FC Barcelona
Lo que no se vio del Barça-Copenhague: Mourinho puso la guinda a la fiesta en la grada y el vestuario
El público se lo pasó en grande cuando abandonaba el estadio con el cuarto gol del portero del Benfica, mientras los jugadores lo veían por las televisiones del vestuario

Champions
El Barça-Copenhague empezó con pesadilla y acabó con una locura culé por todo lo alto. Al principio del partido solo se escuchaban los gritos de los 2.500 daneses que se colocaron en el segundo anillo del Spotify Camp Nou. Su sueño acabó en resignación, mientras los barcelonistas celebraban casi a oscuras el último gol del Benfica de José Mourinho.
Los aficionados del Barça ya estaban abandonando el recinto blaugrana cuando el corazón les dio otro vuelco al escuchar por sus dispositivos el tanto del portero Trubin. El Real Madrid de Arbeloa se quedaba fuera del Top 8 y todos los supuestos valores que había transmitido el nuevo técnico madridista se iban al traste.
Algunos jugadores aún estaban en el campo. Hansi Flick consultaba con uno de sus asistentes la clasificación, al igual que hacían Gavi y Lamine. Pero nadie se esperaba este último golpe de efecto.
Primero se festejó el tanto del Sporting de Lisboa en San Mamés que situaba al Real Madrid en novena posición y la explosión llegó cuando los seguidores ya desfilaban por las escaleras. No se lo podían creer. Y mucho menos que la humillación fuera firmada con un gol del portero.

El portero del Benfica Anatoliy Trubin (2-I) celebra con sus compañeros el 4-2 durante el partido de la UEFA Champions League que han jugado SL Benfica y Real Madrid, en Lisboa, Portugal. / JOSE SENA GOULAO / EFE
Antes se había vivido un partido con mucha tensión a causa de otra primera parte arrancada con el pie izquierdo. El gol inicial danés fue un golpe muy duro que hizo desesperar a los jugadores barcelonistas.
La reacción de Flick
Flick se quedó helado en su área técnica y le costó reaccionar. Quién más se enojó fue Lamine Yamal. No paraba de gesticular pidiendo el balón una y otra vez. Se puso incluso demasiado nervioso viendo una tarjeta amarilla por protestar.
Este espíritu, sin embargo, acabó por resultar positivo para rebelarse en el segundo tiempo. La imagen de la mayoría de jugadores al descanso era cómo de derrota final. Eric Garcia, por ejemplo, se sacó la máscara con rabia y tuvo que ser sustituido al descanso fruto de unos mareos.

Lamine fue un espectaculo en el Spotify Camp Nou / Alejandro Garcia / EFE
La remontada parecía estar muy cuesta arriba mientras solo se escuchaban a los daneses gritar. La mejor manera de silenciar a los rivales era con buen juego y Lamine se encargó de subir una marcha con un gol y una asistencia para poner el 2-1. Luego, Lewandowski, con sus tablas, forzó el tercero de penalti.
La calculadora
Solo entonces fue cuando Hansi Flick se giró hacia sus asistentes para conocer el resto de resultados. Le comunicaron que era quinto y, por tanto, ya podía respirar tranquilo. El Top 8 estaba en el saco.
El gol del Benfica le pilló ya en el vestuario y lo vio por televisión. Quedó impresionado como todo el mundo, pero no le dio más vueltas. "No me importa lo que hagan los demás", dijo en rueda de prensa. Su Barça había cumplido la misión y eso era lo más importante.
El nuevo Spotify Camp Nou por fin vivió una noche vibrante, gracias en parte a la importante presencia de afición rival, y a la rebeldía de los jugadores y seguidores culés para no marcharse sin la clasificación para el Top 8.
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