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El vestuario del Barça cierra filas: "Si tenemos que jugar contra todos, lo vamos a hacer"

El conjunto blaugrana se blinda y busca resarcirse tras las derrotas ante Atlético de Madrid y Girona

Cubarsí: "Creo que todo el mundo ya lo ha visto, no vamos a opinar"

DAZN

Sergi Castillo

Sergi Castillo

El golpe ha sido duro, pero la reacción promete ser contundente. El vestuario del FC Barcelona ha dicho "basta". Las dos últimas derrotas a domicilio no solo han escocido por el resultado, sino por la sensación de indefensión del barcelonismo. Sin embargo, lejos de hundirse, el grupo ha activado el modo de resistencia.

El traspié del pasado lunes ante el Girona en Montilivi fue la gota que colmó el vaso. Perder el liderato duele, pero la forma en que se produjo ha generado un profundo malestar en el equipo culé. El gol de Fran Beltrán en los minutos finales, que certificó la caída, vino precedido de una falta flagrante de Echeverri sobre Jules Koundé que el VAR decidió omitir. Una acción decisiva que, sumada al historial reciente, ha encendido todas las alarmas.

Llueve sobre mojado

El enfado del vestuario no es fruto de un día. La herida venía abierta desde la ida de Copa del Rey ante el Atlético de Madrid en el Riyadh Air Metropolitano. Allí, el Barça vio frenado su intento de remontada por un fuera de juego más que controvertido, una decisión milimétrica que impidió cambiar el guion de la eliminatoria. Pero lo que realmente indignó al vestuario fue la disparidad de criterios: la entrada de Giuliano Simeone sobre Alejandro Balde al inicio de la segunda mitad, que pudo lesionar gravemente al lateral, quedó sin la roja que el reglamento parecía exigir.

Hansi Flick no pudo morderse la lengua. Su rueda de prensa fue un claro ejercicio de sinceridad. El técnico alemán, visiblemente contrariado, no escondió que el juego de su equipo no estuvo a la altura, pero tampoco dejó pasar la oportunidad de señalar su disconformidad con el colectivo arbitral.

Consciente de la carga física y, sobre todo, emocional de esta semana negra, el técnico ha tomado una decisión necesaria: dos días de descanso. Flick quiere limpiar las cabezas. Sabe que el bloqueo mental es ahora mismo más peligroso que el cansancio en las piernas. Los jugadores dispondrán de 48 horas para desconectar, estar con la familia y volver con el cuchillo entre los dientes.

Los pesos pesados alzan la voz

El parón ha servido para que el vestuario culé se una más que nunca. La reacción en redes sociales ha sido contundente. El club ha recopilado en sus canales oficiales los mensajes de los referentes, demostrando que la unidad es total. Raphinha, capitán sin brazalete en muchas ocasiones, lanzó el dardo más afilado, asumiendo culpas propias, pero también ajenas: "Tenemos muchas cosas que mejorar, pero no solo nosotros. Es muy complicado cuando las normas son diferentes si va en tu favor o en contra, pero si tenemos que jugar contra todos, para ganar, no pasa nada... Lo vamos hacer! Visca el Barça siempre". Un mensaje directo al arbitraje.

La juventud también ha querido poner su granito de arena. Pau Cubarsí, con la madurez de un veterano, sentenció: "En las buenas, pero todavía más en las malas". Por su parte, Eric Garcia quiso disipar cualquier fantasma: "Que nadie dude de que volveremos a levantarnos y lucharemos por cada título". El guardameta, Joan Garcia, cerró la conjura con una promesa: "Volveremos más fuertes que nunca".

El calendario ofrece ahora la oportunidad perfecta para la redención. El Barça no viajará estas semanas. El equipo regresa al refugio del Camp Nou para afrontar tres partidos consecutivos ante su afición. La Copa se decidirá en casa y la Liga pasa por recuperar la fiabilidad en el feudo blaugrana. El vestuario ya ha hablado; toca demostrar.

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