolista acostumbrado a sobrevivir y empezar de nuevo.

El 'Chimy' Ávila, durante un partido con Osasuna en 2020

El 'Chimy' Ávila, durante un partido con Osasuna en 2020 / Jesus Diges

Esa trayectoria tan áspera no se queda solo en el relato; se cuela de lleno en su nueva faceta como entrenador. El Chimy llega a los banquillos con un bagaje que va mucho más allá de los goles. Sabe a la perfección lo que es crecer en un barrio desfavorecido y trabajar sin descanso para llegar a la élite deportiva y cumplir su sueño de ser futbolista prfesional. Todo esto le proporcionará una autoridad distinta a la hora de hablar con un chaval de 16 o 17 años que cree que su carrera se ha terminado por una lesión o por no jugar un fin de semana y que se lo pensará dos veces antes de rechistar.